9 de octubre de 2022

9 de octubre de 2022 - Sin comentarios

MENUDO TRIO

 Y aunque todo lo que pasa en Brakana Center, queda bajo secreto de sumario, si os puedo

decir que el turulate de Priego Córdoba acabó como protagonista de la noche, mientras que

algún pajarillo de la velada, a esas horas de la noche, casi no podía articular palabra.Y para

continuar con los tríos 



y seguir acumulando nuevos embajadores bracaneros, llegado desde

Sevilla y con dos escuderos de lujo. Aparecían levantando mucha expectación Antonio Arroyo,

como primer espada e invitado, y Nicolas Ponferrada haciendo tándem con Rafa Polonio “el

lechero”, como expertos embajadores. (24/7/22). Los tres rayaron a gran altura y no hicieron

asco a nada de lo que se comió y bebió, que no fue poco, durante la noche. La charlita

tampoco defraudó, baloncesto, escrituras y herencias, balance de las últimas semanas a nivel

local, e internacional de la crónica rosa y todo lo que el vino puede llegar a dar de sí, en noches

bracaneras como la citada.









DE TIERRAS VECINAS VINIERON...

 Una semana después (10/3/2022) y arrancando motores con invitados se dejaron caer por la

sede tres boinas verdes, llegados desde la hermana localidad de Montemayor. Ganas

teníamos, pero más ganas tenían ellos de entrar como invitados y salir como embajadores de

la República para el resto de sus vidas. Y por ello Julián Moreno, 


Javier Jiménez y Gabriel, lo dieron todo, con cante flamenco incluido.




 La cosa se alargó tanto que yo tuve que dejar la sede y volando, volando, llegué al limbo pasadas las dos de la mañana, mientras que abajo no le veían el fin a la fiesta.





YA TENIA GANAS

 Ganas tenía ya de escribir con tinta y pluma lo acaecido en la Republica en los últimos meses, y

es que, pensábamos que lo de la pandemia ya había llegado a su fin por las navidades del

pasado año, pero nada más lejos de la realidad. Precisamente y con las “volas” del personal en

dichas fiestas otro arreón de pandemia, nos hizo cerrar las puertas de la sede durante unos

meses más. Los bracaneros no dudaron en recobrar su peregrinación por los bares que tenían

a bien recogerlos para como bien dijo el señor; dar de comer al hambriento y de beber al

sediento.

La segunda reentré del exilio bracanero pasó por La Caña Brava, El Bar Polideportivo y El Enganche.



Y de allí, y otra vez por fin, de forma definitiva poníamos pie en la sede el Jueves 3

de Marzo para, meternos entre pecho y espalda (entre otras cositas finas) un maravilloso arroz

con bogavante con el que celebramos la noche vieja del 2021.

8 de noviembre de 2021

8 de noviembre de 2021 - Sin comentarios

Todo tiene un final


Parecía que no iba a llegar nunca, pero todo lo que empieza tiene un final. Bueno, no siempre, porque si hablamos de la República Independiente, Anárquica y Laica de Brácana, esto sigue adelante. Sólo con pensarlo se me erizan las plumas de la nuca. Cuando el pasado jueves vi las puertas de la sede abierta y al personal entrando como almas poseídas por el mismísimo Bercebú, entendí que el pueblo bracanero pone punto y final a su largo peregrinaje. Tugurios, bares, restaurantes y chisnacles varios, donde por cierto no desentonan en absoluto, han sido el medio nuestro de cada jueves desde que se echó la llave al local en marzo del año 2020. Desde entonces, como no tengo móvil, no había tenido noticias del personal, más allá de verlos alguna vez por las inmediaciones de los Montes Bracaneros, camino de los antros anteriormente citados. Porque una cosa es que haya pandemia y otra bien diferente es no regar la plaza cada siete días. Bueno, en realidad han sido bastante comedidos, cumpliendo las normas y haciendo de tripas corazón cada vez que pasaban por las puertas de la Tierra Santa. Como digo, sin noticias periódicas de mis colegas, decidí apostarme en los árboles de los Montes Bracaneros, alerta por si hubiera novedades. Me escamé hace un par de semanas cuando comencé a ver movimientos raros los fines de semana, metiendo en la sede cemento, pintura, azulejos, cables y elementos varios, que en Brácana siempre estuvieron prohibidos por aquello del dolor de espalda que generan como daño colateral. No le di mayor importancia, pensando que estaban utilizando el local como almacén puntual. Pero no, esta gente no dan una puntada sin hilo y lo que estaban preparando es la rentrée. Dicho de manera más clara, dándole a aquello un jaleito para cuando el bichito -léase la COVID 19- diera un respiro. Y coño, parece que por fin lo ha dado, con una tasa de incidencia cero en la vecina localidad de Montilla en este inicio de noviembre. Dicho esto ya puedo decir que Brácana vuelve a estar activa. Así lo pude constatar, porque una vez que vi la puerta abierta me colé como uno más, camino a la máquina del aire donde habitualmente pasaba las noches de los jueves.


Joder y tanto que le han dado a aquello un julepe de aúpa. Para empezar me resbalé al posarme en la máquina de lo limpia que está. Además, han cambiado la iluminación y aquello parece ahora una feria. No contentos con eso, han colocado un frontal de azulejos tela de cuquis y una lámpara sobre el plano de trabajo de la cocina. Joder, mejor que Lavergy, donde los guiris suspiran por las recetas bracaneras. Como podéis imaginar el vino no faltó en este reencuentro en el que hubo pleno bracanero ¡Como para no haberlo después de 19 meses de ausencia! Donde no se estiraron mucho fue en la comida. "De supervivencia", alegó el Ministro de Alimentación, con salchichoncito, tortillas de patatas y un invento precocinado de codillo que gustó al personal.


Entre un plato y otro, hubo tiempo para llevar a cabo el primer Consejo de Ministros postpandemia, para ir encauzando la cosa de cara al futuro. Varias cosas me quedaron claras. La primera que hasta que acabe el año no se prevé la llegada de nuevos embajadores (hay que ser prudentes y no tirar por tierra todo el trabajo anterior). Otra es que la población femenina bracanera va a tener mayores atenciones en esta nueva época que nos ha tocado vivir. Se ve que de tanto estar en casa se les ha aflojado un poquito el corazón y ahora las echan de menos. No le doy mayor importancia porque el personal es de memoria floja y a poco que coja ritmo igual pasa página y, donde dije digo, digo... La tercera cosa importante es que la apertura oficial de la sede será el próximo viernes con un fiestón del quince, al menos en el apartado enológico y gastronómico. Vamos, para ponerse como a nadie le importa y olvidar los malos rollos.


 Y así, entre charlas, planificación, vino y jatería, se cerró la primera noche bracanera desde la irrupción del puto virus de los cojones. Me voy mucho más tranquilo al pensar que esto vuelve a la normalidad porque me he aburrido de lo lindo los jueves y parece que esta situación toca a su fin. Por cierto, que no lo había dicho. La COVID-19 ha tenido, de momento, una incidencia mínima en Brácana. Apenas un 8'33 por ciento de la población ha sido infectado en estos últimos 19 meses, justificando esos estudios incipientes que afirman que el vino de Montilla mantiene a raya los virus y elevado el espíritu. Llevado a los parámetros que manejan la autoridades sanitarias, la tasa de incidencia por cada 100.000 habitantes es CERO en los últimos 14 días, así que ancha es Castilla y nos vemos el viernes ¡Que el Cóndor Bendito de los Andes nos coja confesaos!


Pdt. HAN VUELTO y yo también, así que al loro, que cada semana viene refrescón de blog, de vino y de comida de la güena, que el Ministro de Alimentación ya se ha puesto las pilas. 

31 de enero de 2021

31 de enero de 2021 - Sin comentarios

Epílogo a un año para olvidar

 Decididamente el año 2020 ha sido para olvidar. Es la razón por la que en los últimos meses me he dejado llevar y apenas su he contando nada de las andanzas bracaneras en tiempos de pandemia. El Coronavirus ha hecho estragos, sobre todo por las víctimas mortales que está dejando, pero también por las consecuencias económicas y sociales que aún están por cuantificar. Modestamente, la República de Brácana ha sido una damnificadas más por el jodido virus. Mis colegas llevan sin pisar Tierra Santa desde febrero y eso son ya muchos meses. Tras el verano se han ido buscando la vida como han podido, buscando chisnacles y tabernáculos varios donde tomarse una buena copa de vino aderezada con una buena Tertulia.





Las imágenes anteriores son el mejor ejemplo de la supervivencia. Renovarse o morir, ¡qué remedio! Posiblemente uno de los momentos más emotivos para mis compinches en todo este tiempo, fue la vuelta a la sede a finales de septiembre para darle un jaleito de limpieza, con la esperanza de poder volver en breve. Pero se acabó el 2020 y todo sigue tal y como lo dejaron, bajo la supervisión de el Silencioso. De vez en cuando el buen hombre se para por la sede para ver que no haya ningún desperfecto grave. Yo que sigo albergando la esperanza de verlos cruzar la puerta cualquier jueves de estos, lo veo cruzar los Montes Bracaneros y se me cae al alma al suelo.


A pesar de esta imagen desoladora, el 2020 se ha cerrado para Brácana al menos, con una salida vinatera hasta Cañada Navarro. Allí llevan meses trabajando en un nuevo proyecto denominado Los insensatos de la Antehojuela. Bajo este peculiar nombre, los hermanos Jiménez y los hermanos Adamuz, habituales de Brácana, y algunas personas más han apostado por darle un giro al tradicional vino de tinaja, innovando tanto en la forma de hace la vendimia, como en la manera de fermentar el mosto para obtener el vino.



De entrada han seleccionado la uva de cinco pagos diferentes buscando el momento óptimo de recolección, sin mirar el nivel de azúcar de la uva. El resultado ha sido cinco vinos totalmente distintos, que aportan matices diferentes a pesar de haber sido obtenidos en parcelas muy cercanas entre sí. El Pretil, Los Llanos, El Lechinal, Los Injertos y Los Turistas han sido los nombres asignados a estos cinco vinos. Evidentemente toda innovación enológica es bendecida por el pueblo bracanero, que se fue a principios de diciembre hasta Cañada Navarro para realizar la pertinente cata.


El Manuel Jiménez ejerció de cicerone, el Juan Adamuz de ayudante y los bracaneros... se bebieron el vino. Lo que viene a ser algo clásico. Para recuperar viejas costumbres, el Ministro de Alimentación se marcó un buen potaje a modo de homenaje gastronómico a las costumbres de la República.


Desde luego, ver para creer, porque hasta a mí se me hizo raro. Hace tanto tiempo que no me junto con ellos en la sede que hasta se me quiebra al alma al contarlo. Esperemos que el 2021 entre con buen pie, aunque me da que después de las fiesta navideñas, en la que no habrá Fin de Año Bracanero, va a complicar la cosa todavía más. Al menos, el final de año viene marcado por las primeras vacunas. Ojalá que sea la solución a la pandemia y que también sirvan para que Brácana vuelve a abrir sus puertas los jueves, recibiendo a mis compinches y también a los embajadores que esperan ansiosos la vuelta a la actividad de la República.



9 de agosto de 2020

9 de agosto de 2020 - Sin comentarios

De vuelta a Villa Locura

 Ya sé que he estado una semanas ausentes, pero es que la actividad bracanera está reducida casi al mínimo, siguiendo con las Tertulias en el exilio. Ya os he contado en algunas ocasiones que la seguridad, o al menos la prudencia, está siendo el denominador común en estas últimas semanas con motivo del virus. Por ello la última quincena ha tenido como nombre propio el patio de la Cooperativa La Unión, para llenar ese agujero que supone seguir sin poder pisar la sede.

Pero claro, a pesar de estar agustico, en los bares y chisnacles no se está igual que en Brácana. Con sus cosas buenas y menos buenas, como en casa no se descansa en ningún sitio. Y como a falta de vino fino, bueno es vino de tinaja, el jueves pasado echaron mano de la residencia de verano de el Ligre: Villa Locura. Es un sitio que me trae unos recuerdos excelentes, a pesar de que ya no está el árbol que me sirvió de refugio tantas noches bracaneras. De hecho, nada más saber que iban para allá, le di un toque a mi amigo Mustafá, el búho que habitó tanto tiempo en esas ramas. Esta vez tuvimos que reposar sobre un nogal, con vistas privilegiadas a la tertulia bracanera que, ahora sí, fue mucho más hogareña.


Antes de que me olvidé, tengo que resaltar que la ida fue de lo más curioso, porque casi la mitad del pueblo bracanero acudió en bicicleta. Aquello parecía Verano Azul, pero sin Bea ni Desi -cada uno que elija ya su personaje-. De toda la noche, además, me quedó con el nuevo invento bracanero. El caso es que se quedaron cortos en las previsiones y en poco más de hora y media de habían jalado los siete litracos de vino previstos. Saltaron las alarmas y hubo que tirar de la taberna de guardia -léase ca la Eladia- para incrementar la oferta ante la ingente demanda. Fue el presidente el que hizo las gestiones en bici, así que como el vino llegó caliente, se inventó un sistema que ya han patentado como el Bicivin. Esto es llenar de hielo las alforjas de la bici, a modo de tenderete ambulante para refrescar las gargantas del personal.


 Pues parecer un poco aparatoso, pero el personal le dio el visto bueno, sobre todo porque nu hubo que lamentar entrar en una estado de ley seca por la falta de vino. Bueno, que me piro por hoy, con una foto que demuestra la mentalización bracanera respecto a la COVID-19. La semana que viene vuelven a Villa Locura, imagino que con la Bicivin y con más ganas de volver a la normalidad. Ya os contaré.


Como si el tiempo no hubiera pasado

 La Fundi es uno de esos lugares que invitan al buen rollo y por eso, es parada obligada al menos una vez al año para el pueblo bracanero. En este 2020, cuyas malas sensaciones ardieron en la hoguera la pasada semana, el dichoso virus había impedido la peregrinación anual. Precisamente por esta razón, mis compinches de los jueves acogieron de buen grado el ofrecimiento de el Juan Castillero, para compartir viandas y vino una noche más.

Ya no sólo es el elixir de los dioses y la jatería lo que anima al personal a cumplir con el ritual, que también. La compañía es el otro gran pilar en el que se asiente la República desde su instauración hace más de una década. Por ello, encontrarse de nuevo con las charlas de el José Luis y el Juanma Rodríguez, con los chascarrillos del gran Negos, con la eterna sonrisa de el José María Domínguez y, por supuesto, con la hospitalidad de el Pichichi y el Juan Castillero, es más que un placer.


Hubo tiempo a lo largo de la noche para hablar del mundo de la tonelería y del vino, ineludible cuando está presente la familia Rodríguez, pero también para recordar uno de los pasajes más surrealistas de las historia de Brácana. Si recordáis, hace ya algunos años el Negos fue indultado por el Tribunal bracanero tras sus continuos desplantes para acudir a la sede los jueves. Tener los garbanzos echados en agua -el que la lleva la entiende- fue la excusa expuesta entonces para no corresponder a las invitaciones pertinentes. Pues bien, el tema volvió a salir a relucir con amago incluso de volver a exiliarle de nuevo si no cumple con la próxima.


Pero si hay elementos inherentes a La Fundi es el vino y la comida.... como si no hubiera mañana. De lo primero hubo en abundancia y de los segundo, pues también. Porque encender el fuego, preparar las ascuas y atacar a las carnes rojas, es ya toda una tradición, De hecho se ocupan tanto el Juan Castillero -magnífico anfitrión y experto en la elección de los manjares- y el Ministro de Alimentación, al que le brillan los ojos nada más ver la barbacoa.

Pues así, entre plato y plato de comida, entre copa y copa de vino, y entre risas y más risas, transcurrió una noche más en la que olvidar la tristeza que supone llevar cuatro meses sin pisar Tierra Santa. Pa' vivir así de bien es mejor no morirse, dice el decálogo de obligaciones bracaneras. Y en ello están, con todas las limitaciones y las precauciones posibles. De hecho, para la semana que viene no hay nada preparado, salvo que haya improvisación (algo que no es descartable). Ya os contaré cómo va la cosa y las previsiones de futuro.