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El Morito Güeno, anda puteado
Con enero llegan las
buenas proposiciones de cara al año nuevo. Los mortales, piensa en los gimnasio
para perder los kilos de más, estudiar inglés, leer más… Lo de siempre, pero en
Bracana como todo es diferente, pues los propósitos de enmienda pasan por beber
mas vino, organizar mas excursiones y cerrar la visita del Morito Güeno y
celebrar el Almuerzo de Navidad a últimos de enero. Y con estas premisas arrancó
el primer jueves operativo de enero (jueves 8) en el que una vez más solos, le dieron forma al
calendario y quedaron todos expectantes e intrigados por la visita del Morito
Güeno que llegaría una semana después.
Y efectivamente una semana después (jueves 15) apareció el Morito Güeno por la sede, aunque lo hizo rompiendo todos los esquemas establecidos. Aunque es cierto que la chilaba no la ha cambiado, el calzado sí (llego con calcetines blancos y chancletas de verano). Otro cambio significativo fue su aparición con gorro rifeño rojo con flecos negros. Y lo que más sorprendió, es que lo hizo con una bolsa de rafia, llena de chismes que trataba de vender. Al parecer la cosa está fatal al otro lado del estrecho y las necesidades que aprietan le han hecho ir de taberna en taberna con la bolsa de rafia y sus productos como antiguamente. La mercancía era digan del Amazón, desde condones, a radios, pasando por teteras, gafas de marca falsas, sillitas de camping plegables, despertadores casio falsos, linternas sin pilas, té de morocco elaborado en china…
El personal quedó
perplejo con el nuevo Morito Güeno, pero no hubo un alma caritativa que le
comprase algo. Cabrones, siempre dispuesto a recibir y no poner ni un duro.
Aún así y cuando el personal que este año sospechaba que no trincaban nada del Morito Güeno estaba ya despistado, el joven llegado del Magreb sacó su repertorio de regalos y devolvió la ilusión y las caras de niños a los bracaneros. Este año ha ido a lo práctico y para todos por igual. Un reloj de bolsillo modelo Willy Fog y un silbato con brújula incorporada por si al salir de bracana necesitan orientarse o pedir socorro. Al final el Morito Güeno comió jalufo y bebió más vino que un tartalilla antes de poner rumbo a Tánger, concretamente al barrio de Suoani, más contento que unas castañuelas.
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