19 de febrero de 2017

19 de febrero de 2017 - Sin comentarios

Reencuentro nostálgico

Mira que después del olvido del Maestro la pasada semana, me había planteado incluso no escribir esta semana. Total, si al Presidente de la República se le olvidan las fotos, yo me puedo pasar por el pequeño arco que queda entre mis patitas, narrar las aventuras bracaneras. Al final soy un sensiblón que me ablando nada más escuchar la cerradura de la sede. Además, esta semana tengo motivos más que de sobra para mostrar mi lado más dulce, tras la sesión de pasteleo -del bueno eh, no confundir- que se dieron mis compinches con un embajador veterano como el Lin.


Coño, que yo he coincidido con él cuando vivía, allí en las Tertulias del Callejón. Pocos son los que han tenido la oportunidad de vivir primero estas tertulias primitivas, después las reuniones del jueves en Brácana Center y, además, repetir para contarlo. Pues este es el caso de el Manolo Cabello, excurrante de Alvear, junto a mi amo, el Silencioso y el Ministro de Alimentación. Digo ex porque el tío ya se pega la vida padre tras recibir los papeles de la jubilación. Llegó acompañado de su vástago, el Manuel Cabello y su cuñao, el Antonio Casas, gerente de la firma montillana Casbe. Los tres llegaron con dos cajas de copas de vino, que según parece pondrán en órbita cuando apañen un tinto digno de tal vidrio. También fue una sorpresa ver por allí de nuevo a el Mario Alférez. Aprovechando la excusa, muy mala por cierto, de que tenía que llevarle algo a el Félix, aprovechó para hacerse fuerte en la barra, mientras el personal le espetaba que la próxima vez o viene con vino o.... a la puta calle.


Antes de entrar en detalles sobre lo acontecido en la noche, me detengo un momento en la jatería de la noche, para explayarme a continuación. Acompañando desde el principio al fino C.B:, rularon por la barra y por la mesa platos de jamón, tiritas de bacon con huevo y alcachofas con carne, para cerrar la tanda de muletazos gastronómicos con un flan de turrón aportado por el Lin.
Salvado el capítulo de babeo, digo esto por si lo estáis leyendo antes de comer, vamos con el fondo de la reunión del jueves. Buena parte de la noche se desarrolló entre tertulias sobre la vida en las empresas. El Antonio Casas le recordaba a el Paticorto lo joven que sale en el Canal Recuerda de Montilla Televisión. El Ahijao y la Pantera siguen a lo suyo charlando de motores, cambios de aceite -de coches, se entiende- y otros menesteres mecánicos. Pero la que acaparó la atención del personal de excepción fue la charlita de el Lin. Fue justo después de que mi amo leyera el Capítulo 36 del primer volumen de la Enciclopedia Ilustrada de Brácana. Se desarrolló ya con el verano cerca, en el Callejón, donde se fraguó esta bendita locura. Si recordáis los boinas verdes de este blog, aquello acabó con manguerazos en el patio y piscinazos al estilo Greg Louganis, pero sin tanta agua. Aquello fue terapia de la buena para el Lin, que pasaba en aquel momentos horas bajas en la empresa, por motivos que ahora no vienen al cuento. Joer, si es que el Lin hasta se emocionó cuando lo contaba y, claro, el resto del personal también y a mi, hasta se me saltó alguna lagrimilla. El caso es que el Manolo quería, con esta visita, recordar que las relaciones personales están por encima de todo y que si en aquel entonces mis compis le echaron un capote, ahora no debe caer en el olvido.


Con la leche de la nostalgia, se me había olvidado un detalle significativo de la noche. Un poco antes de que pasara todo esto que estoy contando, entró un embajador al que yo no tenía controlado, ni lo tengo todavía. Con la emoción de volver a ver el Lin me despisté... cosas de la vida. El caso es que el tío entró como Pedro por su casa, saludó a el Abertxale, luego al Ministro de Alimentación, y así uno tras uno al resto del personal. Responde al nombre según pude escuchar a pesar de mi despiste de Antonio Polonio y, tras supervisar la zona de fogones se camufló entre el personal, copa de vino en mano, por cierto de las buenas, y puro en la otra. En fin muchas cosas, muchos nombres y demasiadas sensaciones para mi pequeña cabeza.


Coño, que sólo soy un diamante tropical y sé que el Silencioso, uno de mis críticos más voraces, no me va a perdonar que no escriba como Camilo José Cela... Pero bueno, como dijo el escrito gallego... En ocasiones pienso que el premio de quienes escribimos duerme, tímido y virginal, en el confuso corazón del lector más lejano... ahí queda eso. Adiós zorzales... nos vemos el jueves que viene.

Febrero, mes del Silencioso

Como elemento diferenciados de otras entradas de este blog, hoy no tenemos fotos para ilustrar la primera quedada del mes de febrero. Menos mal que estoy yo para contarlo, porque si fuera por el Maestro... Al buen hombre le dio por borrar la tarjeta al llegar a su casa, así que esta semana tengo que buscarme la vida sin imágenes.
Con fotos o sin ellas, mis colegas no perdonaron su reunión semanal, iniciándola fuera de la sede. Llevaban tiempo sin pegarse un desmarque y la semana anterior ya escuché que tenían pensado hacerlo en viernes, en lugar del jueves, para posibilitar la presencia de el Ligre. Por ello, me aposté frente a la casa de el Silencioso, que para eso es el encargado de abrir la sede. Tiré detrás de
él, llegando a la Casa de las Aguas, donde esperaban el Ruquel y el José Antonio Cerezo. Deduje, no cabía otra posibilidad, que iban al cumplir el ritual de entregar las entregas atrasadas de la Enciclopedia Ilustrada de Brácana, donde un servidor refleja capítulo a capítulo, las andazas de mis compinches. Tengo que reseñar tres bajas, la de mi amo, la del Abertxale y la de el Félix el de la Tele, a los que no vi por allí, y eso que me extrañó. El caso es que entre los fondos de la Biblioteca de la Fundación Manuel Ruiz Luque ya figuran tres nuevos volúmenes de la colección, en concreto los números IV, V y VI, que corresponden a los años III, IV y V, después de Brácana ¡Coño, si es que son liosos hasta para ponerle el nombre a las cosas!
Fue una visita ligera ya que, por motivos personales, el José Antonio Cerezo tenía que atender cuestiones que ahora no vienen al caso. Aún así, no perdonaron los latigassos de fino correspondiente, ni tampoco unos tientos al oloroso de la bodega de la Casa de las Aguas.
Una vez cubierto el trámite, pusieron rumbo a la sede donde, ahora sí, puede ver a mi amo, a el Abertxale y a el Félix el de la Tele que, por cierto, cubría su primer turno como pinche en la República. Poco hay que contar del encuentro porque, como cada semana al principio de mes, sirvió para organizar los reuniones venideras.
Bueno, en realidad sí que hubo un dato destacable. En el capítulo de nuevos invitados, hubo unanimidad en fijar el mes de febrero como 'El mes de el Silencioso'. Esto quiere decir que todos los nuevos embajadores que llegarán a la sede, lo harán de su mano, a pesar de los riesgos que ello conlleva. Si tiramos de archivo, el porcentaje de veces que sus invitados lo han dejado tirado en anteriores ocasiones, no invita al optimismo. A pesar de ello, el tío se ha venido arriba y eso que su integridad física está en juego. Una vez aprobado por unanimidad el 'mes de el Silencioso', mi amo ha lanzado una apuesta que seguro que va a da juego en el futuro. Si fallan los embajadores en alguna de las tres próximas quedadas, el Silencioso acabará en el estanque de los patos de los Montes Bracaneros. Si por el contrario logra hacer pleno, será mi amo el que termine dentro.
Sea como sea, voy a disfrutar como pájaro al que liberan de la jaula.... seguiremos informando.

13 de febrero de 2017

13 de febrero de 2017 - Sin comentarios

Huracán Thenedor: Categoría 5 en la escala Saffir-Simpson

Tela. Vaya tela. Creía que lo había visto casi todo en mis dos vidas, la terrenal y la astral, pero una vez más... me equivoqué. Lo del pasado jueves pudo acabar en catástrofe. El Huracán Thenedor, del que seguramente tengáis alguna referencia por los informativos, pasó por Brácana. De verdad que pasé miedo. Muncho, como diría el Ligre. Vientos de más de 250 km/h llegaron incluso a llevarse de la sede algunos de los utensilios domésticos con los que se alimentan estas criaturas cada semana. Los Montes Bracaneros fueron testigos de lo que pudo ser una tragedia: hojas de palmeras por el suelo, aglomeraciones de agua... En fin, menos mal que no pasó nada grave. Yo de hecho, salí de la sede y fui a darme contra el tronco de una palmera, arrastrado por el viento. A punto estuve de dejarme allí el pico. Menos mal que vino en mi ayuda Mohamed, el buho que habitaba en la residencia de verano de el Ligre, que casualmente pasaba por allí.
- ¡Coño Punselito. Desde la última vez que te vi estás muy desmejorado!
- Mohamed, si es que llevo una vida que ni las aves carroñeras. Además, con lo chiquitico que soy y el viento que hace, he sido muy temerario abandonando Brácana antes de que amaine el temporal.
- La verdad es que pareces un Ibis Eremita con las plumas de punta. Anda, ven conmigo hasta aquel árbol y me cuentas qué es lo que pasado.
 El encuentro fue providencial, así que acabé relatando al bueno de Mohamed la secuancia anterior al gran trompazo.


- Reconozco que el error ha sido mio. Mira que normalmente no interactuo con mis colegas, pero esta vez, como decían que el vino estaba tan bueno, aproveché un descuido para darme unos latigassos de las copas, estilo bebedero. Claro, así voy. Pero no creas que soy el peor de todos. He visto salir gente de ahí que iban tiernos, tiernos. Hoy ha sido la prueba de fuego para el Félix el de la Tele, que ha llevado sus primeros embajadores. Todos tienen como punto en común que forman parte del AMPA Vicentale, del colegio Vicente Aleixandre. A dos ellos ya los tenías calados: el Salva Loriguillo, que volvía al redil pasaporte en mano, y el Raúl Gómez. A los otros dos no, pero menudos pájaros: el Sergio Pino y el Paco Luna 'Pitu'. El primero de estos últimos aparecio con una garrafa de ocho litros de Fino Tonelería, de unas botas que tiene en la Tonelería Pino. Doy fe de que estaba güeno de verdad, pero acabó por tumbar a más de uno por el ansia con el que atacaron, sin piedad. Esta vez, la jatería preparada para la ocasión no silvió de bálsamo. Ni el queso, ni el salchichón de venado, ni la ensaladilla de salmón que aportaron los embajadores. Tampoco el jamón y los mejillones al vapor, cogidos a mano en la zona alta de la Carchena, que preparó el Ministro de Alimentación.


No obstante el momento más dramático de la noche, llegó con el plato fuerte. El progenitor de el Salva Loriguillo, preparó una perola de costillas que, según escuché, prepara de vez en cuando para sus quedadas en el Bolero. El vástago sentenció diciendo que cuando se comen costillas allí, sólo las prepara el Loriguillo. Dicho esto, se abrió la puerta de la sede con violencia y una ráfaga de aire sin precedentes por estos pagos arrancó de la mano de mi amo un tenedor que acabó perdido por los Montes Bracaneros. Ahí es cuando me acojoné de verdad, Mohamed. Es como si el huracán hubiera poseido la almas del personal, que andaba por el suelo flojo de la risa. El Pijo del Magreb también sentenció asegurando que cuando se comen costillas del Loriguillo en Brácana, hasta los tenedores salen volando. Si es que son imprevisibles Mohamed. Aquello es una puta anarquía y van a dar conmigo algún día. No me van a matar de un susto porque ya estiré la pata hace tiempo.


Hasta ese momento, ya se habían jalado el Fino Tonelería, echando mano del Fino C.B. Justo en ese momento fui cuando empecé a sentirme temblón. Me di cuenta porque estuve tentado de probarlo también, pero pude comprobar que mi cuerpo ya no respondía a los estímulos de mi pequeño cerebro. Aún así, recuerdo un momento de descojone colectivo, cuando el Pitu recordó su paso por el Castro del Río, a las órdenes de Paco Soto, contando anécdotas de vestuario junto al gran Isidoro el Gamba. Ahí entregué la cuchara, como dicen por ahí, y decidí volver a casa, justo cuando me encontraste.
- Punselito, lo que tienes es un colocón como un piano. Eso te pasa por rememorar tiempos pasados, cuando esta gente te rebajaba el bebedero al 50 por ciento con vino ¡Que ya no estás para estos trotes! Anda, acurrúcate ahí, bajo mi ala, que la semana que viene vuelves a la carga. Y no les sigas el tirmo, que van a acabar contigo.


8 de febrero de 2017

8 de febrero de 2017 - Sin comentarios

Una cena ligerita

El jueves pasado se me saltaron las lágrimas. Sí, lo reconozco. Ver entrar un tipo por la puerta que lo primero que hace es plantar sobre la mesa el salvoconducto bracanero, visado en anteriores visitas a la República, es para estar orgullos del pifostio que montan mis colegas terrenales. Así, como os lo estoy contando, comenzó la última quedada en Tierra Santa. El personaje en cuestión no es otro que el Balaí. Fue de los primeros en llegar, volviendo al redil cinco años después de su primera estancia en Brácana. Bueno, lo que hizo que se me saltaran las lágrimas, salvoconductos al margen, es que llegara con unos litracos de vino... porque eso sí que es amor a la República.


Durante la noche estuvo acompañado de otro veterano de guerra como el David Ruiz, alias Rocco, y de un nuevo embajador como el Ángel Arce. Bueno, a decir verdad, su cara me sonaba. Tardé algún tiempo en hilar, pero al final acabé sacando conclusiones. Años atrás, tras el lamentable episodio de amago de derrumbe del techo de la sede, fue el Ángel el que se pegó unos latigassos con el Ministro de alimentación, el Silencioso y el Paticorto, en la sede, buscando soluciones de madera para sustituir el techo bracanero ¡Joder, cómo pasa el tiempo!


Pero a lo que vamos. Los tres participaron junto al resto del personal de una jornada gastronómica en toda regla. Comenzó con engaño tras las tapas pertinentes. Mi amo, un maestro en las fintas culinarias, amagó con una perola... para llenarla de verdura. Es un plato que gusta en estos pagos, pero que hace que el personal entre al trapo a regañadientes, esperando algo que se pegue más al riñón. Pero claro, para eso en Brácana hay Ministro de Alimentación, que no deja ningún detalle al azar. Tras dar cuenta de la verdurita, de la zona de fogones vi salir una olla humeante que llamó mi atención ¡Coño, las fabes que trajo el Paticorto de Asturias, con su compango correspondiente!
Tengo que reconocer que no le tienen miedo a nada, menos a unas fabes rondando la medianoche. A estas dos exquisiteces, tengo que unir el postre aportado por el Rocco.


Aquí hay que hacer un alto en el camino, porque la cosa tuvo su guasa. Su cónyugue estuvo días atrás en las instalaciones de la Monarquía de Alvear, impartiendo un curso sobre manipulación de alimentos o algo así. Evidentemente alumnos -léase el Silencioso, mi amo y el Ministro de Alimentación- y profesora, sacaron a lo largo de la sesión formativa la inminente quedada del jueves, acordando la elaboración de un postrecito para el personal. Evidentemente se la tenían guardada. Faltó sacar una lupa para ver si la tarta en cuestión cumplía todos los requisitos reglamentarios... desde el emplatado hasta la limpieza, pasando por el papel utilizado para el transporte. Evidentemente le dieron el visto bueno para jalársela sin miramientos, porque una cosa es ser un tiquismiquis y otra bien distinta dejar pasar la oportunidad de darle a la mandíbula.
Respecto a los temas de conversación del jueves fueron tantos como grupos se fueron formando, de ahí que mi pequeña cabecita de tropical, no de para retenerlos todos. Sí me quede con la tanda de comentarios alusivos al mundo del motor, del que el Ángel Arce es un seguidor. Según parece, ahora anda enfrascado en la construcción de una pista para coches en miniatura, junto a otros miembros del Club de radio control de Montilla.


En definitiva, otra noche de buen rollo, vino y jatería, para mediar el mes de enero. Hasta aquí la crónica de esta semana, preparando ya la de la semana que viene, en la que se anuncia traca de la buena, con los primeros embajadores que aportará el Félix el de la Tele. Estaré atento a lo que ocurra.
Por cierto, que se me olvidaba. A mitad de la noche me llevé un susto de muerte. Llamaron a la puerta y entró un tipo con una barba estilo yihadista y un gorro de lana. Me puse en lo peor, pero al final resultó ser el Rafa Villar que tenía que arreglar algún asuntillo con el Ahijao... ¡Benditas modas. Aún me estoy recuperando del acojone!

26 de enero de 2017

26 de enero de 2017 - Sin comentarios

Noche de caza

El mes de enero comienza lanzado... y con la escopeta al hombro. Digo esto porque la caza fue el hilo conductor de la segunda quedada del año, primera en la que han acudido embajadores hasta la República. La mayoría de ellos forman parte de ese grupo que los fines de semana se levanta al ser de día para pegar tiros, cobrando piezas de los más variado. No es que tenga nada en contra de ellos, peor he de reconocer que el jueves pasado pasé miedo, mucho miedo. Cada vez que hablaban de zorzales, codornices y perdices, no podía evitar que se me erizaran las plumas de la nuca.
¡Joder, que soy un pobre pajarillo y me duele en el alma cuando hacen daños a los de mi especie!
Pero bueno, como ahora soy etéreo, hice de tripas corazón y traté de no dejarme llevar por la emoción, aunque en mas de una ocasión tuve que mirar hacia las botas de Alvear, aguantando el tirón.


El grupo en cuestión estaba formado por embajadores veteranos y noveles. Los primeros fueron el Ramón el de la Caja y el Miguel, acompañados por el José María Trillo. Curtidos ya en las batallas bracaneras, prácticamente ejercieron de anfitriones con los nuevos: el Manolo Jiménez y el Mariano Jiménez, hermanos residentes en Montilla, con la particularidad de que el segundo se suma a la larga lista de miembros de los cuerpos de seguridad que han pasado por allí. Aprovechando que es policía municipal, los cabrones de mis colegas trataron de colarle las matrículas de sus coches, en un intento a la desesperada de evitar multas potenciales. No sólo fue un intento se soborno, sino que hubo quien apuntó que si no había trato a la puta calle. Menos mal que el Mariano es una persona íntegra y les dio capotazo como buenamente pudo.


No tengo más remedio que dar cuenta de la jatería de la noche, aunque no me apetece por los matices apuntados anteriormente. Aún así lo comento de pasada y Santas Pascuas. Los entrantes fueron el queso y el jamón de rigor, bien secundados por una tapita de daube de sanglier (para los colegas estofado de jabalí, pero ya sabéis que en Lavergy son muy dados a los nombres forzadillos). De ahí saltaron a la caza menor -se me escapan dos lágrimas sólo de pensarlo- comenzando por unos zorzales y terminando por una perola de conejo. Al menos tuvieron el detalle de no meterse como postre ningún animalito, apostando por el flan de turrón que trajo el Trillo. Por cierto, fijaos si hay nivel en la cocina de Brácana. El Paticorto de las ondas y mi amo se solidarizaron con mi memoria y rehusaron meterle mano a los zorzales y por extensión al conejo ¿No comieron en toda la noche? Pues si. El ministro de alimentación, atento a la evolución de sus conpinches tiró de huevos fritos y problema resuelto.


Salvado el capítulo de la comida, tengo que hacer referencia a los temas de conversación, porque la cosa tiene miga. Por supuesto hablaron de caza. De la ausencia de conejos, de la merma de pájaros en el campo -serán cabrones- y de la abundancia de caza en otros países como Argentina, donde alguno de los embajadores ha estado dándole al gatillo. También hablaron del frio, porque la vecina localidad de Montilla no ha escapado a la ola de frio que asola la península, y ya ni hablar de Europa. Según dijeron tiene sus ventajas: si quedas incomunicado por nieve no hay que ir a trabajar; como hace frio tienes la excusa perfecta para no lavarte; además, la cerveza siempre está fría, incluso no la metas en el frigorífico.
Otro tema surrealista del que hablaron es de las fotos de boda. Aquí se planteó un problema de máximo calado: ¿por qué los peluqueros ocupan las primeras fotos del album, cuando los protagonistas son los que se están casando? Ahí dejo la pregunta porque la cuestión me tiene sumido en el más profundo desconcierto, no por la respuesta sino por el planteamiento, desde el jueves pasado.


Bueno, os dejo por hoy. Ah no, que se me olvida una cosa. Me han bautizado otra vez. No han podido hacerlo con vino, como ya lo hicieron mientras vivía, aunque el vino sí influyó en el grito lanzado por el Abertxale aludiendo a mi persona como PUNSELITRO.
¿Punselitro? Litros los que os trincastéis el jueves, so mamones. Que no tenéis vergüenza ni pa pegar un sello.

8 de enero de 2017

8 de enero de 2017 - Sin comentarios

Entrada de año para organizar

Se ve que las fiestas navideñas han hecho estragos. Digo esto porque la primera tertulia del año, que se llevó a cabo el pasado miércoles, fue bastante tranquilita. ¿Véis lo que os digo? Empiezan el año VII después de Brácana, y ya se pasan las costumbres por el arco del triunfo. El adelanto de fechas estuvo motivado por la festividad de Reyes y, esta vez, no hubo fiestón del gordo. Por eso digo que la gente está de arrepentimiento. Yo, que he tenido la oportunidad de darme un garbeo de vez en cuando para seguir las evoluciones parranderas de mis compinches, doy fe de que lo han dado todo en las fiestas navideñas. Eso sí, sin perdonar la quedada semanal desde hace ya siete años, ocho si contamos las Tertulias del Callejón.


Pero bueno, centrándonos en lo que dio de sí la reunión del miércoles, la verdad es que no hay mucho que contar. Mirad si la cosa tuvo poca chicha, que hasta el ministro de alimentación tiró de restos para plantear la primera parte del menú del día. Al menos preparó unos montaditos de atún y lomo como plato fuerte, para no empezar el año con críticas de los comensales. Me alegró ver por allí al décimo bracanero, el Félix el de la Tele. Llegó tarde por motivos laborales, pero llegó. Eso quiere decir, que va capeando el temporal en el ámbito doméstico, cogiendo temperatura para el largo año que se avecina.
Precisamente, la mayor parte de la tertulia la dedicaron a aspectos organizativos. Se pusieron al día con la Hacienda Bracanera -el Silencioso y el Maestro no perdonan ni las fiestas de guardar- y comenzaron a preparar el calendario más inmediato. Para comenzar, ya han fijado quiénes serán los embajadores del mes de enero y van dándole forma a las salidas culturales que realizarán en las próximas semanas. La primera, según pude escuchar, se prepara para visitar las cisternas romanas de Monturque. Tranquilos, no es que se hayan vuelto cultos de repente. Simplemente es que Monturque es el sitio ideal para justificar la salida, antes de hacer escala en un lagar de Moriles, aún por determinar, donde destilarán cultura por los cuatro costados.


Otro asunto que debatieron, fue la instauración de un nuevo premio en la República. Aún no tiene nombre, pero reconocerá al mejor vino, no comercial, que pase por las tertulias durante todo un año. Desde luego hay que reconocer que son finos. Seguro que habrá incautos que con la historia de participar, les remojará el gaznate por la patilla.
Como podéis leer todo está encarrilado. Ahora sólo falta que empieza el carrusel de embajadores y que vayan cayendo las semanas. Comienza un nuevo año pero no cambian los objetivos. Vino, comida, charla, cachondeo... la misma historia se repetirá cada jueves... seguro.


Pdt. Se me olvidaba decir que esta vez faltó la Frangipane, que elabora la Marina para la primera tertulia del año. Por motivos personales no le ha dado tiempo a la chiquilla a hace la galette des rois, aunque asegura que estará para la semana que viene. Aunque, a rey muerto, rey puesto, y el Abertxale aportó un roscón de reyes, cuya haba le cayó a mi amo. El rey, para variar, se lo llevó el Ligre, y van no sé cuántos años seguidos. Ianmare, la potra que tiene....

Otro año a la buchaca.... con más personal

Ni estoy recuperado, ni creo que vaya a estarlo en un largo periodo de tiempo. Aquí, en el limbo, siempre hay cierto respeto a los últimos días del año, igual que sucede en Brácana. De todos es sabido, al menos por los que seguís esta bitácora de manera habitual, que el último jueves del año suele liarse parda en la sede de la República. Esta vez han sido más comedidos, quizás por los notables cambios introducidos en la Constitución Bracanera. Llevo semanas diciendo que se avecinaban cambios importantes y desde el pasado jueves ya son oficiales. Brácana cuenta con un habitante más, de manera oficial. Era una de las promesas electorales del Prresidente y, tras votación en Consejo de Ministros hace algún tiempo, el Félix el de la tele es un nuevo bracanero.


Bueno, la verdad es que había pasado tantas veces por allí, que no me extrañó demasiado verlo por allí el último día del año. Pero claro, luego caí en la cuenta de que era la decisión adoptada: pegarse junto al esto de mis colegas el julepe de fin de año, y empezar el 2017 como un bracanero más. Según pude apreciar no le costó demasiado trabajo, la verdad sea dicha. Por lo demás, el fin de año en la República fue similar al de años anteriores. Una vez más, fui el responsable de animar la fiesta a través de la sintonía de Onda Brácana Antena Pirenáica. En honor al nuevo bracanero, me decanté por una selección de música de la Motown, que sirvió para ir calentando motores en plan turbodiesel: costó trabajo arrancar, pero una vez en marcha el ritmo fue in crescendo.


De igual manera que no falté a la cita con las ondas radiofónicas, el ministro de alimentación tampoco falto a la suya con el marisco. Esta vez no fue pescado en la zona alta de la Carchena, como en Nocheviejas anteriores. El Pepeluí y el Silencioso se desplazaron hasta El Espartero, en la localidad de Castro del Río, alegando razones de reuma para no mojarse los pies. Aunque, lo que en principio se presentaba como una plácida tarde de compras, se convirtió en una auténtica batalla campal, con el resto de clientes que trataban de hacerse con el mejor marisco en los días previos a la última jornada del año. Menos problemas encontraron para adquirir unos lomos de merluza, que fueron pertinentemente preparados al horno, y que sirvieron para aplazar el ánimo tras las campanadas. Con la señal horaria de las 23:45, salieron de la zona de fogones, serpentinas, confeti, gorros, matasuegras... y empezó la verdadera fiesta. Las pasas de la potra marcaron un año más el final del año bracanero, acompañadas de un cava Brut Nature de la firma catalana Bach.





En definitiva, que se lo pasaron pipa, con los mejores deseos para el año 2017, pero también haciendo balance positivo del 2016. Desde que comenzó esta bendita locura, han sido casi 340 tertulias las que ha vivido mi cuerpecito serrano. Además, el futuro se presenta interesante porque, con un nuevo bracanero, habrá nuevas sensaciones, que viviré en Brácana Center, como refleja el juramento bracanero.
En fin cabrones, que el 2017 entre con buen pie y, sobre todo, que esté repleto de jatería, buen rollo y vino a raudales. Del resto ya se encargan mis colegas.
SALUD Y FELIZ ANO NUEVO.