11 de enero de 2019

11 de enero de 2019 - 2 comentarios

Otra noche de música

Alcanzando ya prácticamente la mitad del mes de mayo, tocaba volver a la sede y retomar la temporada de conciertos de Brácana. Ya sabéis que de vez en cuando cae por la sede algún embajador que gusta de tocar música en directo y tocó el último jueves. El trío formado por el Pepe Gálvez, el Gabi Urbano y el David Hidalgo, el Seco, son algunas de las cabezas pensantes del Festival Infantil de la Canción de la vecina ciudad de Montilla, entre otros saraos musicales. 


Allí que se plantaron guitarra y cajón en mano, para cerrar la noche en una nueva fiesta musical con los estilos más variados. Pero antes de hablar de la música, me quedo con la recuperación de una de las tradiciones bracaneras que va cayendo en desuso: las rondas. Se  pegaron alguna de chisnacles y tugurios y, además, mientras mi amo presentaba al personal, se animaron con una tanda de rimas participativas, que deja a las claras que están más salidos que le pico de una mesa. 


También se habló de fútbol, para variar,  mientras se jalaban jamón, queso y lomo a la plancha como entrantes, para rematar la faena con un solomillo rodeado de jamón, al menos, así lo llamó el Ministro de Alimentación, muy metido en su papel de chef jefe de Lavergy.


Pero lo verdaderamente significativo de la noche, como decía al principio, fue la música. Con el estómago lleno se piensa mejor y, poco antes de los digestivos, dieron una buena ronda de canciones pop y, sobre todo, de carnaval. El Seco y el Gabi han sido miembros de la desaparecida murga Los Yogurines, así que a golpe de cuplés y pasodobles cerraron una nueva noche musical en Brácana, para terminar como a nadie le importa.


Fino La Fundi - 97 puntos bracaneros

No os equivoquéis. Aunque el título de este nueva entrada hable de un concurso de vinos, no os engañé la semana pasada cuando os dije que tocaba peregrinar un año más hasta La Fundi. Lo hicieron y, justo allí, tuvo lugar el acto de entrega del Concurso de vinos Brácana 2017, llevado a cabo en la República. Lo han llevado en el más estricto secreto y, aunque yo estaba al tanto, es la razón por la que nunca había hablado de ello. Os cuento rápidamente en qué consiste este nueva historia que se han inventado mis colegas.



Ya sabéis que siempre piden a los invitados que acudan con vinos finos de cosecha propia para poder catarlos y evaluarlos. Pues bien, durante todo el año 2017 han ido votando estos vinos. Cada bracanero le ha dado una puntuación del uno al diez. La suma de todos los votos dan como resultado los puntos bracaneros que determinan el ganador final. Pues bien. De todos los vinos catados el ganador en la primera edición de este peculiar concurso ha sido el fino La Fundi, obteniendo un total de 97 puntos. Si 100 es la excelencia, el fino de el Juan Castillero se han quedado cerquita de lograrlo... tiembla Robert Parker.


El premio de este concurso ha sido una botella diseñada para la ocasión, que distingue al fino La Fundi como el mejor de crianza particular catado en Brácana durante el 2017. Para celebrarlo, por cierto, le bajaron casi dos dedos a la bora de el Juan, donde crece este vino, dando fe de que sigue estando buenísimo. No fue el único regalo que aportó el pueblo bracanero en esta nueva peregrinación. Nunca acuden a Montalbán con los brazos vacíos y esta vez llevaron un reloj con forma de barril, entiendo que para mirar la hora de reojo en años venideros para no colarse demasiado.


Por cierto, que esta vez La Fundi estuvo especialmente concurrida. Además de mis compinches, desde Montilla se desplazó el José Luis Rodríguez, maestro tonelero, que acaparó buena parte de la charla de la noche ilustrando al personal con sus conocimientos. También viajó el Roberto Boncompte, otro que se apunta a un bombardeo si ponen vino. Y por si no hubiera bastante leña en el fuego, desde Montalbán aparecieron el hermano de el Juan y el Perfecto. Puede parecer que el nombre va de coña, pero no. Al parecer es su nombre real y él es un cachondo mental. Tuvo toda la noche al personal embobado con sus anécdotas. Vivencias personales como responsable de zona de la entidad financiera Cajasur, ya desaparecida como tal, que dan para mucho. Quedan bajo secreto de sumario. Lo que sí puedo contar es una vez más se pusieron tiernos de comer. El Juan no tiene cálculo ninguno a la hora de preparar la jatería y, como se le va la mano todos los años, mis colegas, para que no se sienta mal, le meten mano a todo lo que sale de las brasas o del frigorífico.


Pues eso, que otra peregrinación a la buchaca y que no falte. Ya es una tradición y ambas partes han prolongado un año más el acuerdo. El Juan pone el sitio y la jatería y entre todos dan cuenta de otra buena noche de charla, vino, comida y buen rollo.

10 de enero de 2019

10 de enero de 2019 - Sin comentarios

Gente de taberna y Viernes Santo

Siempre había oído que los parroquianos son gente entrada en edad, con años de experiencia en una barra y que con el paso de los años es una costumbre, esa de pegarse un leñasso y ahuecar ala, que se va perdiendo. Pues jueves a jueves voy dando por hecho que no es cierto. De vez en cuando se dejar caer por Brácana gente relativamente joven que se desenvuelve alrededor del Sancta Sanctorum de los bares como pez en el agua.


De este tipo de personajes, apañaron entre el Suerto y el Paticorto una camarilla con más peligro que un mono con dos pistolas. Los hermanos Galán, Manolo y Gonzalo, el Martín Repiso y el Rafa Castro, acumulan ya muescas para montar una culata nueva, en poco menos de cuatro décadas. Como digo, aparte de tener en común más de una correría por chisnacles y tugurios de la vecina ciudad de Montilla, el Viernes Santo corre por sus venas.


Al igual que el Suerto, de año en año peregrinan por las calles de Montilla desde la Iglesia de San Agustín, con escalas técnicas -a buen en tendedor pocas palabras bastan- durante todo el recorrido, pero especialmente en el Paseo de Cervantes, la calle Juan Colín y la Calle Ancha. Obviamente, durante todo este periplo, acompañan al Nazareno, al Cristo de la Yedra, al Rescatao y la Virgen de los Dolores. Tienen tan buen rollo entre ellos que me pareció que la familia bracanera había crecido sin previo aviso. Bueno, en realidad, como ya he dicho más de una vez, entraron como invitados y salieron como embajadores, tras jalarse una buena perola de costillas en salsa y beber vino al ritmo bracanero, que no es poco.


Se me olvidaba una cosa. Este jueves el Silencioso no pudo acudir por asuntos personales, así que la dirección de la Orquesta Filarmónica de Brácana recayó en el Presidente de la República. Lió la de San Quintín porque no dio pie con bola. Para tanto fue la cosa que hubo quien propuso cambiar su sobrenombre por el Zubin Mehta de Brácana.
La próxima semana toca traca de la buena. Estrenamos el mes de mayo y con él toca peregrinar hasta Montalbán. Si los nuevos embajadores lo hacen de año en año el Viernes Santo, mis compinches lo hacen cada doce meses, rumbo a La Fundi.
¡Que el Cóndor Bendito de los Andes nos coja confesaos!

Omeyas 0-1 Bracaneros

Hoy estoy inspirado y no precisamente para contar las historias de la Tertulia. Ya sabéis que de vez en cuando, muy de vez en  cuando, esta gente aparta el vino de sus rutinas y aprovechan para recorrer mundo. Pues bien, en semanas anteriores ya os comenté que gracias a la Inma, consorte de el Kichi, estaban montando una visita al yacimiento arqueológico de Medina Azahara. No fueron todos, pero al menos sí una representación importante. Pues eso, poco más que contar, que fueron, llegaron, vencieron y volvieron para darse un homenaje gastronómico en la sede. Como no hay mucho más que contar, os dejo unos fotillos del viaje y ya hablamos la semana que viene. Bueno mejor dentro de quince días, que el jueves que viene no hay invitados.







Los Dioses de Brácana

Hoy tengo que contaros un extraña experiencias que tuve en Brácana el pasado jueves. Es una sensación verdaderamente extraña porque, es tan surrealista y a la vez tan auténtica, que estoy confuso. Igual los efluvios del vino, tantos jueves seguidos, hacen que esté perdiendo la cabeza, por eso tengo que compartirlo con vosotros. El caso es que lo primero que recuerdo es cómo mis compinches compartían como un jueves más vino, charla y comida, junto a el Fernando Giménez. A partir de ahí, vi humo entrando en la sede de Brácana por debajo de la puerta y, una vez abierta, dos lacayos ataviados con túnicas romanas que atravesaban el umbral con serio semblante.


Una vez dentro anunciaban la visita de los Dioses del Vino a Brácana. Una música orquestal ambientaba aquella escena onírica, rodeada de tanto boato, que tuve un mal presentimiento. Acto seguido entraron por la puerta tres Dioses con lujosas túnicas, medallones en el pecho y racimos de uva en la cabeza, con los que ya no tuve ninguna duda: estaba soñando.


Los Dioses tomaron la palabra hablando del libertinaje bracanero, de las historias espeluznantes que habían escuchado de la República desde su hogar. Por ello decidieron pisar suelo terrenal y comprobar, con sus propios ojos, la certeza de todos esos comentarios. Prometieron mano dura con el pueblo bracanero, eso sí, sin renunciar al vino como elemento de unión entre estas deidades y la población de Brácana.


¡Coño, que hasta yo piqué el anzuelo! Eran el Cabello, el Paco y el Villar que un año más pisaron Tierra Santa con sus particulares sainetes, esta vez acompañados de el Fran Gallego, el Fran Pavón, el Paco Pérez y el Manolo Ordóñez. Estos cuatro últimos entraron como invitados y salieron, como mandan los cánones, como embajadores. Y es que el trío de la muerte (léase el Cabello, el Villar y el Paco Jiménez) se lo curran cada vez más. Se dieron un tajo de narices elaborando las túnicas, adornando toda la escena con jarras de vino de barro y cuidando hasta el más mínimo detalle para hacerme creer, al menos durante unos minutos, que los Dioses habían bajado verdaderamente hasta Brácana. Grandes, muy grandes son esta gente. A ver con qué nos sorprenden el año que viene...
Por cierto, que se me olvidaba, que el Fernando Giménez se dejó caer con otra ronda de Tres Miradas para el personal que, evidentemente cayeron al paso.


9 de enero de 2019

9 de enero de 2019 - Sin comentarios

Colesterol en vena para la noche del jueves

Lo que yo decía en la última entrada. Que el tiempo pasa volando, coño. Que me lo digan a mí que soy un pájaro. Bueno, que era un pájaro. Ahora no soy más que un recuerdo bracanero aunque, eso sí, presente todos los jueves del año. Como digo, abril ya está en funcionamiento y, aunque el último jueves fue el primero de mes, esta vez sí hubo invitados. Teniendo en cuenta que cerraron marzo con la visita de el América y que luego faltaron a sus quehaceres bracaneros por Semana Santa, pues tocaba reunirse de nuevo de colegas para abrir el mes de la primavera.


El Miguel García y el Miguel Mora llevaban tiempo en la terna de invitados pero, por una u otra razón, nunca habían pisado Tierra Santa. Tal era la expectación que tenían que acudieron con jatería para aguantar un invierno nuclear ¡Qué cabrones! Se ve que el Suerto les leyó la cartilla en los días anteriores porque aportaron material para hacer una transfusión de colesterol. Y me explico. Caña de lomo, morcilla, chorizo, cabeza de jabalí, queso y tocino de veta, sólo para hacer boca. Y tanto que la hicieron. Ese tipo de alimentos sólo pide vino por arrobas y a ello se aplicaron, a pesar de que no noté muy duchos a los invitados en esa tarea. Se defendieron, eso sí, como gato panza arriba, espoleados por el Kichi, que hizo de cicerone junto con el Suerto.


El Mario lleva ya tantas Tertulias que se pasa desapercibido ya sea apoyado en la botas o en la barra. No contentos con los entrantes, se apostaron unos medios al tocino a la plancha. Porque esta gente no se juega los cuartos con lechuguitas, lo hacen a lo grande y sin conocimiento. Todo esto sin saber que el Ministro de Alimentación se guardaba un as en la manga, a base de langostinos con setas para cerrar la noche culinaria.


Los dos migueles estaban flipando, sobre todo el García, que muy astuto, se pilló el día siguiente libre en previsión de que la cosa fuera a mayores ¡Y tanto que lo fue! Ya con un digestivo en el cuerpo tiré detrás de ellos tras abandonar Brácana, acompañados de el Suerto y el Paticorto. Poker de ases. Lo ví entrar en un local mítico de la vecina ciudad de Montilla como La Noche. Hasta ahí puedo contar porque me cerraron la puerta en el pico y me quedé con las ganas de seguir con ellos la fiesta. No obstante, ya sabéis, lo que pasa en Brácana, queda en Brácana, bajo secreto de sumario.


Acciones inmobiliarias en Brácana

Como quien no quiere la cosa hemos alcanzado ya la mitad del mes de marzo. Y es que el tiempo pasa que vuela, sobre todo en la vida de la República, que sólo dispone de cuatro días al mes -en algunos casos hasta cinco- para el desarrollo de todas las actividades, fiestas y parrandas que se programa desde Ano Nuevo hasta Nochevieja. Pues eso, que no quiero que se me vaya la cabecita en otras cosas. Que el jueves pasado tampoco faltaron a su cita, esta vez con un único invitado nuevo, que estuvo acompañados de dos veteranos. Estos últimos fueron el Paco Ruz y el Paco Raya y el novel fue el vástago del primero, el Paco Ruz Junior.


Como elementos destacables de la Tertulia, cabe resaltar la ausencia del Ministro de Alimentación, por causas personales. No fue ningún obstáculo para que la cocina funcionara a pleno rendimiento, sobre todo porque ya lo había dejado todo más que atado: jamón, queso, gulas con setas y una tortilla que trajeron los invitados. A esto hay que unir el plato de la discordia en Brácana. Siempre que hay alcachofas al Montilla en la República, los comentarios afloran sobre quién es el cocinero que mejor las prepara.


Una semana más se habló de fútbol. Ya se están haciendo pesados con el tema este pero claro, tras la clasificación para cuartos del Real Madrid, del Barcelona y del Sevilla, y la eliminación del Atlético, tocaba analizar los cruces de las siguientes eliminatorias. Aún así, el tema de conversación que acaparó más tiempo fue el de las hipotecas. El caso es que mi amo ha decidido cambiar de nido y comprarse una nueva residencia en pleno centro de la República de las Casas Nuevas. La cabra tira al monte y mi amo echa de menos, al menos así lo entiendo yo, su lugar natal, por mucho que allí, en Brácana, lo llamen el Marqués de Cuesta Blanca. Lo del cambio de casa es más o menos normal. Lo que ya no veo tan claro es el follón que hay que montar para pedir un préstamo. En ello está mi amo que está haciendo kilómetros de banco en banco, y más número que Manolo Irigoyen en la última jornada de liga cuando presidía el Cádiz. El pobre está en un mar de dudas, maldiciendo los trámites administrativos y claro, cuando coge gente que le da cariño, pues se explaya. Los invitados acudieron a la disertación asintiendo casi a todo, sobre todo el Paco Raya, que trabaja en el gremio de la construcción y las inmobiliarias, y sabe de qué va la cosa.


Aquí lo dejo por hoy. Por cierto, que la semana que viene no hay invitados aunque parece que sí estará el América y a la siguiente Semana Santa. Vamos que marzo ya está chupao, así que vuelvo en los prolegómenos de la primavera... AGUR.