Pasada ya la resaca de la cena bracanera, que dio mucho más de sí que las fotos y el escueto texto que puse hace algunos días, toca centrarse de nuevo en el día a día, o mejor dicho, en el semana a semana de la República. El pasado jueves fue un día especial en muchos sentidos. Primero porque hacía mucho tiempo que no visitaban la sede cinco embajadores del tirón: el José María Trillo y el Rafa Algaba 'Cipri' colegas ambos de la Pantera; el Paco Caín que pisaba Tierra Santa acompañado de el Rafalín Malasangre; y el Rafa Chacón, que volvía a la escena del crimen. Hasta aquí todo es más o menos normal. No obstante, el pasado jueves me llevé una grata sorpresa, porque Iván, el pequeño bracanero, llegó a la sede poco después de la apertura de puertas. Me extrañó bastante cuando lo vi pasar el umbral, aunque despejé todas mis dudas cuando él mismo justificó su presencia para invitar a los bracaneros por su octavo cumpleaños. Os podéis imaginar la cara del pimpollo, rodeado de mis compinches y, además, dorándole la píldora a más no poder. El caso es que el chaval se jaló su bolsita de patatas salaíllas, sopló la vela de la tarta y abandonó el local más ancho que largo, sobre todo cuando mi amo dijo que pasa a ser el décimo bracanero en lugar de el pequeño bracanero.
Además de esta anécdota, entrañable desde el punto de vista de la cantera, como apuntaron algunos, la noche dio mucho de sí. La verdad es que incluso me emocioné un poquito al ver tanta gente charlando, bebiendo vino con alegría y compartiendo anécdotas. Uno de los detalles de la noche fue el estreno de una nueva cerveza de la firma montillana Cabbeer, que visitaron días atrás. El Paco Caín tomó entonces buena nota de la visita bracanera y aprovechó la coyuntura para tener en Brácana la puesta de largo de la nueva cerveza envejecida en barriles de amontillado.
Mientras hacían boca con la cerveza, que gustó en líneas generales por el sabor diferente que aporta, fueron zampándose las tapas de rigor con las que llegaron los embajadores, cabeza de cerdo y morcilla, además del jamón de rigor que sigue sirviendo para hacer estómago. Además de estas exquisitices, para ir preparando las inminente cenas navideñas, también tuvieron tiempo de meterle mano a unos langostinos cocidos como requisito previo al plato fuerte de la noche. El ministro de alimentación sigue sorprendiendo a propios y extraños, y el pasado jueves se marcó una perola de garbanzos con patatas para cerrar la noche. Bueno, exactamente no la cerraron porque el postre también tuvo su allá, con una tarta de chocolate y unas uvitas colorás.
Al margen de la jatería, que sigue siendo abundante y gourmet, que dirían en Lavergy, las risas fueron también denominador común el pasado jueves. En especial dejaré constancia de el Rafalín Malasangre, que acaparó buena parte de la conversación, recordando juergas pasadas de las que no puedo contar excesivos detalles.
Otro dato significativo de la velada, fue la invitación de el Paco Caín, que ha propuesta una quedada bracanera en el Molino del Toro donde, por lo visto, tiene un vino que quita el sentío y que en breve será pertinentemente catado por mis colegas.
Podría contar algunas cosas más pero, sinceramente ando un poco desganado, guardando fuerzas para las fiestas navideñas que aquí, en el limbo, también se celebran con insistencia. Ya os contaré el cotillón que tenemos preparado para la Nochevieja, coincidiendo con la invitación recibida de Onda Brácana Ante Pirenáica como DJ. En fin, que ya os cuento cosas nuevas la semana que viene, en la que visitan Brácana tres embajadores veteranos de tronío.
Bueno, no he podido resistirme. Ya os contaba la pasada semana que entre jueves y jueves, mis colegas preparaban un nuevo julepe, con motivo de las inminente fiestas navideñas. En efecto el pasado sábado se reunieron en el Restaurante Las Camachas, de la vecina localidad de Montilla, con el objetivo de echar una noche de fiesta a base de bien. Acudieron acompañados de las bracaneras que, un año más, no faltaron a su cita con el fin de año de la República. Tengo poco que contar de este encuentro porque, al tratarse de un evento que tuvo lugar fuera de la sede, no está acogido al secreto de sumario. Por tanto, mejor adjunto un reportaje fotográfico del evento que, como no podía ser de otra forma, acabó bien entrada la noche en Brácana, con los digestivos de rigor.
Definitivamente, las aguas parecen hacer vuelto a su cauce en Brácana. La actividad vueve a la normalidad, tras la peregrinación de la semana pasada y el giro temporal hacia la cerveza. De nuevo el vino corre como si no hubiera mañana y la tertulia es de nuevo la tónica dominante de los jueves. El pasado, segundo del mes de noviembre, sirvió para ponerse de nuevo al día, retomarle el pulso a los eventos futuros y, como no, ponerse tiernos a comer y beber. Mis colegas pasaron la última quedada sin invitados, como digo preparando algunas cosillas, como el menú de la inminente cena bracanera, que tendrán dentro de dos semanas en el Restaurante Las Camachas, lugar de trabajo del flamante premio gastronómico de Brácana.
Pero como tras la calma siempre llega la tempestad, una semana después de esta tranquila reunión, llegaron hasta la sede dos nuevos embajadores. Sinceramente, ahora que no nos lee nadie, nada más verlos aparecer tuve la certeza de que sería una noche calmada. El Ppee Márquez y el Pepe Hidalgo, más conocido en la vecina localidad de Montilla como el Sastre, son en apariencia dos sexagenarios que rebosan mesura. Bien vestidos, bien hablados.... pero sobre todo bien bebidos ¡La madre que los parió! Tienen un saque que ya lo quisiera un portero de primera división. Aunque entraron calmaditos, por aquello de no conocer al personal, en menos de los que tarda en persignarse un cura loco ya andaban como Pedro por su casa. Contaban anécdotas, repasaban la actualidad del país, volvían a las anécdotas, apuraban unas copas de vino y, más anécdotas.
Es lo que tiene contar con embajadores veteranos: cuando tú vas, ellos ya vuelven. Especialmente peligroso me resultó el Pepe Márquez. Según escuché por allí, no sólo es uno de los fijos por los antros tabernarios de Montilla, sino que goza de una reputación elevada. Además, llegó con referencias a Brácana porque no en balde, el Pepe Márquez son cuñados, a la vez que suegro y tío político de el Chechu -otro prenda- conocido en los ambientes bracaneros, por su vinculación con el clan de la Bodega San Miguel.
El caso es que ambos sabían la tierra que pisaban, porque llegaron bien cargados a Tierra Santa. Por un lado apostaron por unos litros de Fino El Sastre -chiquito pero resultón, según dijeron- que se zamparon en un santiamén. Mientras daban cuenta del líquido elemento, que no hay que confundir con el agua, el Cóndor Bendito de los Andes nos libre de tal ofensa, salieron algunas tapitas en barra, para cerrar la tanda de entrantes con unos cogollos con ajitos y almendra. Me pareció que andaban un poco flojos para lo que acostumbran a jalarse, aunque pensé que habían bajado el pistón al tratarse de personas de cierta edad.
¡LOS COJONES! Los supuestos abuelos son lobos con piel de cordero. Al margen del vino, llegaron a Brácana con una perola de callos, cocinados por la Conchi, consorte de el Pepe el Sastre, que volcó al personal. De hecho todos se volvieron lobos, cayendo sobre el cocinado estómago de la vaca como si el mundo tocara a su fin en unos minutos.
Como os podéis imaginar, a estas alturas de la noche, el fino el Sastre ya era historia y habían tenido que echar mano de la reserva estatal de Brácana. Así siguieron hasta jalarse el postre y despedir a los nuevos embajadores, dos boinas verdes del alterne, con palique para aguantar en la barra hasta que el vino se acabe.
Por cierto, antes de marcharme. Deciros que esta semana el personal tienen poco tiempo para recuperar. El sábado que viene tienen la cena bracanera de Navidad. Sí, como lo estáis leyendo: en pleno mes de noviembre. Como no tienen jartura, me da que se terminarán la noche en la sede, jinchándose a pelotassos.
Ya os contaré, porque tengo previsto pegarme una voladita por la noche.
Bueno, pues aquí estoy de nuevo, dispuestos a contar las andanzas de mis colegas bracaneros, esta vez lejos de la sede institucional y ojo, sin que sirva de precedente, obviando el vino como líquido elemento. El pasado jueves peregrinaron, y nunca mejor dicho, hasta las instalaciones de la firma montillana Cabbeer, especializada en la fabricación de cervezas artesanales. Digo que peregrinaron porque el traslado hasta el Polígono de Jarata, donde se encuentra esta fábrica, fue denominado como la diáspora bracanera. Como me olía el percal, me fui tempranito para no perder detalle. De hecho, a eso de las 20:45, andaba ya por los montes bracaneros expectante, esperando la llegada de mis colegas. Mientras hacía algo de estómago con unos gusanos que andaban despistados por el árbol, vi cómo comenzaban a llegar poco a poco, con algunas ausencias que me despistaron un poco. El caso es que cogieron unas pocas bolsas con víveres para sobrevivir a un apocalipsis zombi, se echaron al hombro el jamón estrenado la semana anterior, y pusieron rumbo hasta Jarata a pie.
Yo iba saltando de rama en rama, acompañándoles durante el trayecto, hasta que se fueron incorporando la Pantera de la ITV, que llegaba rezagado, y el Ahijao, que esperaba a los peregrinos, jamón incluido, en la frontera que marca el Barrio de Casas Nuevas con La Toba. Vamos, junto a la carretera. Llegaron más quemados que la moto de un hippie, todo hay que decirlo pero, como hambre que espera jartura no es hambre, entraron en la fábrica con el gesto sereno, aunque deseando meterse entre pecho y espalda la primera de las cervezas de la noche.
Mientras el ministro de alimentación deambulaba por la cocina, preparando la jatería para lo que estaba por venir, ya le metieron mano a la primera de las siete cervezas que cataron durante la noche, la Pilsen Extra, elaborada con maltas de Moravia. Tengo que reconocer que alguno se tomó en serio el asunto, oliendo y paladeando esta cerveza, mientras otros, no voy a mentar nombres, saciaron la sed como posesos, tras la larga caminata de la diáspora.
A partir de ahí, ya con el ánimo, y sobre todo el gaznate, mucho más calmados, procedieron a la visita a la fábrica, guiados por las explicaciones de el Paco y la Inma, responsables de Cabbeer: que si el malteado, que si el lúpulo, que si la decantación, que si las etiquetas... uff demasiados datos para mi pequeña cabecita. Eso sí, el personal estuvo más que aplicado e interesado, porque hay cosas de la cerveza que no sabían, más allá de metersela entre pecho y espalda, bien fresquita. Entre lo que más llamó la atención fue la experimentación que llevan a cabo en la fábrica, metiendo cerveza en barriles que previamente han criado Pedro Ximénez u otros tipos de vino. Ya se sabe, renovarse o.....
Pero como de lo que se trataba, más allá de conocer el proceso de fabricación, era de catar cervezas, el Gaspar fue el que hizo de cicerone en esta parte, sacando birras a destajo. Cerveza Bock Ale, fermentada con levadura Saccharomyces cerevisiae para aportarle un toque diferente; Trigo Extra, mezcla de malta de trigo y cebada; Dorada, elaborada con maltas de cebada tostadas; Excite, con maltas tostadas de cebada y un toque de ajo negro; y, por supuesto Envejecida, hecha con maltas tostadas de cebada y, como ya he dicho antes, envejecida durante más de seis meses en barricas de roble que previamente han servido para la crianza de Pedro Ximénez. A estas seis cervezas, hay que unir la IPA (India pale ale), característica por su alto nivel de lúpulo, que se encuentra en proceso de experimentación y que en breve saldrá al mercado. En total, siete cervezas, siete, que dirían los taurinos.
Pues así, entre cerveza y cerveza, alternando charlas de lo más diverso, pero sobre todo relacionadas con la birra, pasaron la noche, acompañados por más amigos que se pegaron a esta visita didáctica, como los compinches de la Bodega San Miguel, que no se pierden una.
A eso de la hora de las brujas, iniciaron la peregrinación de vuelta, esta vez sin el jamón, porque la jatería la llevó el Gaspar en su coche. Lo que no perdonaron, al menos el Paticorto y el ministro de alimentación, fueron los digestivos de rigor, mientras supervisaban una pequeña avería, ya de vuelta en la sede, que va a obligar a algunas intervenciones de urgencia, en la zona de cocina.
La próxima semana más, no sé si mejor, porque está prevista la vuelta a Brácana del líder espiritual, el Gordo Urbano, acompañado esta vez de un bracanero sanguíneo, según pude escuchar, como el Tele -hasta la semana que viene no sé que carajo quiere decir esto-.
¡Miedo me da!
Imagino que el título de este nuevo post es más que sugerente, pero es que justamente es lo que se vivió en Brácana el pasado jueves. No penséis que aquello se convirtió en Sodoma y Gomorra, porque no fue así. Simplemente me refiero a que toda la noche giró en torno al sexo, el vino y el rock and roll. Esta curiosa terna de conversación, se debe al pelaje y las características de los invitados que pasaron por la sede la última semana.
Vamos primero con el vino y el rock and roll. El catado en la última tertulia se llevó los mejores calificativos. El caso es que una vez más Brácana contó con la siempre bienvenida figura de el Pepín Carbonero, propietario de Bodegas Cabriñana, bodega rockera por excelencia. Como el pájaro ya conoce la tela del paño, se presentó allí con un vino de campanillas, del que sólo quedó el envase como testimonio. Evidentemente, el Pepín Carbonero, vino acompañado de su fiel escudero, o viceversa, el Rafa Jiménez, al que se le olvidó la cámara de foto. Aunque esto ya es raro de por sí, tiene como explicación el que daba por hecho que el Maestro cubría la faceta fotográfica de Brácana. No obstante, el todavía presidente de la República no apareció, alegando motivos físicos, de manera que hubo que apañarse con la cámara de el Paticorto, que siempre está al quite de estos asuntos, como responsable del área de comunicación de Brácana. Justificado el capítulo del vino, también hay que hablar de rock and roll. Junto a el Pepín Carbonero y el Rafa Jiménez, pasó por la sede el pasado jueves el Pepe Torres. Según pude escuchar, es bien conocido en la vecina localidad de Montilla por su virtuosismo a la guitarra, y dentro de algunos días actuará en la Fiesta del Mosto Nuevo que cada año celebra Bodegas Cabriñana. Os podéis imaginar por tanto, que buena parte de la conversación, firó el pasado jueves en torno a la música y, en especial al rock and roll.
Falta por desarrollar el apartado del sexo, y este bien merece un capítulo al margen de todo lo anterior. Junto al trio de invitados, citado anteriormente, Brácana contó la semana pasada ocn la presencia de uno de los médicos de cabecera de la vecina ciudad de Montilla. El Juan Bautista es un veterano de guerra, con más muescas que las pistolas de Billy el Niño. Por ello, desde que pisó la sede, mantuvo al personal embelesado con sus anécdotas médicas que vas desde los divino a lo humano, pasando por los elementos más terrenales. El caso es que la conversación fue derivando hacia las relaciones sexuales y, en concreto, a los diversos casos clínicos que el doctor ha atendido en su consulta. No voy a comentarlos por no herir la sensibilidad de los lectores menos radicales, pero creo que podéis haceros una idea aproximada, sin entrar en detalles.
De lo que sí dejaré constancia es de la expectación que creó la larga disertación de el Juan Bautista sobre el sexo tántrico. Coño, para qué voy a engañaros. Me interesé por el tema hasta yo, y eso que soy un pájarito. Según parece, es una disciplina oriental que se practica desde hace chorrocientos años, que tiene que ver más con el enfoque mental de la cuestión, que con el hecho sexual en sí mismo. Lo voy a decir suavito para que se vea que algo se me pega de mis compinches del limbo. En el sexo convencional, las personas buscan llegar al orgasmo preferentemente por una relación genital. Sin embargo en el sexo tántrico se busca la unión de la pareja de muchas formas, de manera que se logre retrasar el punto máximo de placer. La verdad es que dicho así suena sugerente, tanto que mis colegas machacaron a el Juan con sus preguntas y, todo hay que decirlo, se fueron más calientes que un soldado en Ibiza. No sé si alguno de ellos lo practicó por la noche aunque, habrá que estar atentos por si vuelve a salir el tema en las tertulias siguientes.
Como os decía fue una noche por tanto de sexo, vino y rock and roll... ¡Vaya nochecita! Por cierto, que se me olvidaba, en lo referente a la jatería, no faltaron las tapitas de rigor, con la inauguración pertinente de la temporada de jamón y aceite pa mojar sopas. Además, se jalaron unas papas a lo pobre con huevos al paso, sin perdonar los digestivos de rigor, con los que cerraron la noche. La próxima semana más, con peregrinación incluida, según pude escuchar, a las instalaciones de Cabbeer, firma de fabricación de cerveza artesana en la vecina ciudad de Montilla. Ya os contaré.
Ufff...... a ver como puedo hilar todo lo que ha acontecido en Brácana en las últimas semanas, porque ha sido mucho, importante y, sobre todo, trascendente para el futuro de la República. Han pasado tres semanas desde la última vez que me senté a escribir, concretamente tras la Cata Ciega anual de vinos finos y, en todo este tiempo, los once bracaneros han quedado en nueve. Supongo que muchos de ustedes estaréis pensando que es una de mis bromas habituales. pero no, esta vez va en serio. El Pijo del pádel y el Niño han causado baja, de manera voluntaria, en el pequeño censo republicano ¿Indefinida o permanente? Eso el tiempo lo dirá, aunque, la verdad, las dos últimas semanas han sido raras, incluso para mi que sigo cada tertulia apoyado en el aparato del aire acondicionado, desde la distancia.
Ya me parecía a mi el ambiente un poco raro a la semana siguiente de la Cata Ciega. Aquello era casi un funeral. Pero bueno, en mis cortas entendederas, supuse entonces que se trataba de un pequeño bajón, de esos que se producen cada cierto tiempo en la intensa agenda bracanera.
A la semana siguiente hubo cónclave, análisis de situación y, sobre todo, se puso sobre la mesa la realidad de una República que desde entonces pasa de tener once habitantes a sólo nueve. El caso es que el Pijo del pádel ya no acudió a la cita semanal. Días antes había comunicado al resto de bracaneros, su decisión de causar baja indefinida en la República, por motivos personales que ahora no vienen al cuento. Por ello, hace dos semanas la reunión giró en torno al futuro de la República, sobre todo porque tras escuchar argumentos, pros, contras, reproches, halagos y demás, el Niño también comentó que si no seguían los once, él también abandonaba el barco ¡Todavía se me erizan las plumas de la nuca al recordarlo! Me vais a permitir que me acoja al secreto de sumario para no contar nada de lo expuesto allí y que, por una vez en mis crónicas, piense que lo pasado, pasado está, y mire al futuro. Digo esto porque las dos últimas semanas han servido para pensar cuál es el camino que debe seguir la República. Si sus miembros deciden abandonar, sean cuales sean los motivos, hay que replantearse todo esto.
La primera decisión adoptada es que Brácana sigue adelante con los nueve miembros que han manifestado su deseo de continuar ¿Cómo? Se irá viendo con el tiempo. Al menos la pasada semana, en la última quedada, ya puede percibir cierto optimismo, en contraposición al jueves anterior. Para comenzar, la última semana de octubre llegarán antiguos y nuevos embajadores, que seguramente oxigenarán el enrarecido ambiente de las últimas semanas. Empezarán noviembre con una cata de cervezas en las instalaciones de la marca artesanal Cabbeer y, a partir de ahí, a ver cómo evoluciona todo esto. Esta vez estaré más atento que de costumbre porque no me ha gustado ni una pluma el ambiente de los últimos días. Como bien han repetido en las últimas quedadas, allí se va para disfrutar y si no se disfruta, habrá que volver a replantearse todo el asunto. Por lo menos, el último jueves ya pude escuchar, pegaditos como estaban todos a la barra, aquello de que pa vivir así de bien, es mejor no morirse. Sería una lástima que después de seis años todo esto se fuera al carajo. Los nueve de Brácana le dan a la República una nueva oportunidad.... seguiremos informando.
Comenzando como estamos el mes de octubre, hoy me toca referirme a uno de los eventos que van haciéndose un sitio en la apretada agenda bracanera. Ya sabés que desde hace algunos años, el primer jueves de octubre queda reservado para la tradicional Cata ciega de vinos, que realizan mis compiches, bajo la coordinación de el Abertxale. Pues bien, este año le han dado una vuelta de tuerca al asunto porque han ido más allá, buscando el lado más comercial del vino fino. Así que recuerde a memoria abierta, en años anteriores han catado vinos en rama de bodegas y cooperativas, y también de particulares. Pero claro, faltaba echarle una vista, un olfato y un deguste, a los vinos que las bodegas y coooperativas de la zona ponen en el mercado envasado en botella y que, además, fueron adquiridos en superficies comerciales de la localidad.
Las personas que son asiduas de este blog, ya sabrá cómo funciona toda la organización de la Cata Ciega. El coordinador del evento elige tres vinos -que sólo él conoce- y luego, tras la cata pertinente, cada uno opina, critica o, elogia, según proceda, y por supuesto, se lo bebe. Para este día tan señalado, mis colegas tuvieron la visita de un personaje tan querido como el Fernando Giménez, que sigue aprovechanod la menor ocasión que le brinda la agenda, para pegarse un desmarque en Brácana.
Antes de entrar a repasar los momentos más destacados de la cata, tengo que hacer referencia al nuevo vino que se probó en Brácana el jueves pasado. Vino naranja Condado de Huelva acerté a leer en la etiqueta y, la verdad, el nombre no me dio muy buena espina. El caso es que el hermano de el Abertxale anduvo por tierras onubenses y, sabedor de los gustos vinateros del personal, no dudó en ajenciarse cinco litracos. El detalle fue agradecido pero el vino, todavía sigue en la sede porque más que probarlo se mojaron los labios soltando impropierios de todo tipo en la mayoría de los casos. Ya se sabe, sobre gustos... no hay nada escrito.
A lo que vamos. Hablemos de vino fino, que es el verdadero motor de toda esta historia.
El primero de los vinos catados fue Fino Tres Palacios, elaborado por la Cooperativa La Unión de Montilla. Como sucede cada año, para cada vino se elegió una cita que, en el caso del citado anteriormente fue la siguiente:
Un buen vino es como una buena película; dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en casa saboreador. (Federico Fellini)
El segundo de los vinos que se probaron también se elabora en Montilla, en concreto fue María del Valle de Bodegas Gracia, que también tuvo su cita vinatera pertinente:
Quien sabe degustar no bebe jamás el vino, sino que degusta secretos (Salvador Dalí)
Por último, el terceor de los vinos que se mostraron en la Cata Ciega del año 2015 fue un vino no menos clásico de la denominación Montilla Moriles como Los Amigos de Bodegas Pérez Barquero, que se cató bajo la siguiente cita anónima:
Yo cocino con vino y a veces incluso se lo echo a la comida (Anónimo)
Esos fueron los tres vinos catados y, como en botica, hubo opiniones para todos los gustos. Poco sabor, buen olor, le falta color, es el típico sabor del vino de Montilla.... Fueron algunos de los calificativos empleados, que fueron muchos y variados. No obstante, hubo una denominador común para todos ellos: que no tienen ni punto de comparación con los vinos en rama que se prueban en Brácana jueves a jueves.
También hay que hacer mención a la comida de la noche que, de manera unánime, levantó aplausos y elogios entre el personal. Esta vez no hubo plato estrella sino tapitas en mesa, que no en barra. Comenzando por el rejo de pota frito, siguiendo por los salmonetillos y cerrando la tanda con unos bocatas de calamares, el personal se puso una vez más hasta arriba. Además no perdonaron la torta de azúcar de ca Bellío para rellenar hasta el último hueco de sus expertos y agradecidos estómagos.
Mientras trasegaban vino y afilaban colmillos, no faltó la charla, esta vez en torno al mundo del vino.
La presencia de el Fernando Giménez sirvió para repasar un buen puñado de anécodas de Alvear y, afortunadamente, para probar más vinos todavía. No contentos con los finos, también le metieron mano a las botellas de Acilates y Zarcita, este último todavía no comercializado, que Bodegas Alvear elabora bajo la denominación de origen Ribera del Guadiana.
¡Como a nadie le importa!