21 de abril de 2014

21 de abril de 2014 - Sin comentarios

La noche de los catavinos rotos

Una vez más, aún a riesgo de repetirme, aquí, en el limbo, hemos vivido otra semana frenética. La llegada de Gabo ha provocado un auténtico alboroto, motivo por el que no he tenido un ratito para sentarme a escribir hasta ahora. Lo cierto es que me ha cogido el toro. Aunque apenas si ha pasado poco más de una semana desde la última reunión bracanera, muchas han sido las cosas que han pasado desde entonces. Por ello, mejor ir paso a paso, narrando lo acontecido el pasado diez de abril en la sede.


Como suele suceder cuando los embajadores son jóvenes, quiero decir, más aún que mis compiches, la noche fue un auténtico despiporre. Ya me olía a mi a chamusquina cuando vi entrar a uno de ellos con una guitarra bajo el brazo, que sólo anunciaba fiesta de la gorda. Hay que decir, que los nuevos embajadores llegaron de la mano de un veterano de guerra, al que sólo le falta la imposición de la Cruz de Hierro de Brácana, como el Dieguito. Junto a él, aterrizaron en Tierra Santa (nunca mejor dicho y ya veréis por qué) su hermano el José Antonio Luque, el José Manuel Zafra y el José Marcelo García. Este póker de ases llegó con la venia del Niño y el Ahijao, con ganas de pasar una noche agradable, olvidando de paso la Cuaresma, que ha estado cargadita de actos cofrades en la vecina localidad de Montilla. La sede de Brácana era hasta ahora un lugar irreductible, como la aldea de Astérix, en asuntos religiosos aunque, como demostraré más adelante, están bordeando el alambre de manera peligrosa, flirteando con los asuntos de la fe. Pero volvamos a la noche de marras, que he llamado La noche de los catavinos rotos. El motivo es que la Pantera de la ITV tuvo otra de sus veladas espectaculares, esta vez rompiendo hasta cuatro copas de vino. Este dato puede servir de ejemplo e ilustrar el desarrollo de una noche más de locura y fervor, aunque sea  vinícola.



Por supuesto, el líquido elemento estuvo pertinentemente acompañado de jatería de la güena. Para comenzar, como tapita en barra, se encalomaron unos tomaticos enanos con anchoas del Cantábrico, seguidas de un plato nuevo, que el Ministro de Alimentación ha denominado Diputados a la salsa de brácana, esto es, chorizo al vino fijo con ajo de Montalbán. Aplacadas las primeras ansias culinarias, comenzaron los corrillos de rigor, que una vez más discurrieron con tertulias de lo más variado.



Así llegaron a la tercera tapita de la noche, que más que tapa parecía un primer plato. Bacalo frito, del que deshueva en la Carchena, fue el sugerente plato que presentó el Pepeluí, provocando una vez más la admiración del personal. En este preciso instante hubo quien propuso la nominación del Ministro de alimentación para la próxima edición del programa Master Chef, con la condición de que vaya acompañado por los diez bracaneros restantes. Se iban a enterar en Televisión Española de lo que vale un peine. Ya con el hambre aplacada, mi amo dio paso al consejo de ministros, en el que se abordaron dos temas de máximo interés. Por un lado, se planificó la inminente peregrinación a la Bodega La Fundi, donde el Juan Castillero prepara otra encerrona a base de colesterol y vino. Por otro, también quedó cerrada la próxima visita a la Bodega del Camará, que servirá para cerrar el mes de abril. La cosa andaba ya suficientemente subida de tono, gracias a la calidad del Fino Pata Hierro, que sigue evolucionando de manera correcta. Así que los juramentos de los tres embajadores siguieron al consejo de ministros, sin dar pie a que el sector peligroso de la noche, encabezado sobre todo por la Pantera, se viniera más arriba aún. Me gustaría destacar la reseña que los embajadores dejaron en el libro e visitas de Brácana, porque tiene su miga. Cito textualmente dos trozos del texto:
- Jesús le dijo a Jeremías: Lleva tu tu cruz, que yo llevaré la mía.
- Salud, que diría un buen medio.
A esto hay que unir el poema recitado por el Jose Marcelo García que, pido disculpas, no fui capaz de retener en mi pequeña memoria de pájaro.



Parecía que la cosa comenzaba a tranquilizarse, pero al final será verdad que tras la calma llega la tempestad. Primero llegaron los brindis de rigor y después se metieron entre pecho y espalda unos medallones de solomillo a la pimienta. Justo después, el José Antonio, médico de profesión y artista de vocación, se pilló la guitarra para arrancarse por Estopa, con los coros del personal que estaba completamente entregado. A esta escena, sólo apta para profesionales, siguió la no menos espectacular de mi amo cantando y bailando flamenco. El duo formado por el Pijo del Magreb al cante y el Niño del Ibuprofeno a la guitarra, no tuvo desperdicio, la verdad sea dicha. En pleno frenesí flamenco, se dio repaso también a los aspectos más típicos de la Semana Santa, entre otros el legendario establecimiento de las Hermanas garcía, conocido como Cá Las Chapetas. Una cosa es presumir de laicidad y otra bien distinta renunciar a las tradiciones.

Poco más que contar de esa noche aunque, si pensáis que la Semana Santa ha impedido que Brácana abra sus puertas, os equivocáis. El pasado Jueves Santo ocurrió en la Sede un hecho sin precedentes, con la salida en desfile procesional del Santísimo Bag in Box Bendito de la Copa llena a Bebe Ratón. Como lo estáis leyendo. El Ligre, el Abertxale, el Pijo del pádel, el Niño, el Ahijao y el Puli, como embajador veterano, montaron una quedada clandestina en la que no faltó el ambiente cofrade. Como no podía ser de otra manera, el elemento al que adorar no fue otro que el vino, el paso improvisado sobre la marcha, la mesa de formica y la iluminación pertinente llegó de un cirio que de vez en cuando alumbra a las almas perdidas en Brácana. Pa mear y no echar gota. En fin, doctores tienen la Iglesia y, en esta sacristía en particular, más todavía.

7 de abril de 2014

7 de abril de 2014 - Sin comentarios

Entre vino y libros


Aunque no soy muy dado a leer, esta semana han caído en mis manos unas estadísticas que me han hecho reflexionar sobre la importancia que tiene Brácana en la economía de España. Dicho así, suena a chulería. No obstante, se puede demostrar con cifras, que no con discursos, que esto es verdad. Vamos a ver. Según los datos que maneja la OIV, Organización Mundial del Vino, el consumo medio que presenta España en relación al elixir de los dioses, viene a rondar los 20 litros por persona y año. Según estos mismos datos, la vetusta piel de toro es uno de los países que presenta menor índice de vino per cápita a nivel mundial. Si estas cifras las trasladamos a la República, es evidente que Brácana es el principal Estado consumidor de vino del planeta, y además... de largo. Haciendo cuentas por lo alto con Labordeta, hemos calculado que el año bracanero tiene 52 días, y que en cada jornada de estas caen aproximadamente unos seis litros de vino, por supuesto sin contar cuando se les va la cabeza y suben la media hasta límites insospechados. Esto nos da unos 312 litros al año, vamos casi 20 arrobas. Si esta cantidad la dividimos entre los once habitantes censados de Brácana, además de añadir un embajador de media en las 52 semanas, nos da una media de consumo, sólo en la sede de Brácana, de 26 litros por cabeza y año. Vamos, muy superior a la media del país, y eso que la OIV hace sus números sobre 365 días. Teniendo en cuenta que la producción de vino en Brácana es muy reducida, debido a la escasa dimensión de los viñedos de Villa Locura, mis colegas no tienen más remedio que importar la mayor parte del vino que llega hasta la República. Pagando el género, los impuestos, derechos aduaneros y transporte, hemos deducido que Brácana se gasta una pasta gansa al cabo de año, que repercute directamente en el PIB español. Por lo tanto no es descabellado afirmar que el sector del vino fino depende directamente de la estabilidad de Brácana, al tratarse del principal consumidor mundial de este producto. Más claro... el vino.


Pues así me he tirado toda la semana, dándole vueltas a mi pequeña cabeza, para demostrar que los tíos tienen un saque brutal y luego, que las estadísticas se pueden amoldar según le interese a cada uno. Lo mejor de todo esto es que en las cifras mostradas anteriormente no he contabilizado el vino que cae fuera de las fronteras bracaneras. Si lo hubiera hecho la gráfica se sale de la pizarra. Valga como ejemplo la salida realizada el pasado jueves. Es la segunda vez que ponen como excusa entregar algún ejemplar de la Historia Ilustrada de Brácana, para que las generaciones futuras conozcan la historia de esta peculiar República. Con este pretexto, se plantaron en la Casa de las Aguas, donde esperaban el Manolín Ruquel y el José Antonio Cerezo. Ya lo dije la otra vez ¡Vaya par de pájaros! Lo mismo te cuentan la historia del Inca Garcilaso que se arrancan con las anécdotas locales o comarcales más inverosímiles.


No voy a detenerme en estas anécdotas, porque el secreto de sumario también alcanza estas reuniones, que rozan la clandestinidad. No obstante sí puedo contar que los tres primeros volúmenes ya forman parte de los fondos bibliográficos de la biblioteca de la Fundación Manuel Ruiz Luque y otros tres ejemplares obran en poder del bibliófilo montillano que da nombre a la Fundación.
El caso es que alrededor de las nueve de la noche, mis colegas fueron llegando a este templo de la cultura, que alberga en su interior la pinacoteca de José Garnelo y la biblioteca de la Fundación Manuel Ruiz Luque. Por cierto que esta vez se pegaron dos embajadores veteranos, el Pepín Carbonero y el Rafa Jiménez, que no sé como llegaron hasta allí, aunque acabaron como dos bracaneros más. Para abrir boca, porque todo no va a ser comer y beber, la visita a la Casa de las Aguas comenzó con un recorrido por la exposición cartográfica que puede verse allí en estos días: una auténtica maravilla. Pero claro, tanta cultura y tantas explicaciones acaba por despertar la sed y el apetito más voraz. Por ello apenas si tardaron un cuarto de hora en adentrarse en las entrañas del edificio para atacar sin piedad al Fino las Letras.


Cuando el líquido elemento comenzó a correr de copa en copa, desde la ventana en la que me instalé pude ver más de un gesto torcido: evidentemente el vino no estaba tan sobresaliente como en la última visita. Según pude escuchar, a aquellas botas les falta tiro, así que rápidamente, mis colegas, que son más vivos que un ascua, se ofrecieron para repetir visita en breve, con el único objetivo de garantizar la calidad del caldo. Para empapar el trasiego constante de la bota a la copa, el crack de Brácana, esto es, el Ministro de Alimentación, sacó unas bandejitas a base de tocino de veta, cabeza de cerdo y queso, además de las ya tradicionales pataticas salaíllas.


Con el vino y la comida cualquier reunión se torna en taberna y esta vez tampoco fue una excepción. Como es lógico se habló de vinos, de libros y de muchas más conversaciones que no soy capaz de recordar. La charlita fue ganando enteros según se iban vaciando las jarras, de manera que ya han quedado para que el Ruquel y el Cerezo vayan en breve a la sede institucional, antes de volver de nuevo a la Casa de las Aguas, una vez que se imprima la cuarta entrega de la Historia Ilustrada de Brácana.
No creáis que la noche acabó aquí. Ahora que esta cerca la Semana Santa, se fueron marchando en procesión hasta la sede institucional, donde se dieron otro golpe de sulfato, apurando restos culinarios de jornadas anteriores, aunque no por ello menos exquisitos. Allí hicieron los brindis de rigor, echados en falta por el Ruquel y el Cerezo en la Casa de las Aguas, y se pegaron un digestivo para cerrar un nuevo jueves bracanero. En esta semana no han roto las estadísticas, por lo que Brácana sigue siendo el Estado con mayor consumo de vino por habitante del mundo mundial.
SALUD.


5 de abril de 2014

5 de abril de 2014 - Sin comentarios

Despidiendo Marzo a todo trapo.

Y pasan y pasan las semanas y los bracaneros siguen con las mismas ganas. A veces me sorprendo, pero para sorpresa la que se llevan los embajadores que van pasando por la sede. En esta ocasión eran tre y un invitado que ya sabía de que iba la cosa.
Pero como ando un poco saturado y más tras contar con pelos y señales los detalles del Premio Gastronomico, me váis a permitir que la última tertulia la cuente apoyandome en unas foticos. Eso sí, foticos que no tiene desperdicio.
Bueno, a lo que voy, que ahí llevási la primera.

A simple vista, no dejan de ser tres bracaneros y uno de los embajadores "pepito castilla". Bueno pués nada que ver con la realidad. En el momento de la istantanea, lo chavales estaban cantando uno de sus temas favoritos de cuarteto. Si un cuarteto que de vez en cuando y mientras curran animan a sus congeneres con temas como "La faimlia unida"


Otra, y esta va con algo de morbo.

Si señor, alcachofas al montilla. Y es que cada vez que aparece este plato en la tertulia, se disparan los recuerdos, de aquellas míticas alcachofas que averiguó "el volti", y lluego "el pepeluis"... Y claro entre recuerdo y recuerdo apareció "el solanillo" y e"el gordo urbano" y su primera experiencia... con las alcachofas o mejor dicho con los mejillones. En fin "Alcachofas al Montilla"


La siguiente no podía faltar.

Embajadores e invitado. De derechas a izquierdas (como los moros) "pepito castilla", "el pepe mesa", "el hoche" y "el paulo". Como no podia ser de otra manera tres de ellos debutaban, y lo hicieron cumpliendo con los juramentos y firmando en el libro de actas.

Y la última.

Otro clásico. Foto de grupo. En la que se puede observar, a "el ligre" descojonandose minutos antes de realizar por primera vez la doble vuelta cubana.

 Y como me sabe mal despedirme así, de forma tan seca. Recordaré que en los brindis hubo novedades, ya que "el pepe mesa" aprovecahndo la ocasión hizó publicidad de su puesto de frutas en la recien reformada plaza de abastos. También en los brindis hubo mención especial para Adolfo Suarez, que llevaba fiambre tan solo unos dias.
¿Que más, que más?. Ah, que el vino fue de restos de terulias anteriores así como el plato central, o que los digestivos cerrraron la noche, o que ya están preparando la visita a La Casa de Las aguas, para hacer entrega de los volumenes dos y tres de la Enciclopedía Ilustrada de la Historia de la República.

En fin que otro gato a la talega, como dirái el otro...


2 de abril de 2014

2 de abril de 2014 - Sin comentarios

IV Premio al Mérito Gastronómico

Después de dos semanas sin escribir ni una sola letra sobre las andanzas de mi familia terrenal, hoy me siento en la obligación de hacerlo, sobre todo tras el importante evento celebrado días atrás. El mes de marzo volverá a quedar escrito con letras de oro en la historia de la joven, aunque sobradamente veterana, República Independiente, Anárquica y Laica, por la gracia de Dios, de Brácana. Como estaba fijado en el calendario perpetuo, el 17 de marzo se celebró la entrega de un nuevo premio al mérito gastronómico que esta vez, ahora sí que puedo contarlo, ha recaído en la figura de Álvaro López, ilustre cocinero del Restaurante El Quijote, de la vecina localidad de Montilla. En realidad, más que la entrega de un nuevo precio gastronómico, el cuarto desde que se instauró esta tradición, el lunes la sede de Brácana parecía el lugar elegido para la celebración del I Simposium de Cocina de Montilla. Junto al galardonado, aparecieron por la sede todos los cocineros que han tenido en su poder el Cucharón de Palo. Esto es, el América, el Paco Comino y el Manolo Martínez. Los tres arroparon a el Alvarito, como popularmente se le conoce en Montilla, reconociendo durante toda la noche su trayectoria profesional, así como la calidad de los platos que fueron saliendo desde la zona de fogones.
Dicho esto, me toca hacer una crónica, breve aunque precisa, de cómo se desarrolló la noche. El nuevo premio al mérito gastronómico llegó más que puntual, acompañado de el Agustín y el Rafa Villar, de igual manera que el hijo de el Comino estuvo con su padre y el Pedro Martínez con su hermano. Hay que destacar que los bracaneros se mostraron esta vez relativamente puntuales para unevento tan importante, a pesar de los despistes que llevaron a no meter la bebida en el frigorífico el día de antes. Esto provocó que se improvisara un barreño con hielo, a modo de congelador campestre, para tratar de aguantar las embestidas del personal.



De esta forma tan artesanal como práctica, salvaron con honra el marrón, con algún que otro suspiro apagado por el lapsus cometido. Solventado el tema de la bebida, tocaba emplearse a fondo en atender a los invitados, así que tardaron poco en meterse hasta las cejas en las tertulias más variadas, mientras que el Alvarito comenzaba con la preparación de la exhibición gastronómica de la noche. Estuvo acompañado tras la barra por el Ministro de Alimentación, al que no se les escapa ningún detalle y de el Ligre, pinche de la noche, que tuvo la cocina más limpia que el jocico de un perro, como suele ser habitual en él.



Acompañando las heladas cervezas del barreño, se sirvieron unas aceitunitas y unas patatas salaíllas, con el objetivo de aplacar la boa constrictor, que no el gusanillo, que mis compinches tienen dentro. De hecho, los ojos comenzaron a hacer chiribitas cuando el Alvarito apareció en la mesa central con un salteado de pulpo con langostinos al ajillo que tenía una pinta acojonante. Una vez zanjada la pelea con el pulpo, que por cierto, ganaron los comensales por goleada, se tomaron un leve respiro, dando paso a todo tipo de anécdotas y chascarrillos, dividiendo la charla por corrillos, algo habitual en Brácana. Se esperaba el segundo plato con ansiedad y este no se hizo esperar demasiado. Alguien debió equivocarse a la hora de aconsejar a el Alvarito sobre las cantidades, porque el cocinero se marcó un perolón de salmón a la crema de espárragos espectacular. El caso es que allí todo el mundo decía que parecía mucho, pero hubo quien hizo kilómetros entre el ir y venir hacia la mesa. Ya con las ansias mucho más calmadas, la boa constrictor parecía una culebra de herradura, tras el pulpo y el salmón. Por ello, aprovecharon el momento para dar paso al consejo de ministros, que será recordado como el más breve de la historia. Apenas cinco minutos duró la puesta en común, que mi amo aprovechó, como no, para dar las gracias a los invitados y, en especial, a el Alvarito por aceptar la invitación.



Posiblemente uno de los momentos más emotivos de la noche fue el relevo del Cucharón de Palo. El Manolo Martínez, después de todo un año guardando la herramienta que simboliza el trabajo entre fogones, cedió el relevo a el Alvarito, que ahora tendrá que velar por él, hasta el próximo año. Por supuesto, el nuevo premio al mérito gastronómico se llevó su diploma acreditativo y aquí sí toca ponerse serios. Alguna vez he escrito que mis compinches tienen la cara más dura que el cemento por embaucar a un cocinero para que les haga de comer. No obstante, me consta que la intención de este simbólico galardón es noble. Una cosa es decir que la comida de tal o cual restaurante es estupenda, y otra muy distinta reconocer que para que unos estén comiendo los mejores manjares, otros tienen que estar apurados en la cocina, pendientes de que se lo pasen bien los que están fuera.
Ya con el cucharón y el diploma en su poder, el Alvarito volvió a hacer gala de profesionalidad acudiendo a su hábitat natural para cerrar las bocas que aún pedían algo de vituallas. Para cerrarlas, hasta la mesa llegaron unos medallones de solomillo a la pimienta. Levantaron algún que otro murmullo porque hubo quien no se sentía preparado para meterse otro golpe entre pecho y espalda. Fue sólo un momento porque el ruido de los tenedores chocando contra el plato hizo desaparecer cualquier conato de desprecio al plato.



Como no tienen jartura, para falagar le metieron mano a una frutica que preparó el Ministro de Alimentación, antes de dar paso a los digestivos de rigor que cada semana cierran las quedadas bracaneras. Justo antes abandonaron el lugar el Paco Comino y su hijo, además de el Alvarito, el Agustín y el Rafa Villar. El resto se pegaron un cancanasso, valorando la comida de la noche y pensando ya en cuál será el V premio gastronómico, que será entregado en el año 2015.


17 de marzo de 2014

17 de marzo de 2014 - Sin comentarios

Últimos embajadores del invierno

Como los acontecimientos se precipitan, hoy no tengo más remedio que meterme prisa para escribir la crónica de lo acontecido en Brácana el pasado jueves. La próxima semana vuelven a la carga el lunes, con la entrega del cuarto premio gastronómico, así que antes de que me coja el toro, lo cuento y Santas Pascuas (ahora que estamos en cuaresma).



Como corresponde al segundo jueves de cada mes, de nuevo volvieron a recibir embajadores en la sede, esta vez directamente relacionados con el mundo del vino. El Luis García y el Juan Almansa son gente bregada en el noble arte de criar vino, en el Lagar Los Borbones para más seña. Por cierto, que no llegaron de vacío a Brácana. Además de arrimar cinco litracos de un vino estupendo, agradecieron la invitación con unos entrantes a base de jamón, queso y otras chacinas, que se sirvieron, como es de recibo, en la barra. Con anterioridad, como primera tapa de la noche, el Pijo del pádel, pinche de la noche, se marcó unos montaditos de anchoas del Cantábrico con tomates enanos, que fueron donados gentilmente por el Mejías, embajador veterano de la República. En este aspecto merece la pena detenerse. Los invitados que pasan por Brácana se sienten tan agraciados, que siguen acudiendo con las manos llenas de comida y bebida. Vamos, algo así como el premio gastronómico en el que homenajean a un cocinero para que les ablande la mandíbula ¡Tendrán poca verguenza!



El caso es que con el Fino Los Borbones como hilo conductor, la conversación fue variada durante toda la noche. Se habló de fútbol, con el Particorto de las ondas y el Abertxale subiditos de tono tras la victoria del Betis ante el sevilla en la Uefa League. También de la historia de la vecina ciudad de Montilla, con lugares ya desaparecidos como el horno regentado por Concha en la calle Cordón. Por supuesto se habló de vino, de aceite... así hasta que llegó el Consejo de Ministros. En él se abordaron los detalles del próximo premio gastronómico, cuya identidad no desvelaré para salvaguardar el secreto se sumario que rige las noche bracaneras. También se dio repaso a los embajadores que llegarán hasta la sede durante el mes de marzo y abril y se apuntaron algunas salidas pendientes, con el único objetivo de seguir poniéndose ciegos de vino. Por ejemplo, la segunda visita a la Casa de las Aguas para entregar los dos últimos volúmenes de la Historia Ilustrada de Brácana. Traducido a lenguaje popular, visita a la bodeguita del citado lugar para ver si el vino sigue igual de bueno.



Tras el Consejo de Ministros llegaron los juramentos, que dejaron un detalle para la posteridad. El Luis García se plantó en la sede con el pasaporte español para que fuera visado una vez traspasadas las fronteras de Brácana. Este hecho fue reconocido por el personal al tratarse del primer momento oficial en el que un embajador reconoce con hecho, que no palabras, la autodeterminación de la República ¡Con dos cojones!
De los juramentos pasaron a los brindis y de los brindis, al plato fuerte de la noche, unos langostinos con setas, cuya perola tampoco necesitó de limpieza posterior. Una vez solventado el trámite culinario, la tertulia volvió a tomar peso en la noche. De hecho recuperaron una tradición olvidada durante semanas, las rondas de conocimiento autóctono de antros, chisnacles y otros tugurios. Juro por el papagayo bendito del Amazonas que llevaba tiempo sin escuchar tantos nombres seguidos. Allí se recordó la Incubadora, el bar la Tizne, el Disco May, Casa Palop, el Toby's Bar, los Candiles... y mucho más que mi pequeña memoria de pájaro no llegó a retener. Lo que sí me quedó claro es que mis colegas no conocerán la capital de Uzbekistán ni la teoría de la relatividad, pero lo que es a garitos, no hay quien les eche la pata por alto. No tengo muchas más cosas que contar, salvo que pasada la media noche volvió a sonar el himno de Brácana, con la misma solemnidad de siempre y que, para entonces, ya andaban liados con los preparativos de los digestivos de rigor.
Por hoy me despido aunque, más pronto que tarde, vuelvo a la carga. El lunes se hará entrega en Brácana del IV Premio al mérito gastronómico que este año recaerá en......... la semana que viene os lo cuento.



13 de marzo de 2014

13 de marzo de 2014 - 1 comentario

Celebración por todo lo alto

Después de varias semanas contando lo que pasa por aquí arriba, hoy sólo voy a centrarme en mi familia terrenal. Tengo mucho que repasar, a pesar de que cada primer jueves de mes, Brácana no suele recibir embajadores. Digo suele porque la pasada semana volvieron a pasarse por el forro la normativa. Es lo que tiene esta bendita anarquía, lo que hoy en negro mañana blanco y lo que es blanco lo pintan del color que les de la gana. El caso es que el último jueves se incumplieron más normas de lo habitual. No hubo embajadores, pero sí visitas. Por un lado la ya habitual de el Carlitos Gracia, que aparece y desaparece por la sede como el Guadiana, Por otro, y esto sí que es novedoso, la presencia de una mujer en Brácana. El único culpable de tal sacrilegio es el Paticorto de las ondas que acudió tarde, para variar, acompañado de la hermana de la Marina, llegada desde tierras galas. El caso es que con su entrada hubo caras de sorpresa pero al final, como son unos blandengues, todos acabaron aceptando su presencia. Eso sí, sólo de manera temporal, porque la Elisabeth abandonó la sede después de la primera tapita en barra, con algún cancanasso de vino en el cuerpo.



Con estas dos excepciones, mis colegas bracaneros han metido ya el pie en el mes de marzo. Era por tanto una oportunidad para ponerse al día económicamente y organizar el intenso calendario bracanero para las semanas venideras. El caso es que a pesar de la normalidad aparente, pude percibir un ambiente algo diferente desde mi llegada a la sede. No acabé de enterarme de la película hasta bien entrada la noche, cuando el Ministro de alimentación empezó a preparar un arroz con bogavante que acabó por escamarme del todo ¡Coño, claro! Estaban celebrando el cumpleaños de el propio Ministro de Alimentación y del pijo del pádel. No penséis que se quedaron tranquilos con el plato principal, no. Con anterioridad ya se habían metido entre pecho y espalda un perolito de chorizo con sidra, acompañado de unos litracos de fino El Elegido, llegado hasta la sede por mediación de el Carlitos Gracia, para festeja el aniversario de su primo. Eso sí que es un detalle que, por cierto, agradecieron todos los bracaneros. Puesto a nombrar detalles relacionados con el cumpleaños de los susodichos, hay que destacar el regalito con el que se presentó el Ligre, dos llaveros, uno para cada uno, con la imagen de Paco de Lucía y del Naranjito ¿Es o no es un detalle?
Hoy obviaré hablar del consejo de ministros y demás actividades propias de los jueves en Brácana, para detenerme en el plato principal de la noche, del que ha he hecho algún apunte ¡Qué cabrones, cómo se ponen!



Para quién no lo sepa, y así os pongo los dientes largos, el bogavante, también llamado Homarus gammarus o lubigante, es un custráceo, que le da un gusto al arroz acojonante. Posee cinco pares de patas, además de su cuerpo, que hacen salivar sólo con verlas. Pues bien, de las patas y el cuerpo sólo quedó la cáscara y eso que el Ministro de Alimentación incluso había pelado parte del bicho. Se pusieron tiernos a cucharadas y chupetones para alegría de el Quini, pinche de la noche, que apenas si tuvo que limpiar la perola. A esas alturas de la noche, alternaban el fino el Elegido con el fino el Pato aportado por el Abertxale. Una manera como otra cualquiera de catar distintas variedades.
Para cerrar el homenaje culinario y cumpleañero, el Pijo del pádel aportó un pastelón, elaborado por la Mariquilla, para terminar otra noche en la que se acostaron sin comer, y van......



Poco más tengo que contar, además de señalar que no perdonaron los digestivos. La próxima semana inician su particular tiempo de pasión. Mientras en la vecina ciudad de Montilla proliferan los actos cofrades con motivo de la cuaresma, mis compinches dicen que también se darán unos latigassos, para arrepentirse de los pecados cometidos. Dicho en plata, que se van a jalar todo lo que no se jalan de lunes a miércoles y de viernes a domingo.



Por cierto, se me olvidaba. El pecado cometido por el Paticorto de las ondas, haciéndose acompañar por una mujer, fue perdonado porque se presentó con la tercera entrega de la Historia Ilustrada de Brácana. Eso sí, parece ser que ya ha agotado los puntos, como en el carné de conducir.

5 de marzo de 2014

5 de marzo de 2014 - Sin comentarios

Un cuarteto peligroso

La verdad es que esta semana no sé si estoy contento o triste. Al final, lo que comenzó como un rumor se ha convertido en realidad y Paco de Lucía ya es uno más aquí arriba. Seguramente deja un hueco insustituible ahí abajo aunque, como nunca llueve a gusto de todos, aquí tenemos ya al mejor guitarrista del mundo. Sólo un apunte de su llegada, porque hoy tengo tela que contar del jueves bracanero. El tío llegó con la guitarra debajo del brazo preguntándole del tirón al portero por el infierno. Claro, el hombre está acostumbrado a que la gente pregunte la dirección hacia el cielo, así que se quedó a cuadros y sólo acertó a preguntar que si buscaba a alguien en concreto.
- Busco un sitio pa tocar la guitarra sin que nadie me toque los cojones. En plata, que no me calienten la cabeza diciendo que molesto a los vecinos.
Así que el portero lo mandó del tirón para el Flamenlimbo. Allí andábamos con los preparativos cuando llegó a la puerta. Vio al personal trajinando y sólo dijo una cosa:
- El Camarón y el Morente que se vayan aclarando la voz, que ya he llegao.
El resto sólo puedo calificarlo de una manera: DE TRACA.



También estuvieron finos el pasado jueves en Brácana. Como al día siguiente se festejaba el Día de Andalucía en la vecina ciudad de Montilla, mis compinches levantaron el freno de mano y, claro se pasaron de frenada. A ello contribuyeron los cuatro embajadores de la noche que plantaron pie en Tierra Santa para convertir la sede en el festival del humor. Lo explico después de presentarlos. Por un lado llegaron tres hermanos, el Mariano Cruz, el Tifa y el Chocolate llegaron de la mano de el Niño, hijo de éste último. Junto a ellos estuvo el José Cobos, padre de el Mochu, embajador veterano de la República y, entre los cuatro, reventaron más de una quijá a base de chascarillos. Hacía tiempo que no veía tanta carcajada en Brácana y lamento no recordar ninguno de los chistes que allí se contaron pero claro, entre tanta comida, tanto vino y tantas voces, cualquiera retiene en la memoria la retahila de comentarios que allí soltaron.



El caso es que el ambiente comenzó calentito desde primera hora. Para picar al personal, el Ministro de Alimentación le quitó otro par de centímetros largos al jamón, a modo de primera tapita en barra. Por cierto, que el Pijo del pádel se va a dejar la mano un día en la barra con los avisos, o algún día simplemente se rompe la mano. Como ya contaba la semana anterior, de remanente vinateros andan sobrados y, para colmo, el Mariano se presentó con unos litricos de fino El Chache, ya degustado en Brácana con anterioridad, que por las caras de satisfacción debía estar de muerte. Entre copas, miajones de aceite y jamón, llegaron las primeras anécdotas de la noche, no en balde el Chocolate es colega de trabajo e mi amo, el Silencioso y el Pepeluí. Un tipo sin pelos en la lengua por lo que pude apreciar, porque tarda en cagarse en to lo que se menea lo mismo que un cura loco en persignarse.



Ya calenticos, con el Chocolate empujando al personal hacia un punto sin retorno, llegó la segunda tapita en barra, traída por los embajadores. La tortilla tenía una pinta de huevos, nunca mejor dicho,  así que desapareció como Houdini en el espectáculo La metamorfósis. Entre pincho y pincho, cayeron algunas copas de vino, dando tiempo a la siguiente tapita en barra, un cóctel de mariscos, también traído por los embajadores con una pinta... joer, no se me ocurre nada, pero los tenedores entraban y salían de la bandeja que daba gusto, así que también debía estar de huevos. En este punto hubo gente que entregó la cuchara. Bueno, mejor dicho, el tenedor. Así que se dieron un leve respiro para volver a la charlita tertuliana, donde cayeron los primeros chistes. Para evitar que la cosa se despendolara, mi amo dio comienzo al Consejo de Ministros donde se repasó de manera rápida los embajadores que visitarán la República durante el mes de marzo y apuntaron algunos detalles sobre la inminente entrega del IV Premio al Mérito Gastronómico. Tras el Consejo llegaron los juramentos pertinentes, con unos embajadores entregados a la causa, que juraron fidelidad a la República, como corresponde, a pesar de que algunos dudaron a la hora de estampar su firma, temiendo que se la estuvieron colando con alguna hipoteca o algo parecido.
Como no habían tenido suficiente trabajo en la mandíbula, casi sin respiro llegó el plato fuerte de la noche, una carrillada en salsa con patatas fritas, ante la que hubo reverencias. Los que habían entregado el tenedor volvieron a cogerlo, imaginando una noche de ardores. No obstante, en Brácana no hay dolor, así que dieron buena cuenta del citado plato. De postre cayó una cosa ligerita, unos platicos de piña y melocotón en almíbar, con los que cerrar el apartado gastronómico. Con el estómago lleno comenzó el repertorio de chistes, donde el José Cobos y el Chocolate se licenciaron con Cum Laude ¡Vaya repertorio! Chascarrillos viejos, nuevos, de curas, de la guardia civil, de estudiantes, de animales y sobre todo, verdes como los prados de Asturias. No creo que nadie se sorprenda a estas alturas ¿no? Todo esto estuvo acompañado de los digestivos de rigor, una suerte que el Chocolate había inaugurado una hora antes.



Justo en este momento extendí las alas y di por cerrada la noche, que ya llevo bastante en las dos últimas semanas. Un jueves más, el mundo se detuvo durante unas horas y ni el conflicto de Ucrania, ni el caso de las preferentes, ni la trama Gurtel, enturbiaron un buen ratico de tertulia con un cuartero de emabajadores más que peligroso.