23 de octubre de 2026

23 de octubre de 2026 - Sin comentarios

LA TABERNA, "EL LIMBO"

Decir que van como motos no es ninguna barbaridad. Septiembre lo exprimieron bien, pero es que, en octubre están desenfrenados. A la barbaridad gastronómica y bebedora de siete días antes, tenemos que sumarle otra bacanal culinaria siete días después. Si, tal cual. Sin reparos. Y con esas el jueves 15 aparecieron tres nuevos suicidas del taberneo. 


La edad no perdona y quizás por ello, la barra de bracana parecía la de una taberna de toda la vida, con barra de madera curtida por mil batallas, o y la de parroquianos veteranos con el codo incado en ella y con una copa de vino en la mano. Charlando y compartiendo. Taberna pura.

Llegaron tres mas uno. Si, los puretas y el Quique. Suegro y yerno volvían de la mano a tierra bracanera, pero en esta ocasión ya era de verdad, nada que ver con la visitica de ambos en verano. Y además les tocaba compartir evento con Paquillo González (si el mecánico) y Pedrito el de la leche. Podrían decirle también, Pedrito el del vino., y nadie se extrañaría.





Por tanto, cuarteto que prometía, pero la locura se desató cuando empezaron a colocar bolsas con comida en la barra. Aquello parecía la caja de La Sucursal en sus mejores años. Sin piedad. Narrar lo que se comieron llevaría otro articulo, y solo puedo decir que desde mi humilde cuadro reinando el atril de la sede, vi desfilar comida y mas comida. 

Pedrito el de la leche declaró públicamente que no tenia colesterol, a pesar de parecer que va a explotar en algún momento y disfrutó de todo lo que allí se sirvió. Incluso reclamó por tanto brindis como se celebran a lo largo de la noche. "Yo no he brindao mas en mi vida como aquí", le oí decir. Paco González se   acercaba a la mesa entre cojetada y cojetada que acompañaba con alguna anécdota o alguna coplilla carnavalesca. Mientras Pepe Aguilar, prudente, atendía cada frase o cada anécdota haciéndola suya y animándose a contar alguna. A todo esto, el Quique siempre en su sitio, parecía llevar la planilla de la noche bracanera. Taberna pura.


Con esa buena sintonía, y llenos a reventar, no solo de vino y comida, sino también de alegría y felicidad se fueron a dormir poquito a poco. Otra cosa es que durmieran después de lo que se metieron entre pecho y espalda.


En fin, viejas glorias, bendito tesoro

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