25 de noviembre de 2014

17 de noviembre de 2014

17 de noviembre de 2014 - Sin comentarios

Noche de gratitud a base de vino

El pasado jueves, viví uno de los momentos de gratitud más importantes desde la creación de la República de Brácana. Ya he comentado alguna vez que la calidad de la tertulias semanales viene marcado la mayoría de las veces por el talante de los embajadores que visitan la sede. Pues bien, los de la última semana no sólo se lo pasaron como los indios, sino que dejaron muestras de ser fieles seguidores de las andanzas bracaneras cada siete días. No sólo soy yo el que anda alucinado tras la última visita. Mis colegas de timbas aquí, en el limbo, también andan deslumbrados porque sus nombres salieron a relucir en la quedada del último jueves. Fueron Saramago y Sampedro los que salieron a relucir por boca de los embajadores, aunque también podían haber sido cualquiera de los otros: la Amy, Rockberto, Labordeta.... ¡Vaya cuadrilla! Me voy saltando de rama en rama y todavía no os he contado el por qué de esta gratitud desbordante, que ha sembrado una propuesta de migración del limbo hacia Brácana. Lo único que faltaba es que el número de habitantes bracaneros se incrementara de manera permanente con estos elementos. Por si no la lían parda cada semana, echarle más madera al fuego sería.... espectacular.


Pero bueno, a lo que vamos. La pasada semana llegaron hasta la sede cuatro personajillos curiosos -sólo cabe llamarlos de esta manera- como el Carmona, el Alfonsito Osuna, el Antonio Córdoba Machaco y el Juli Carrasco. Llegaron de la mano de el Pijo del pádel y, claro, había cierta expectación porque ser amigo de este elemento lleva implícita la palabra peligro. Efectivamente, las expectativas no defraudaron y desde primera hora se mimetizaron de tal manera con el personal, que no se sabía si había once o quince bracaneros en la sede. El caso es que la cosa empezó calentita desde el principio, animada desde fogones por el Ministro de alimentación y el pinche de la noche, el Silencioso, que tuvo un día complicado.


Las tapitas en barra no tardaron en sucederse, primero con las habituales aceitunas, el jamón con aceite y, en esta ocasión, la morcilla llevada días ante por el Juan Castillero. Precisamente el vino del embajador montalbeño volvió a estar presente junto al mosto de Cañada Navarro y un bag in box de fino La Puñalá con el que llegó mi amo. Ya con la base alimenticia entre pecho y espalda, se repartieron entre la mesa y la barra unas gambas de la Carchena, pescadas, según dijeron los embajadores, a caña, una a una, por ellos mismos. Joer, si es que tienen arte hasta pa eso. Como no era suficiente, el Pepeluí se marcó unos Frutos de la Huerta de La Malena encamados con trozos de cave de corral, o lo que es lo mismo, pinchitos de pollo con papas a lo pobre. Entre tanto el personal iba alternando los tres vinos nombrados con anterioridad, a un ritmo vertiginoso.


Las conversaciones y el personal saltaban de un banco a otro, cambiando del fútbol al sexo femenino, de la política al sexo femenino, y de las anécdotas de juventud al sexo femenino, que siempre es un tema recurrente. Evidentemente no faltó el Consejo de Ministros que esta vez estuvo repleto de temas de máximo interés como la próxima peregrinación a Casa Palop, los preparativos de la cena de Navidad o la próxima celebración de la fiesta bracanera de Noche Vieja. No faltaron tampoco los juramentos, cumpliendo la Tertulia número 260... ahí queda eso. Abrió el fuego el Machaco, que terminó animando al personal a hacer la ola, después del cancanasso con el que se le saltaron hasta las lágrimas. Tras él, cuando el Juli se preparaba para acceder el atril, la Pantera hizo buenos los pronósticos rompiendo un nuevo catavino que mantiene su media de copa por tertulia, más o menos.


El Juli estuvo más calmadito. El pobre, según pude escuchar, se levantaba temprano para ir al tajo, así que no tuvo más remedio que ir con el freno de mano echado. Quienes llevaron el acelerador a fondos desde el inicio fueron el Carmona y el Alfonsito. El primero pegó tres jarpíos tras el juramento, que reventó más de un tímpano. Coño, por momentos lo recordé en el centro de la defensa del Montilla C.F. cagándose en to lo que se menea para meter intensidad. No menos movido fue el juramento de el Alfonsito que, por primera vez en la historia de Brácana, fue traducido de manera simultánea al lenguaje de signos.


A eso de las 23:30 horas ya había acabado el protocolo bracanero. No obstante, los embajadores traían guardada una sorpresa más, con la que vuelvo a la gratitud de la que hablaba al principio. Se refirieron a Brácana como Pueblos Libres, se acordaron de mi mismo, de mis colegas Saramago y Sampedro, mostraron su orgullo por convertirse en embajadores de la República y, sobre todo, sus ganas de que la Tertulia perdure en el tiempo, para seguir siendo partícipes de la bendita locura que se forma cada jueves. Este fue el texto completo, para que veáis que no exagero ni un grano de alpiste.

Sr. Presidente de la REPÚBLICA INDEPENDIENTE ANÁRQUICA Y LAICA POR LA GRACIA DE DIOS DE BRÁCANA. Sres. Ministros, para nosotros, ciudadanos allende de los Montes Bracaneros, oriundos de la amiga República de las Casas Nuevas, amigos de los pueblos libres, es todo un honor el poder traspasar las puertas de este legendario lugar llamado BRÁCANA CENTER. Nos sentimos emocionados al estar en este cónclave e ilusionados por formar parte como embajadores de esta mitológica República.
Somos conscientes de lo que este juramento significa. Al mojar nuestra mano en aceite y alzar la copa de vino al cielo de Brácana, nos conjuramos para llevar orgullosos, a todas las repúblicas amigas a las que nuestros humildes pies nos lleven, los ideales que ustedes representan.
Hoy hemos descubierto y hemos sentido la magia que encierran estas paredes.
Desde los primeros días de esta República, allá en el callejón, hasta hoy, todos los fundadores y cargos ministeriales habéis desarrollado una extraordinaria labor cultural, gastronómica y deportiva. Todo ello aderezado de grandes cantidades de amistad y compañerismo, regado todo con las miles de variedades de vino que el Dios Baco puso a disposición de los humanos.
A pesar de que esta República es joven en años triunfales, habéis pasado pruebas tan duras como un intento de golpe de Estado, cuyo fracaso no hizo sino afirmar los pilares de vuestros magnos ideales.
Nos hubiese hecho una enorme ilusión rendir tributo al inolvidable Punselito, pero nos queda la satisfacción de saber que, allá en el limbo, sigue más vivo que nunca y refleja la realidad cotidiana de esta República como cronista oficial de Brácana. Junto a él están los más grandes, que hoy ya no están con nosotros, guiándole por los recónditos caminos de la vida. Saludamos al entrañable Saramago y a otro personaje que hace poco nos dejó, como José Luis Sampedro, que todos los días le recuerda a nuestro querido Punselito, que debemos seguir luchando y que no sucumbamos bajo el huracán destructor del consumismo voraz y de la distracción mediática mientras nos aplican los recortes.
Por último, dar testimonio de nuestra enorme gratitud al Ministro de Defensa, el Pijo del pádel, por habernos propuesto como embajadores de esta noble República.
Sabed que cuando hoy salgamos por estas puertas, un pedacito de esta admirable República irá con nosotros en nuestros corazones.

Salud y vivan los pueblos libres.

Permitidnos que hoy hagamos nuestro vuestro grito de guerra:
BRACANEROS... AU, AU, AU


Julián Carrasco Herrador
Antonio M. Córdoba Cantos
Alfonso Osuna Márquez
Manuel Carmona Gómez

En Brácana a 13 de noviembre de 2014


A estas alturas de la noche el personal andaba revolucionado. No obstante, cuando se piensa que la cosa no puede ir a más, salta la liebre. El Juli sacó unas botellas de Fino La Cuadrilla, apodando así, sobre la marcha, un vino de Moriles Bajo. Era la guinda que faltaba para acompañar al plato fuerte del día, un rabo de ternera, que no de toro, preparado por la Inma, consorte de el Machaco. Entre sopones y lametones, fueron dando poco a poco con la perola, que se encargaron de apurar el propio Machaco y el Niño. Por si fuera poco, faltaba el remate, que llegó con sendos cacharros de gachas, unas traídas por los embajadores y otras por la Marina, como manda la tradición cada mes de noviembre. Esta vez no voy a engañaron. No hubo cojones de comérselo todo. Si, como lo estáis oyendo. No obstante, el Silencioso ha hecho el juramento de ir jalándose de manera progresiva en los próximos días.


Ya con el postre finalizado, llegó la tanda de digestivos. Esos sí que no los perdonan aunque se hayan puesto ciegos a comer. Ahí se pudo ver de nuevo el buen rollo existente entre embajadores y bracaneros, que a eso de las una y media de la tarde echaban la llave, pensando en el emocionante mensaje traído por los cuatro fantásticos. Adornará las paredes de la sede en breve, para conocimiento de embajadores y generaciones venideras.


13 de noviembre de 2014

13 de noviembre de 2014 - Sin comentarios

Gente de vinos... tertulia segura



Aunque no es menos ciertos que cada jueves es un despiporre en Brácana, cada cierto tiempo la quedada semanal de mis compinches adquiere unos derroteros vinateros dignos de elogio. En buena parte, estos tintes culturales vienen marcados por la personalidad de los embajadores que todas las semanas acuden con la única intención de pasar un buen rato y, si es posible, disfrutar del buen vino. Como he oído por ahí abajo en alguna ocasión, habiendo vino bueno es una tontería beberse el malo. Con esta premisa, por Brácana Center pasaron la última semana tres personas bregadas en el noble arte del vino. Dos de ellos ya había pisado Tierra Santa en anteriores ocasiones, no obstante en esta ocasión estuvieron bien arropado por el Santi Jiménez, responsable de la gestión de lagar Cañada Navarro, junto a su hermano Manuel. Ambos se hicieron acompañar por otro de los grandes benefactores de la República, como el Luis Giménez, al que el mundo del vino tampoco le es ajeno, como responsable directo de Bodegas Alvear. Con estos mimbres, que la conversación derivara en asuntos de vino era cuestión de tiempo.


Para no desentonar, los invitados acudieron hasta el lugar del crimen con sendos bag in box de Cañada Navarro. Tengo que reconocer que el primero, lleno de mosto del año, no levantó demasiada expectación, bajo el pretexto de que en Brácana los vinos jovencitos no acaban de encajar. no obstante, de el segundo, un fino en rama del mismo lugar, no dejaron ni gota, levantando loas y parabienes, en especial de el Pijo del pádel que, un jueves más, se puso como a nadie le importa.
Entre charlas y vino, fueron cayendo los manjares gastronómicos preparados para la ocasión por el ministro de alimentación. Primero fueron unos platicos de aceitunas en lejía del suegro de la Pantera, que por cierto no acudió por enfermedad, de igual manera que el Niño. Junto a las olivas verdes, cayeron varias raciones del aceitunas partidas de el Chocolate, amén de los ya tradicionales platos de jamón, al que casi se le ve ya el hueso. Después de las tapitas, el Pepeluí se destapó como lo que es, un chef de campanilla que no tiene estrella Michelin, sino medios de vino en la solapa del delantal. El jueves se marcó unos Tubos de patata frita atascados con chistorra. Entre la presentación y el sabor del manjar, hubo quien postuló al ministro de alimentación como candidato a la próxima edición de Master Chef, peor no como participante, sino como jurado.


Ya metidos en harina, mientras el vino iba aumentando el nivel de las conversaciones, se procedió a la realización del Consejo de Ministros y al juramento del nuevo embajador. Éste prometió fidelidad a la República y, sobre todo, seguir venerando al vino, auténtico motor de Brácana. Faltaba el plato fuerte de la noche, que tampoco defraudó: una cazuela de setas y gambas con huevos de cordoniz, que sirvieron de antesala a un nuevo golpe de fruta y a los digestivos de rigor.



No me gustaría cerrar la crónica sin hace referencia a mi amo que encadiló al personal con unas zapatillas agenciadas por internet de color morao nazareno. Tal fue la expectación, que casi todos acabaron probándoselas y encargando un par para fechas próximas.
Lo dicho. Podría seguir contando anécdotas de las charla pero, como pasa en las tabernas, lo que se dice en la barra muere en cada copa vacía. El que quiera saber, que se compre un libro o, en su defecto, que pida cita para acudir a Brácana.


4 de noviembre de 2014

4 de noviembre de 2014 - Sin comentarios

¿Corrupción en Brácana?


Hasta el Cóndor bendito de los Andes debe estar escandalizado por todas las corruptelas que estamos conociendo en estos días por ahí abajo. Compartía tertulia y vino este domingo con Labordeta, Marcelino Camacho y Santiago Carrillo, que me propusieron un juego para dejar pasar la tarde en torno a este asunto.
- Coño Punset, vamos a hacer como tus colegas bracaneros. Entre los cuatro, por turnos, vamos a ver de cuántos escándalos de corrupción nos acordamos.
De esta manera nos tiramos más de un cuarto de hora a piñón, repasando nombres. A ver si me acuerdo de los más sonados y de algunas de las personas vinculadas a todos estos chanchullos:
Tarjetas Black -Miguel Blesa-, Caso Bárcenas -Luis Bárcenas-, Aerolíneas Argentinas y Grupo Marsans- Gerardo Díaz-, Caso Núñez -José Luis Núñez-, fusión y salida a bolsa de Bankia -Rodrigo Rato-, Catalunya Caixa -Narcís Serra-, falsos ERES -Magdalena Álvarez-, Caso Nóos -Iñaqui Urdangarín y Cristina de Borbón-, Novo Carthago -Joaquín Bascuñana-, Pokémon -Santiago Ángel Currás, Operación Púnica -Francisco Granados y David Marjaliza-, Caso Gürtel -Álvaro Pérez, El Bigotes-, Caso Pujol -Familia Pujol Ferrusola- ... y así hasta un largo etcétera, a pesar de que me dejo muchos en el tintero.
- Joder, Santiago, ahora que caigo, lo de ahí abajo, en España, no tiene nombre.
- Pues no Punset, pero ¿qué sabes tú de los chanchullos de tus colegas?
- No sé a qué te refieres, Marcelino.
- No te hagas el tonto que lo vuestro también huele a quemado a lo lejos, sobre todo viendo la pinta que tienen los dos que llevan las cuentas....
- No te pases Marcelino, que el Silencioso y el Maestro son gente honorable.
- Claro, claro, Punset. También lo era Pujol y fíjate por donde anda ahora.
- A ver, cuéntanos lo de este jueves y verás como hay puntos oscuros. Allí un inspector de hacienda se ponía las botas. Pero claro, como no hay ministerio que investigue, viven en la impunidad más bochornosa. Más o menos como en el país vecino.
Con este ataque frontal no tuve más remedio que relatar la crónica del jueves. Con sus aportaciones, se me erizaron las plumas del cuello.
Punselito: El caso es que este jueves ha estado la cosa complicada. Repetían como embajadores el Pichichi y el Juan Castillero, propietario de la célebre bodega La Fundi, que  vino acompañado de otro elemento de cuidado como el Juan Soler, constructor de la localidad de Montalbán.


Labordeta: ¿Constructores y empresarios del sector del vino, en Brácana? ¿No te suena raro de entrada? Así empezaron muchos negocios turbios en España ¿Viste si llegaron con bolsas y cosas por el estilo?
Punselito: A ver José Antonio, que el Castillero tiene una bodega privada y el Juan Soler es albañil ¡No te pases! Aunque la verdad es que bolsas y cajas sí que llevaban. De ellas salieron, chorizos, morcillas y vino al por mayor.
Santiago: ¿Ves? Sobornos gastronómicos, que son como los otros, pero a pequeña escala. A ver cuenta del tirón, que ya no te interrumpimos hasta el final.
Punselito: El caso es que los tres llegaron a Brácana atendiendo a la invitación realizada, no por iniciativa propia, que todo hay que decirlo. Con anterioridad mis compinches habían atendido otra llamada de los propietarios de Hisa, Después de la reforma, de nuevo abría al público y, para darle brillo a la jornada, hicieron una invitación general a Brácana. Salvo excepciones justificadas, allí pude ver una nutrida representación de habitantes de la República No obstante, para no hacerse pesados y atendiendo a sus obligaciones, poco antes de las nueve ponían rumbos a la sede.


Como bien decís, los invitados de la noche, el Pichichi, el Juan Castillero y el Juan Soler, llegaron bien cargados a Brácana. Dos bag in box de vino de La Fundi, además de chorizos y morcillas y una cesta de fruta. De hecho, la noche parecía una celebración a tenor de las tapitas en barra que se sirvieron. Un día más le bajaron unos centímetros al jamón, además de meterse entre pecho y espalda unas anchoas aliñadas por la Mamá María, la suegra de el Silencioso. No contentos con ello, le atacaron sin compasión a la garrafa de aceitunas en lejía que ha preparado para la temporada el suegro de la Pantera de la ITV. Además, se jalaron una aceitunitas partías aportadas por el Chocolate, padre de el Niño, aunque preparadas según escuché por su madre. Si creéis que la fiesta culinaria quedó ahí, os equivocáis. El Niño apareció también con una bandeja de riñones en salsa, que cayó acto seguido y justo antes, también le metieron mano a los chorizos y las morcillas.


Marcelino: Para, para, Punselito ¿De verdad que no te extraña tanto agasajo?
Punselito: No, porque jueves a jueves esta gente se ponen ciegos a comer y beber. De hecho cerraron la tarde culinaria con unas gulas con patatas y huevo que hicieron resoplar a más de uno. La verdad es que más o menos es lo normal. Allí la gente es agradecida y aportan tanto o más que mis compinches cada jueves, a pesar de que la invitación no implica nada de eso. De todas maneras, quiero detenerme en el embajador que juró esa noche, el Juan Soler.


De acuerdo que procede del gremio de la construcción y que el sombrero que llevó toda la noche le daba cierto aire de gámster campiñés. Pero de ahí a decir que no es alpiste limpio, hay un trecho. Aunque, ahora que lo pienso, el hecho de que sea miembro de la Federación Andaluza de Defensores del Gallo Combatiente Español, da qué pensar. Además, por si fuera poco, el tío no hacía más que sacar de la cartera unos papeles, que no creo que fueran los de Bárcenas, en los que decía tener apuntados chascarrillos para las noches de fiesta.
Santiago: Y ¿qué me dices del contrabando? Porque he oido que algo ahí por allí.
Punselito: Bueno, ahí tengo que dar mi patita a torcer. El jueves llegó mi amo con una botella de whisky escocés de malta de diez años que no llevaba precinta. Aberlour, creo que era la marca.
Labordeta: ¿Ves? Te lo decía.


Punselito: No exageres José Antonio, que cerraron la noche como siempre. Vamos, con fruta y digestivos, entre los que incluyeron una cata del citado whisky. Igual tengo que afinar un poco y fijarme en algunos detalles, porque es verdad que con el corto presupuesto que tienen, los tíos lo estiran cantidad. De todas maneras, allí los únicos chorizos que he visto son los que llevaron los invitados, así que no pongáis fantasmas donde sólo hay ganas de juerga. Pa chanchullos los que se gasta la clase política en el país vecino ¡No te jode!


30 de octubre de 2014

30 de octubre de 2014 - Sin comentarios

A pesar de las bajas

La familia bracanera sigue creciendo y el calendario va normalizándose con la llegada de nuevos embajadores, como los que visitaron la sede el pasado jueves. Aún así, el pleno se resiste, porque la pasada Tertulia registró otras dos bajas. La primera fue la de mi amo, que sigue empeñado en encontrar a Nessy por tierras escocesas. No obstante, mucho más triste fue la ausencia del Ahijao que no pudo pisar Tierra Santa por culpa de un trancazo del quince que lo mantiene en el dique seco. Fue una lástima porque el jueves hubo Tertulia de la güena, de esas que comienzan hablando del tiempo y terminan por dar repaso a Bankia, las tarjetas opacas y el clásico entre el Real Madrid y el Barcelona.


Parte de culpa de este buen rollo la tuvieron los dos nuevos embajadores, que llegaron de la mano de el Ministro de Alimentación. El Ramón el de la Caja y el Miguel Ángel Ramírez son dos boinas verdes del charloteo y el alterne. De hecho, como ellos mismos dijeron a lo largo de la noche, no sabían a lo que iban a Brácana. Pero claro, si como aliciente te ponen que tan sólo vamos a beber y comer, cualquiera se niega.


Para romper el hielo, tras las aceitunitas de rigor, acompañadas de la cerveza que cada semana hace el pie de cuba, llegó la primera tapita en barra. Estuvo precedida por los leñassos de rigor que el Pijo del pádel mete en la barra siempre a modo de aviso. Mis colegas ya están advertidos, pero los nuevos embajadores se pegan unos sustos que cualquier día acabarán en verdadero acojone. El caso es que, por tercera semana consecutiva, atacaron al jamón sin compasión, regado pertinentemente por su aceitico correspondiente. Para mitigar tal sufrimiento, no tuvieron más remedio que meterle mano al Fino El Puma, pero sin compasión. Este vino forma parte de la historia de Brácana ya que, como el Guadiana, aparece y desaparece, pero nunca defrauda. No contentos con el jamón, veo que el Pepeluí comienza a preparar las comilonas de la inminente Navidad. No apto para vegetarianos, la segunda tapita en barra fue una morcilla con piñones, que sirvió para aplacar el hambre un poco más.


El Consejo de ministros fue dirigido esta vez por el ministro de Alimentación, que lo mismo arregla un roto que un descosío. De hecho, el tío se vino arriba y se arrancó a presentar a los embajadores en verso, haciendo aflorar una faceta lírica desconocida hasta entonces. En el Consejo, se habló de los próximos embajadores y de una visita que están preparando a un sitio llamado Casa Palop. Ya lo he oído en alguna ocasión y ardo en deseos de conocerlo. Cada vez que se pronuncia ese nombre, se forma el silencio más absoluto, como si hablaran de algún lugar mítico. Solventado el trámite de dar cuenta de los eventos más cercanos en el tiempo, se procedió al juramento de los dos embajadores. Mantuvieron el tipo y eso que a esas alturas de la noche el Fino El Puma casi había volado. Menos mal que siguen teniendo en el fino del Lagar Blanco su reserva federal particular... no se les escapa detalle. Lo alternaron con el plato fuerte de la noche, una marmita -no se puede denominar de otra manera- de alcachofas al Montilla, aderezadas con cabezada de cerdo.


A partir de ahí la intensidad de la Tertulia fue bajando progrsivamente, entre otras cosas por que ya se acercaban a la primera hora más temprana del día. De hecho, tras jalarse unos racimitos de uvas, apenas si quedaron en la Sede los dos embajadores y el incombustible Ministro de Alimentación. El resto dieron por cerrada una nueva noche de charla, vino y gastronomía, aunque empezaron la cuenta atrás para la siguiente Tertulia, con la podrán punto y final al mes de noviembre.

Una noche de motores

Vaya ajetreo en las últimas semanas. No me dejan parar y es que parece que no entienden a un pajarito que está aquí arriba y al que los otoños le sientan cada año peor. No sé si será porque me acuerdo de aquellos años en los que mi amo empezó a recibir en su casa a aquellos locos que decían ser sus amigos. Yo estaba vivito y coleando y, como dicen por ahí abajo, los años no pasan en balde. Los cambios de estación con la caída de la hoja me da mal yuyu, presagio la llegada del invierno y aquí, a veces, también hace frío y los jueves por la noche, a veces, no sé donde refugiarme para que no se me escape detalle.


El caso es que me está costando coger el ritmo y ponerme al día y eso que me tienen entretenido y a mis colegas………. cuando les cuento las noches de catas, de toros, de petanca,… se vuelven locos y todos quieren bajar, hasta las mujeres, ¡vaya mujeres que hay aquí! ¡y pájaras! Y eso que saben que no pueden entrar. Siempre me dicen “CUANDO HAY PUERTAS ABIERTAS”.
En fin, otro jueves más y después de este preámbulo me estoy viniendo arriba como El Niño El Molino del Toro que aunque no ha podido asistir, mi amo, sé que está contento y preparando un viaje para celebrar “ el convite” que a su vez celebró con su familia y amigos. Sí, así como suena, un convite y herido de la corrida de la semana anterior. Otro que también faltó a esta cita fue el Ministro de Información y Comunicación por culpa de un latigasso en la espalda que lo dejó hecho una alcayata (Esos latigassos con otros latigassos se quitan, dice un dicho por ahí).  Si cuando digo que no tienen jartura, digo bien ¡Que se me va el pico y la cabeza por los cerros de Parapanda!


La noche empezó tranquila pero al ver  a los debutantes de la noche que venían de la mano de El Ahijao (Ministro de Nuevas Tecnologías…..) y a su vez  mecánico también en la vecina localidad de Montilla y amigo de su jefe el Villar, me hice temer otra noche loca: Algún rally, carrera de Fórmula 1 ó una de motos… y es que todos los debutantes estaban relacionados con el mundo del motor, a saber:
Rafa Villar junior (El Villar), mecánico de coches; Carlos López (El Charli), mecánico de motos;  Rafael López (El Rubito);  José Cerezo; Emilio López de la Ahumada  que vino desde Lucena para estar con sus colegas y José Luque (El Pepillo), estos dos últimos también relacionados con el mundo del automóvil.


Su entrada en Brácana fue triunfal pues igual que los reyes magos entraban triunfales por todas las localidades en el día de reyes, ellos también venían cargados de regalos para la tertulia del día: Gambas, tortilla de patatas y huevos rellenos y eso unido al fin de fiesta preparado por el Ministro de Alimentación y Dietética, pusieron el colofón a una degustación del vino Fino Morris (tetrabrick de 5 l) y posterior remate al tetrabrick del lagar Blanco. Y es que, según decían los invitados: En este país se bebe vino, “si se bebiese así en mi pueblo.”
Los juramentos para el nombramiento de nuevos embajadores se fue realizando conforme al protocolo establecido, hasta que se oyó el apellido “de la Ahumada”, apellido insigne a lo largo de los dos últimos siglos en la vecina España. Aunque no se le preguntó al Emilio por su procedencia, puede que sus antepasados procedan del Primer  Duque de la Ahumada, allá por el año 1778.


La noche transcurrió con tranquilidad y a eso de la primera hora más temprana del día, después del cancanasso correspondiente a los digestivos, los tertulianos se fueron retirando agradecidos y contentos. Todos excepto los más jóvenes que quisieron disfrutar un poco más de la noche y permanecieron un rato más. Aunque esperé para verlos salir, no pude más y me dormí. Una pajarita, que dormía a mi lado,  me ha dicho que al día siguiente a algunos se les pegaron las sábanas.
Y ya queda menos para el jueves próximo….

24 de octubre de 2014

24 de octubre de 2014 - Sin comentarios

Grave cogida en el coso de Brácana

Tiempo atrás la sede institucional de Brácana se ha convertido por días en una pista de atletismo, otras veces en velódromo, en otras ocasiones en una pista de dardos pero, lo del jueves pasado, no lo había vivido nunca. Transformar este espacio en una plaza de toros, burladeros y enfermería incluidos, me parece excesivo. Lo que vi hace algunos días es digno de una película de Fellini y no lo digo por las interpretaciones. Lo que allí ocurrió fue tan real, que hubo incluso quien tuvo el teléfono en la mano para llamar a la ambulancia ante la gravedad del asunto. Pero, como dijo Jack en repetidas ocasiones, vayamos por partes.
El caso es que yo llegué relativamente temprano. A eso de las 20:30 ya andaba tirándole los tejos a una paloma Zurita que suele apostarse justo en frente de la sede institucional. El galanteo dura ya más de dos meses y todavía no he tocado buche. Pero bueno, a lo que vamos. Uno tras otro fueron llegando, más o menos puntuales, siendo recibidos por una suerte de bodegón que había sobre la mesa, que contenía dos botellas de Verdejo Rueda y seis más de Ribera del Duero.


Fue el primer síntoma de que algo gordo se estaba cociendo. No obstante, me escamó más aún ver que algunos de mis colegas tenían una media sonrisa de póker oculto, segundo síntoma de zapatiesta. Aún así, aún no tenía ni idea del rumbo que iba a tomar una noche, hasta entonces tranquila. Tras la cervecita de rigor comenzó a arder la mecha que acabaría directa en el bidón de la pólvora. Mi amo y el Abertxale, con un secretismo digno de la Gran Logia, sacaron unas botellas sin identificación alguna. Según dijeron, el padre del Abertxale se las había dejado con la condición de improvisar una cata para que los bracaneros le dieran su más sincera opinión. Para cavar un majuelo no sé si estarán dispuestos pero, para beber vino, se las pintan solos. El caso es que eran dos botellas de vinos diferentes y, con los vapores del líquido elemento, se enfrascaron en las conversaciones y opiniones más variadas. En ello estaban, cuando salió la primera tapita de la noche, Fueron unos platicos de jamón, con el que se inaugura la temporada jamonera en Brácana (....y que extienda muchas semanas). Andaban ya mojando sopas en el aceite como posesos, cuando se desveló el misterio del vino sin nombre. Resultaron ser unas muestras de Alvear y que, con matices, está de cojones, según pude escuchar. Allí hablaban como expertos sumilleres. Color, olor, sabor, retronasal, picor... Han cambiado las formas, ahora los once están subiditos porque la gente les pide opinión, pero no han variado el fondo. De hecho el vino se acabó en un pis pas y claro, mientras avanzaba la noche, mayor fue el nivel crítico con las muestras de vino aportadas. Acabado el trámite de la cata, tomó la palabra el Ministro de Alimentación. Yo supuse que era para presentar el siguiente plato, pero no.  Algo dijo de una tal Jessica, que iba a venir esa noche, y que comenzaba la despedida de soltero de mi amo. Claro, se me había olvidado que llevaban tiempo hablando del sarao que tenían previsto pegarse al domingo siguiente. El caso es que la Jessica en cuestión no hizo acto de presencia, pero le plantaron a mi amo un traje de torero, iniciando una faena larga, complicada y no exenta de riesgo.


El Niño el Molino del Toro hizo el paseillo bajo la atenta mirada de su apoderado, Patillitas largas, que no veía clara la faena a los morlacos con la divisa de Alvear, Verdejo y Ribera del Duero. En total, doce astados afamados por su bravura, que tardaron poco en pisar el ruedo. La cuadrilla estaba atenta al quite. El Paticorto, el Silencioso y el Maestro como picadores, el Maestro, el Niño y el Pijo del pádel como banderilleros, y el Pijo de los Balcanes, el Ahijao, la Pantera y el Ligre al capote, están acostumbrados a torear en las peores  faenas.


Salieron primero dos morlacos jaros, de la prestigiosa ganadería de Alvear. El niño el Molino del Toro y sus ayudantes los recibieron a puerta gayola. La larga cambiada afarolada gustó al respetable, arrancando los primeros aplausos del Tendido Siete, que agradecía con vítores la nobleza y bravura de los animales. La faena fue corta pero intensa y acabó con la petición de indulto para ambos que no fue concedida por la presidencia.


Acto seguido pisaron el ruedo dos albahíos de Verdejo, que llevaban por nombre Zapadorado. El Niño el Molino del Toro y el resto del grupo, los pasearon por la plaza con una tanda de naturales, seguidos de unos derechazos, que hicieron desfallecer a los galafates, antes de darles muerte.
A continuación fueron dos colorados, Picón del Rey para más señas, los que salieron al ruedo, acompañados de bufidos que congelarían el mísmisimo infierno. El espada y su cuadrilla acabaron por colocarles unos redondos y unos doblones, que poblaron la plaza de pañuelos. Aún así, no hubo clemencia y la suerte suprema acabó con dos bellísimos animales, que pelearon hasta final.


Aunque las fuerzas comenzaban a flaquear, otros dos Ribera del Duero, Carramimbre esta vez, pisaron la arena. La faena se fue volviendo espesa. Con alguna pedresiana y más de un pase de pecho, la distancia entre los astados y la cuadrilla cada vez fue haciéndose más corta, hasta que el Niño el Molino del Toro puso fin al esfuerzo de todos, animal incluido, con la espada.
Sudorosos por la lidia, aún faltaba la faena más compleja. Dos jijones hermosos, también con la divisa de Ribera del Duero, que llevaban por nombre Viña Milano, saltaron al ruedo. Miraron torcido al diestro que ya preparaba una trinchera para recortar la embestida. El remate por bajo se quedó corto y con el asta derecha, ambos dieron con el matador en la arena.


La cogida parecía peligrosa. Podía verse en el rostro del resto de la cuadrilla y de Patillitas largas, que temía por la vida de su representado. En la enfermería, se pudo comprobar que el Niño el Molino del Toro tenía una cornada de dos trayectorias en pleno higado, que no llegó a mayores gracias a la pronta intervención del cirujano que detuvo la hemorragia. Los astados seguían en la plaza y tuvieron que ser sacados por dos cabestros botineros, después de que la presidencia les concediera, por fin, el indulto.


Puede parece que lo que habéis leido es una coña marinera pero juro, por el Cóndor bendito de los Andes, que es un fiel reflejo de lo que allí sucedió. La alferesía que le dio a mi amo me tuvo acongojado, que no acojonado, varios minutos, sobre todo cuando le vi echar mano de una Coca-Cola que pudo acabar con su vida, sin más. Se me olvidaba, por cierto, que mientras todo esto sucedía, fueron jalándose un chorizo al vino con laurel y una presa ibérica a la plancha, para quitarse el mal sabor de boca de una intensa corrida.... de toros ¡Mal pensados !


Todo esto sucedió hasta la una de la madrugada, más o menos, hora en la que el personal iba ya bien pasado de vueltas. Había quien decía que la alferesía de mi amo era producto del verdejo, que es mu malo. Tan mal andaban mis coleguillas que fueron tomando uno a uno el capote, marcándose desplantes y remates que no acabaron en tragedia porque ya no había toros en la plaza. Cuando ya parecía que las luces del coso de Brácana se apagaban, se metieron entre pecho y espalda una última tanda de digestivos, para acabar como el Rosario de la Aurora.



Por cierto, también se me olvidaba comentar que, al final, el domingo fueron de boda. Estuvo oficiada por el mismísimo Obispo de Brácana y no voy a entrar en detalles porque aquí, en el limbo, me han dicho que mejor será imponer el secreto de sumario, para no herir sensibilidades. Hasta la semana que viene.