20 de marzo de 2017

20 de marzo de 2017 - Sin comentarios

Gente de taberna

Hay varios factores que son sinónimo de éxito, cuando confluyen en un mismo espacio. Me refiero a la acumulación de buena gente, buen vino y buena comida. Mal se tiene que dar la cosa para que la noche no acabe con esa sensación de satisfacción, que sólo conocen los parroquianos asiduos de las tabernas. Llevaba días dándole vueltas a cómo hilar la crónica del pasado jueves y, al final, el resumen es tan simple como recordar mis múltiples con el personal de Brácana. Porque, a fin de cuentas la sede se transforma cada jueves en taberna, barra incluida, y cada semana acaban arreglando el mundo. Por supuesto, a ello contribuyen los invitados que juran fidelidad a la República semana a semana, no todo va a ser mérito de mis colegas. El caso es que todos estos elementos a los que estoy haciendo referencia, se concentraron el pasado jueves, con almas de taberna por invitados. Tres de ellos ya los conoceréis, si sois asiduos de esta bitácora: el Pepe el Sastre y el Pepe Márquez (conocidos en Brácana como los Puretas), y el Chechu, otro boina verde en el noble arte de trasegar vino de la jarra a la copa. El único de los cuatro invitados que no había pisado aún Tierra Santa fue el Paquito Michel, hijo de el Saste. Llevaba tiempo metido en listas, pero por coincidencias astrales de la vida, aún no había tenido su estreno. Ya puede presumir, espero que así lo haga, de formar parte de la extensa familia bracanera, cuyos vínculos no son sanguíneos, sino vinateros.


Con semejante plantilla, era imposible que se escapara el partido. Digo esto, porque el nuevo embajador es un consumado futbolero que ponía la pelota donde ponía el ojo, según comentaron por allí, en sus tiempos mozos. Y doy fe de que así fue. Detalles hubo muchos, pero el que más me llamó la atención, es que los embajadores veteranos deambulan por la sede como si figuraran en el censo bracanero. Vamos, como Pedro por su casa, que dice el refranero. Además, con más tablas que el Ikea, acudieron surtidos de comestibles y bebestibles, para hacer frente a un invierno nuclear. De hecho hacía tiempo que el Ministro de alimentación no tenía un jueves tan plácido. Salvo unas croquetas que se marcó para justificar el sueldo, el resto de la jatería fue aportada por los embajadores. Además, no se quedaron cortos: alcachofas al Montilla y costillas. Todo ello fue pertinentemente regado con Fino El Sastre, del cual ya hubo una cata a finales del año 2015, durante la primera visita a Brácana de los Puretas. El que sí se quejó de lo lindo a lo largo de toda la noche fue mi amo, al que le tocó el turno de pinche semanal. Además coincidió que en la anterior visita de los dos cuñados -los pepes- también tuvo que limpiar las perolas y los platos. Fue el primer motivo de lamentos, el segundo que había pringue en los cacharros pa rabiar, y el último, no por ello menos importante, que no le dejaron hilar más de dos rimas seguidas durante la presentación del nuevo embajador.


Podría contar muchas cosas pero ya sabéis que me ampara el secreto de sumario. No obstante, sí que diré que se retomó la sana costumbre de enganchar un par de rondas al estilo Pasapalabra, de porteros míticos de fútbol y de chisnacles y tugurios de Montilla. Eso sí, como cada respuesta fue acompañada de las explicaciones oportunas, aquello se desmadró más de la cuenta. Mientras tanto, tuvieron que echar mano del Fino C.B., que siempre está cuando se le necesita. Como el personal iba ya en quinta a la hora de los digestivos, aprecié un detalle que me llamó la atención. El Silencioso suele aguantar, pero casi nunca echa la llave. No obstante, esta vez se hizo fuerte en la barra, acompañado de el Paquito Michel, el Paticorto y el Ministro de Alimentación, que doblaron ronda de digestivos...
Si es que no tienen jartura...


14 de marzo de 2017

14 de marzo de 2017 - 1 comentario

VII Premio al Mérito Gastronómico


.... Antonio Polonio Jiménez. Se desveló el misterio con el que cerraba el blog la pasada semana porque Brácana ya tiene nuevo galardonado con el Premio al Mérito Gastronómico. Es el séptimo año desde que mis colegas pusieron en marcha esta historia con la que cumplen dos objetivos. El primero es rendir tributo a todas las personas anónimas que, atrincherados entre los fogones, alimentan los estómagos y las almas de aquellos, como mis amigos bracaneros, que disfrutan dándole a la mandíbula, lo mismo que remojando el gaznate. El segundo y no menos importante es pegarse un homenaje a costa del homenajado, al que ponen a prueba cocinando. Desde luego ¡hay que tener la cara como el cemento armado!


Pero bueno, como lo importante es el fondo, que no las formas, tengo que reconocer que es una iniciativa que les honra. Ya he dicho en anteriores ediciones del Premio, que todo el mundo recuerda el nombre del restaurante donde flipó con las alcachofas, la carne, el pescado o el postre, pero poco los que saben cómo se llama la persona que cocinó tales manjares. Pues no. Como en Brácana todo es diferente, allí se pone nombre y apellido a todos estos héroes anónimos, sin los que el vino a palo seco hubiera sido no un tormento, pero sí menos placentero.
El caso es que el Antonio polonio es un boina verde. El curriculum tira para atrás: Casa Juanito Márquez, Don Gonzalo, Las Camachas, Casino de Nueva Carteya, Hotel-Restaurante Atalaya y Complejo Casas Rurales de Iznájar, donde actualmente ejerce su profesión. Espero no haberme equivocado porque con el jaleo que había por allí, no era fácil quedarse con toda esta retahila. Cuando digo jaleo me refiero a bulla de la buena... de taberna. Porque allí el personal arranca a cuarto de vuelta y desde que entraron por la puerta ya iban en tercera, así que podéis haceros una idea. Además, para la ocasión, fueron invitados de excepción los hermanos Giménez, Fernando y Luis, de la vecina monarquía de Alvear.


Por supuesto no faltó el Premio Gastronómico anterior, el Antonio Herrador 'El Chivo', ni tampoco el fénix de los ingenios gastronómicos, el único hombre capaz de mezclar en un mismo plato ingredientes inverosímiles, un profesional que lo mismo habla de fútbol que de política, mientras prepara unas alcachofas al Montilla.... hablo por supuesto de el América. La mezcla de personajes asustaría a cualquier profano en la materia. Pero en Brácana hay de todo menos miedo. De hecho, desde que se abrió la veda de bebida y jatería, todos entraron a matar, saltándose los tercios anteriores. Para refrescar el ambiente, porque calor hacía tela el jueves, apuraron hasta la última gota del Fino Capataz Solera de la Casa Viejísimo, que el Fernando y el Luis aportaron para la ocasión. Mientras ya templaban los nervios con una platicos de jamón y queso, a los que siguió el primero de los tres platos preparados por el premio gastronómico: paté de salmón.


Entre jamón, queso y tostas de paté iban trasegando el Fino Capataz a un ritmo vertiginoso, que iba dando paso a todo tipo de conversaciones. Casi sin darse cuenta, el flamante Premio Gastronómico ya estaba repartiendo el segundo plato de la noche, croquetas al roquefort, con el que prácticamente dieron con el Fino Capataz, entre lágrimas de algunos, teniendo que echar mano del Fino C.B., al que tampoco le hicieron feos.
Ya con el estómago y los ánimos más calmados, se procedió al solemne acto de relevo del Premio al Mérito Gastronómico, con la protocolaria entrega del cucharón de palo que simboliza el saber hacer entre fogones. El Antonio Herrador, después de un año como protector de tan emblemática herramienta del nombre arte de la cocina, cedió el testigo a el Antonio polonio, que prometió guardarla con esmero hasta dentro de doce meses cuando deberá hacer lo propio durante la entrega del octavo galardón.


La cosa iba calentita y más que se puso cuando salió el plato estrella de la noche, ternera a la jardinera. Fue pertinentemente regada con un tinto Palacio Quemado La Zarcita, aportado por la familia Alvear. Hubo quien dijo que a los dos hermanos Alvear hay que llevarlos a Brácana cada quince días para mantener el nivel enológico de las Tertulias.
Faltaba la guinda, que llegó en forma de digestivos. Como buen antro que es Brácana, en ese momento salieron las anécdotas, sobre todo de la vida de los cocineros, protagonizadas por el Antonio Polonio, el Antonio Herrador y el América, cuyos detalles quedan cubiertos por el secreto de sumario. Sí puedo decir que noté cierto compadreo sobre experiencias vividas de manera conjunta. De lo difícil que es aportar jatería al personal mientras se disfruta fuera de la cocina de cualquier restaurante, pero también de lo gratificante que es compartir entre colegas la pasión por la cocina. No podía faltar el repaso al affaire alcantarilla de el América en las Casas Nuevas, que ya es un hito en la historia de Brácana y, por supuesto, no faltó.


Entre chanzas, vítores y las últimas risas, el sonido fue apagándose en Brácana, con las pertinentes despedidas. Ya van siete cocineros y se barrunta por los mentideros de la sede, que sería bueno ir planificando un encuentro conjunto para años venideros. Por lo que se ve, esto no ha hecho más que comenzar.
Me despido por hoy, reconociendo el mérito de el Antonio Polonio que, sin conocer a mis colegas de nada, ya es uno más de la extensa familia. Bueno, ahora que caigo, ya juró hace algunas semanas ¡Ya decía yo entonces que algo se estaba tramando!

13 de marzo de 2017

13 de marzo de 2017 - Sin comentarios

Semana de planificación



Hoy no tengo mucho que contar. No, porque parece que esta gente han echado el freno de mano, con la intención de coger carrendeta de cara al recién estrenado mes de marzo. Es la conclusión a la que llego después de ver cómo transcurrió la última Tertulia, dedicada sobre todo a temas organizativos: ya se sabe, primer jueves del mes es sinónimo de planificación y de retratarse ante el departamento de tesorería (léase ante el Silencioso y el Maestro). Bueno en realidad, sí que tengo que reflejar, que en esta tertulia el Ligre volvió a redil. Son tan buenos, que la primera del mes pasa al jueves para que este bracanero en el exilio pueda redimir sus pecados dándose unos tientos con sus colegas.


Ya digo que el objetivo de que no haya embajadores el primer jueves del mes es poner orden al desorden y esperar que al menos todo vaya según lo planificado. Por ello, ya hay lista de invitados para las tres próximas semanas. Sin ir más lejos, la tranquilidad de la pasada semana, me da a mi que será el preludio de la tormenta. El próximo jueves tendrá lugar una nueva entrega del premio al mérito gastronómico, cuyo galardonado aún no puedo desvelar.


Poco más que contar, que hoy no tengo el pico pa alpiste del malo. Eso sí, prometo explayarme la semana que vino con plumas y señales de cuanto ocurra durante la entrega del premio gastronómico, cuyo ganador este año 2017 es....

24 de febrero de 2017

24 de febrero de 2017 - Sin comentarios

La Merina, La Cabella y La Rafalita



La historia está llena de mujeres luchadoras. Personas que se dejaron la vida en la lucha por sus derechos y que han sido maltratadas sistemáticamente. Es por ello, que hoy me propongo romper una lanza en su favor, reconociendo un antes y un después en la historia bracanera. Porque, aunque cueste trabajo creerlo, la lucha femenina también ha llegado a la República con nombre propio: La Merina, La Cabella y La Rafalita. Dicho así parece el nombre de un relato de brujería de la Edad Media, pero nada más lejos de la realidad. Las tres se han convertido en pioneras del femeninismo bracanero, pasando a ser las primeras embajadoras que juran lealtad a la República. Es difícil de explicar porque Brácana, como ya sabéis, sólo cuenta con diez habitantes censados, y todos son hombres. Es por ello, que la manifestación vivida el pasado jueves en la República, coincidiendo además con la fecha del 23F, todavía tiene más valor. Pedían voz, voto y presencia en la República, en igualdad de condiciones que el resto de habitantes. Consignas del estilo Somos sufragistas y bracaneras, 100 años luchando por la igualdad o derecho de admisión para la mujer, se oían en las puertas de la sede, mientras mis compinches se pegaban los primeros golpes de la noche. Ante tal tumulto, fue el Silencioso el que acudió movido por la curiosidad, encontrándose con una horda descontrolada de mujeres, que atropellaban a los cuerpos de seguridad, mientras trataban de poner orden.


No hubo manera, las cabecillas de la revuelta -La Merina, La Cabella y La Rafalita-  entraron como un ciclón y antes de que nadie pudiera impedirlo habían tomado el estrado, dirigiéndose de la siguiente manera al personal:

Buenas noches a todos.
Menudo día el 23 de febrero, con hechos como el Golpe de Estado, la expropiación de Rumasa y hoy, lo que venga. Qué mejor momento para este teatrillo que las fechas de carnaval que ahora llegan.
En primer lugar, os pedimos que controléis vuestros impulsos masculinos. Entendemos la dificultad que entraña ante esos exuberantes cuerpos femeninos, pero, una vez terminado este acto, nos entregaremos en cuerpo y alma a todos vosotros.
La historia comienza con 100 años de lucha de la mujer, por conseguir la igualdad con el hombre. 100 años de lucha y su primer fruto fue el derecho de la mujer al sufragio. Por ello quedaron para la historia con el sobrenombre de sufragistas. Tal y como iban en aquella época, hoy nos veis a nosotras vestidas y ataviadas con estos trajes, atuendos y abalorios. Ese derecho al voto femenino, ya conseguido casi en todos los países civilizados, con algunas llamativas excepciones, llámese República de Brácana, entre otros, fue el principio, pero queda aún un largo camino por recorrer y por el que luchar.
Dicha esta introducción, no hay que olvidar lo necesario de lo femenino para con lo masculino. Valga hoy este ilustrativo ejemplo: la viña, la vid, la uva, la vendimia, la bota, la botella, la copa... todas femeninas y con un único fin: el vino. Ese gran masculino que tanto nos hace disfrutar.
Aunque sea tirar piedras a nuestro tejado, reconocemos el maldito acierto de no incorporar a las mujeres a esta República bracanera, porque quizás, o más bien seguro, no tendría la solera que existe en este rincón vinatero donde, jueves tras jueves, desde hace años y años, se viven momentos inolvidables.
Y para concluir os decimos:
La Chaparrona, la Lirio, La Pirula, la Víbora, la Bella Rosa... grandes conocedoras del vino y sus beneficios, quedaron en el camino sin reconocimiento de la República de Brácana. Seguro que, en compañía de Punselito, estarán pendientes de este acto.
Ahora sí, nosotras lo hemos conseguido. Somos las primeras mujeres que esta República va a nombras embajadoras.
Para la posteridad seremos La Merina, La Cabella y La Rafalita.
Vivan las mujeres, viva el carnaval y viva Brácana.

Qué ¿cómo se os ha quedado el cuerpo? Porque a mi todavía me tiemblan las patitas de emoción cuando recuerdo el mensaje cargado de sentimiento, rabia e impotencia. Estaba yo ensimismado en mis pensamientos, cuando de pronto las tres protagonistas de esta historia empezaron a quitarse la ropa. Me temí lo peor, porque allí el personal arranca a cuarto de vuelta. Mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí que debajo de aquellos ropajes de mujer se encontraban el Paco Jiménez, el Cabello y el Rafa Villar. Aprovechando las fiestas de carnaval, habían liado a sus respectivas para pegarse una fiestecilla a costa de Brácana, y de paso ponerle los cataplines de corbata al personal ¡La madre que los parió! No tienen vergüenza ni para pegar un sello. Eso sí, como señores, arrimaron vino de la bodega de el Paco y sendas bandejas con costillas y patatas fritas, para rematar los entrantes del día -jamón, queso y mejillones-.



Por cierto, que el policía en cuestión que sujetaba el empuje femenino desde la puerta era el Luis Bujalance, uniéndose a la larga lista de embajadores que juran fidelidad a la República. Bueno, él y La Merina, La Cabella y La Rafalita, que también juraron como las primeras mujeres que pasan por el atril -excepción hecha de la Reina Madre-. Un capítulo más para la historia de Brácana, la semana pasada, reivindicativa como habéis leido, y también carnavalera.

21 de febrero de 2017

21 de febrero de 2017 - 1 comentario

Dos de tres, gracias al primo Vílchez

Como quien no quiere la cosa, ya hemos consumido la mitad del mes de febrero en el calendario bracanero y, contrariamente a las expectativas, el Silencioso sigue sin ir a los patos. Ahora que caigo, en el mes que lleva su nombre, todos los embajadores que están pasando por la sede son apuestas a caballo ganador. Ya me extrañaba a mi que estuviera tan seguro de apostar con mi amo, al que cada vez veo más cerca de darse un bañito. Precisamente los primeros momentos de la Tertulia del pasado jueves tuvieron ese denominador común, porque la gente ya hace apuestas al margen de la ya nombrada, sobre cómo y cuándo llegará el momento de que alguien se de el chapuzón. En ello andaban, cuando llegaron los invitados de la noche, dos viejos conocidos, a pesar de que uno de ellos, el Nacho Lucena, pisaba por primera vez la sede. El otro ya lo había hecho con anterioridad, aprovechando los lazos sanguíneos que le unen con los apostadores de los patos: el apellido Vílchez. El Manolo y el Nacho ya estuvieron en la visita realizada a las instalaciones Palacio Quemado en Extremadura, del que ya hablé años atrás. Era una visita debida, cuyo pago se hizo esta semana.


Lo bueno que tiene invitar al primo de vez en cuando, es que aparece con una variedad importantes de vinos que, como bien sabéis, siempre son bien recibidos. En esta ocasión llegó con Fino, Amontillado y P.X. El Primo, además de un flan con caramelo elaborado para la ocasión por el América.
¡Menudo personaje! De una u otra manera siempre está presente en Brácana, ya sea de cuerpo presente, aportando jatería o como protagonista en algún tema de conversación. Dicho esto, huelga decir que una vez más salió a colación, aprovechando el postre, el talegazo que se endiñó en las Casas Nuevas años atrás, por culpa de una tapa de alcantarilla abierta y mal señalizada... siempre según él: "Me cago en mi p*** madre, ¿quién ha puesto aquí si esta mañana no estaba?". No fue el único manjar que cayó por la sede de la mano de los embajadores, que también aportaron sendas empanadillas de jamón y queso y de atún con tomate, que no hicieron sombra al cazón en salsa que elaboró el Ministro de alimentación.


Resuelto el tema del manduquio, el jueves recuperaron una tradición que hacía tiempo que no se llevaba a cabo como los rondos. En esta ocasión no fue de porteros, ni de chisnacles, sino de términos autóctonos de Montilla. Ya sabéis, que si el bombito, el rebate, la gofifa... También recurrieron al siempre fácil tema de conversación del fútbol, sobre todo tras la capuana que el endosó el PSG al Barça en la Champions y de la victoria del Madrid ante el Nápoles. Bonita ciudad por cierto, en la que dejó su impronta futbolera Maradona, otro personaje que se llevó un repaso el jueves por sus conductas digamos, poco apropipadas.


Pero de todos los temas de conversación, el que más me moló sin duda fue el repaso nostálgico a los habitantes de los actuales Montes Bracaneros, también llamado Paseo de los monos. Por fin pude saber del por qué de este nombre y es que, según parece, antaño había monos en jaulas en esta espacio e incluso un ciervo. Según contaron, los monos eran unos profesionales del hampa a los que era difícil chulear. Basta como ejemplo que a un primo de mi amo le birlaron las gafas por la patilla, cuando este se hacía el gallito, a un palmo de la jaula.


En el fondo son unos nostálgicos y emplean casi más tiempo en hablar del pasado que del presente. Si es que son como niños, pero mucho más cabrones. Como muestra dos ejemplos. El primero es que sigo sin dar con la autoría de los grafitis que aparecen en la libreta de el Paticorto, con miembros viriles cada vez más elaborados. El segundo es que el Abertxale menea mi urna cineraria como si fueran las maracas de Machín ¡Coño, que son mis restos! Un poquito de respeto o va a escribir la semana que viene Rita, pero no Barberá, que ya juega al dominó con Rockberto y Labordeta, me refiero a la Cantaora.

19 de febrero de 2017

19 de febrero de 2017 - Sin comentarios

Reencuentro nostálgico

Mira que después del olvido del Maestro la pasada semana, me había planteado incluso no escribir esta semana. Total, si al Presidente de la República se le olvidan las fotos, yo me puedo pasar por el pequeño arco que queda entre mis patitas, narrar las aventuras bracaneras. Al final soy un sensiblón que me ablando nada más escuchar la cerradura de la sede. Además, esta semana tengo motivos más que de sobra para mostrar mi lado más dulce, tras la sesión de pasteleo -del bueno eh, no confundir- que se dieron mis compinches con un embajador veterano como el Lin.


Coño, que yo he coincidido con él cuando vivía, allí en las Tertulias del Callejón. Pocos son los que han tenido la oportunidad de vivir primero estas tertulias primitivas, después las reuniones del jueves en Brácana Center y, además, repetir para contarlo. Pues este es el caso de el Manolo Cabello, excurrante de Alvear, junto a mi amo, el Silencioso y el Ministro de Alimentación. Digo ex porque el tío ya se pega la vida padre tras recibir los papeles de la jubilación. Llegó acompañado de su vástago, el Manuel Cabello y su cuñao, el Antonio Casas, gerente de la firma montillana Casbe. Los tres llegaron con dos cajas de copas de vino, que según parece pondrán en órbita cuando apañen un tinto digno de tal vidrio. También fue una sorpresa ver por allí de nuevo a el Mario Alférez. Aprovechando la excusa, muy mala por cierto, de que tenía que llevarle algo a el Félix, aprovechó para hacerse fuerte en la barra, mientras el personal le espetaba que la próxima vez o viene con vino o.... a la puta calle.


Antes de entrar en detalles sobre lo acontecido en la noche, me detengo un momento en la jatería de la noche, para explayarme a continuación. Acompañando desde el principio al fino C.B:, rularon por la barra y por la mesa platos de jamón, tiritas de bacon con huevo y alcachofas con carne, para cerrar la tanda de muletazos gastronómicos con un flan de turrón aportado por el Lin.
Salvado el capítulo de babeo, digo esto por si lo estáis leyendo antes de comer, vamos con el fondo de la reunión del jueves. Buena parte de la noche se desarrolló entre tertulias sobre la vida en las empresas. El Antonio Casas le recordaba a el Paticorto lo joven que sale en el Canal Recuerda de Montilla Televisión. El Ahijao y la Pantera siguen a lo suyo charlando de motores, cambios de aceite -de coches, se entiende- y otros menesteres mecánicos. Pero la que acaparó la atención del personal de excepción fue la charlita de el Lin. Fue justo después de que mi amo leyera el Capítulo 36 del primer volumen de la Enciclopedia Ilustrada de Brácana. Se desarrolló ya con el verano cerca, en el Callejón, donde se fraguó esta bendita locura. Si recordáis los boinas verdes de este blog, aquello acabó con manguerazos en el patio y piscinazos al estilo Greg Louganis, pero sin tanta agua. Aquello fue terapia de la buena para el Lin, que pasaba en aquel momentos horas bajas en la empresa, por motivos que ahora no vienen al cuento. Joer, si es que el Lin hasta se emocionó cuando lo contaba y, claro, el resto del personal también y a mi, hasta se me saltó alguna lagrimilla. El caso es que el Manolo quería, con esta visita, recordar que las relaciones personales están por encima de todo y que si en aquel entonces mis compis le echaron un capote, ahora no debe caer en el olvido.


Con la leche de la nostalgia, se me había olvidado un detalle significativo de la noche. Un poco antes de que pasara todo esto que estoy contando, entró un embajador al que yo no tenía controlado, ni lo tengo todavía. Con la emoción de volver a ver el Lin me despisté... cosas de la vida. El caso es que el tío entró como Pedro por su casa, saludó a el Abertxale, luego al Ministro de Alimentación, y así uno tras uno al resto del personal. Responde al nombre según pude escuchar a pesar de mi despiste de Antonio Polonio y, tras supervisar la zona de fogones se camufló entre el personal, copa de vino en mano, por cierto de las buenas, y puro en la otra. En fin muchas cosas, muchos nombres y demasiadas sensaciones para mi pequeña cabeza.


Coño, que sólo soy un diamante tropical y sé que el Silencioso, uno de mis críticos más voraces, no me va a perdonar que no escriba como Camilo José Cela... Pero bueno, como dijo el escrito gallego... En ocasiones pienso que el premio de quienes escribimos duerme, tímido y virginal, en el confuso corazón del lector más lejano... ahí queda eso. Adiós zorzales... nos vemos el jueves que viene.

Febrero, mes del Silencioso

Como elemento diferenciados de otras entradas de este blog, hoy no tenemos fotos para ilustrar la primera quedada del mes de febrero. Menos mal que estoy yo para contarlo, porque si fuera por el Maestro... Al buen hombre le dio por borrar la tarjeta al llegar a su casa, así que esta semana tengo que buscarme la vida sin imágenes.
Con fotos o sin ellas, mis colegas no perdonaron su reunión semanal, iniciándola fuera de la sede. Llevaban tiempo sin pegarse un desmarque y la semana anterior ya escuché que tenían pensado hacerlo en viernes, en lugar del jueves, para posibilitar la presencia de el Ligre. Por ello, me aposté frente a la casa de el Silencioso, que para eso es el encargado de abrir la sede. Tiré detrás de
él, llegando a la Casa de las Aguas, donde esperaban el Ruquel y el José Antonio Cerezo. Deduje, no cabía otra posibilidad, que iban al cumplir el ritual de entregar las entregas atrasadas de la Enciclopedia Ilustrada de Brácana, donde un servidor refleja capítulo a capítulo, las andazas de mis compinches. Tengo que reseñar tres bajas, la de mi amo, la del Abertxale y la de el Félix el de la Tele, a los que no vi por allí, y eso que me extrañó. El caso es que entre los fondos de la Biblioteca de la Fundación Manuel Ruiz Luque ya figuran tres nuevos volúmenes de la colección, en concreto los números IV, V y VI, que corresponden a los años III, IV y V, después de Brácana ¡Coño, si es que son liosos hasta para ponerle el nombre a las cosas!
Fue una visita ligera ya que, por motivos personales, el José Antonio Cerezo tenía que atender cuestiones que ahora no vienen al caso. Aún así, no perdonaron los latigassos de fino correspondiente, ni tampoco unos tientos al oloroso de la bodega de la Casa de las Aguas.
Una vez cubierto el trámite, pusieron rumbo a la sede donde, ahora sí, puede ver a mi amo, a el Abertxale y a el Félix el de la Tele que, por cierto, cubría su primer turno como pinche en la República. Poco hay que contar del encuentro porque, como cada semana al principio de mes, sirvió para organizar los reuniones venideras.
Bueno, en realidad sí que hubo un dato destacable. En el capítulo de nuevos invitados, hubo unanimidad en fijar el mes de febrero como 'El mes de el Silencioso'. Esto quiere decir que todos los nuevos embajadores que llegarán a la sede, lo harán de su mano, a pesar de los riesgos que ello conlleva. Si tiramos de archivo, el porcentaje de veces que sus invitados lo han dejado tirado en anteriores ocasiones, no invita al optimismo. A pesar de ello, el tío se ha venido arriba y eso que su integridad física está en juego. Una vez aprobado por unanimidad el 'mes de el Silencioso', mi amo ha lanzado una apuesta que seguro que va a da juego en el futuro. Si fallan los embajadores en alguna de las tres próximas quedadas, el Silencioso acabará en el estanque de los patos de los Montes Bracaneros. Si por el contrario logra hacer pleno, será mi amo el que termine dentro.
Sea como sea, voy a disfrutar como pájaro al que liberan de la jaula.... seguiremos informando.