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Visita teatralizada a Brácana.
Como suele ser habitual, los meses de agosto y septiembre son aquellos en los que los bracaneros andan desperdigados, debido a su actividad vacacional, campestre o familiar.
En definitiva que es un periodo de transito hacía la inauguración de la nueva temporada bracanera, que normalmente arranca a mediados o finales de septiembre.
Este año se han entretenido un poco y el pistoletazo oficial se dió con octubre ya comenzado.
Entre tanto, y mientras llegaba este momento, por la sede ha desfilado sabía nueva encabezada por el joven bracanero y canterano Leo, nieto de “el maestro”, continuando con el pequeño Hugo, hijo de “el nuevo” y algún infante más de cuyo nombre no logro acordarme.
| Hugo. Infante bracanero |
Significativo ha sido destacar que en este verano del dos mil veinticinco, no han salido de la sede ni un solo jueves, y es que los campos y chaleses estaban a pleno rendimiento, con lo que ha sido imposible poderlo hacer, volviendo así a veranos ya casi olvidados.
Lo más destacable, sin duda alguna, fue nuevamente, la visita de los caricatos. De tontos no tienen ni un pelo, y a cada invitación bracanera, allá que acuden los pájaros.
Apenas tres meses después de su primera aparición volvieron por la sede, pero ahora lo hacía bastante subiditos. Y es que lo hicieron tras los primeros cuatro pases del día del estreno.
Como nadie se acordó de mí para poder asistir a las actuaciones, pues me las tuve que ingeniar yo solito. Durante el jueves cuatro de septiembre estuve dudando sobre a que pase acudir.
Pensé que el primero a eso de las cinco menos cuarto iba ser algo caluroso, aunque era al que estaban invitados los familiares y eso les daría a los caricatos un plus emocional. Luego vendrían prensa y autoridades, luego dramaturgo y los descolgados en el casting, para cerrar con colaboradores y ayudantes de todo el bendito follón.
Como mis dotes de volador y alma libre me permiten actuar a mi libre albedrio, tome presencia sin manera determinada ni cronológica, es decir que ví cada escena cuando me salió de mis santos cojoncitos y además lo hice en pases diferentes. Así en el primero vi a Don Diego lamerse las heridas para acabar con un brindis. Digamos que embutido en aquel traje más parecía un pavo real que un marino, eso sí, sin plumas. Con tanto cañonazo y campanazos y a oscuras parecía que estábamos en una psicofonía del Belchite, de esas que andan por ahí de la guerra civil. Aunque tengo que reconocer que cuando terminó su actuación andaba emocionado y sentí correr dos lagrimitas por mis ojitos.
Para el segundo pase me decanté por la escena de Doña Sabina, y mi amo, bueno, el Capataz Billanueva. Sospechaba que en la primera andaría pasado de revoluciones sabedor de que la pequeña Julia y la Carmela le observarían desde primera línea de playa. Eso me hacía sospechar que podría pegar un petardazo y con el respeto y cariño que le devoto no quería verlo. Pero el destino quiso que no me perdiera ese momento tan especial de meter la pata en su debut de actor (Manolete, si no sabes torear para que te metes), y en una metamorfosis majestuosa transformó a Doña Sabina en Doña Luisa al presentársela al inglés porculero. Con dos cojones, y ante la atenta mirada de literatos, dramaturgos, poetas y excluidos en el casting, en definitiva toda la farándula del mal vivir. Aún así, no lo vi mal, con su gorrita, su fajín. En fin, parecía a los que tiran de las mulillas en las corridas de toros cuando se llevan al toro ya reventado de la plaza. Aunque para toro, el morlaco que tenía en frente. Madre mía que poderío el de Doña Sabina, que puesta en escena. Genial me pareció esta mujer que lo mismo cerraba los pases de la jornada en la Monumental que cerraba la fiesta en bracana.
En el tercer pase, y por descarte, me decidí por el trío carabela. Los fumetas parecían estar defenestrados en el Trabajadero. Allí se encontraban Dieguito, (Diego de Alvear y Ward) el Espron (Espronceda) y Doña Luisa (la madre e inglesa). Estuvo bien, se movieron entre la pena, y la alegría, la pillería y el salmorejo, y no fumaron en vivo y en directo de puro milagro. Elegantes todos y muy acertados en su ejecución. Lo del brindis y el ole tú, me encantó.
Al inglés porculero, (Mister Tobey) no lo perdí de vista en todo momento, era el alma del folletín andante, con su traje de cortina de hotel gorda, parecía interpretar al Conde de la Cortina más que al británico intrépido. Fuel el mejor de todos con diferencia (el que quiera que se ponga)
Luego en la sede, la locura. Conforme iban entrando los caricatos, iban recibiendo la ovación de los bracaneros e invitados. Invitados de todos los pelajes. Desde, los Alvear, con Pilar, Mamen, Luis, Jose Luis, e incluso Nacho Antoñanza (llegado horas antes desde Madrid para presenciar el folletín in situ) hasta el personal de mantenimiento o las chicas de la tienda, con la Barbara Rey de la Tienda y la Faraona de Alvear a la cabeza, con la Vero, Emilio, Rafalete Irene, Raquel, Noelia y Tere como sequito. Tampoco faltó Julio el técnico de luces, o el señor director y su ayudante (Luis y Juan Carlos, jajaja). Ah y el talentoso y joven Jonás
En definitiva, que ni el tato se quiso perder la velada bracanera tras el pase teatrero, del que desde el limbo y cada vez que me acuerdo guardo un grato recuerdo. Y es, que para algunos será una sorpresa, pero hace ya algunos años y en la misma sede ya se celebró un pase teatral con el nombre de “el juez de los divorcios” de Miguel de Cervantes. (con dos cojones)
En fin… La vida es puro teatro…
Galería fotográfica de la Visita teatralizada a Brácana.
Escena uno, con el Ministro de Alimentación marcando las pautas. |
| Misma escena, pero con el Rafa Merino que antes no salía |
| Las chicas de la tienda y nuestro Nacho |
| La Doña Sabina contemporánea tomando la palabra. |
| Seis bracaneros de una tacada, y la melena rubia del canterano brácanero Leo |
| Elenco bracanero & teatrero |
| La Barbara Rey de Alvear, la señorita Tere, Doña Luisa y el Ministro de Alimentación repartiendo alegría |
| La Faraona, mi amo y la Mamen, Ahí empezó todo |
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