3 de julio de 2017

3 de julio de 2017 - Sin comentarios

Por el interés te quiero... Nicolás

Esta semana me he puesto las pilas y no quiero dejar pasar mucho tiempo antes de que pierda actualidad el material que tengo anotado del pasado jueves. Vamos primero con el nuevo embajador que visitó la República, de nuevo de la mano de el Suerto (haciendo honor a su nombre ya lleva unas pocas invitaciones). El caso es que esta vez la cosa estaba más que justificada porque vino el cuñao, hermano de la Helena, que es la consorte del susodicho. Yo que para los nombres soy muy malo, tuve dudas desde el principio. Unos le decían el Nico, otros el Niqui, otro el Pirata... un follón vamos. Y todo para llamarse Nicolás. El caso, y enlazo ya con el significado del título de este nuevo capítulo bracanero, es que el ya embajador de Brácana, se gana las habichuelas currando en la notaría. Blanco y en botella. Los muy cabrones lo asaltaron en la barra, mirando la posibilidad de hacerle la cama a la Monarquía de Alvear, inscribiendo en el registro la sede a nombre de la República de Brácana.


No sé si por cortesía, por no hacerles el feo o simplemente porque es verdad, el caso es que parece que, según el Niqui (o como le llamen), hay posibilidades. Por el interés te quiero... Nicolás. Ya lo hicieron semanas atrás con la pintura aprovechando a el Juan Carlos y ahora van un paso más allá. Si es que no tienen vergüenza ni para pegar un sello. Aunque, claro, por eso echo bien con ellos.
Pero bueno, dejando a un lado este asunto, que ya veremos cómo acaba, los cabrones se lo pasaron como los indios. El Niqui ya llevaba tiempo en las quinielas pero, debido a su obligaciones laborales -léase inmatricular inmuebles entre otros asuntos- no había podido hacerlo hasta ahora. Así que, aprovechando sus días de vacaciones, se cogió al cuñao de la mano y acabaron en la sede. Para un plan perfecto, se necesitaba un buen vino. El Fino Las Cuadrillas de la Cooperativa de Aguilar, debutó en la plaza dejando muy buena impresión, y acompañando con nota la comida del jueves, entre la que hay que destacar un potaje de garbanzos, con su pringá correspondiente.


Otro aspecto que me parece interesante de la noche del jueves es la figura de Nzonzi. Algunos no tendréis ni idea de quién ¿no? Pues bueno, yo que tengo que saber de todo, os lo explico. Steven N'Kemboanza Mike N'Zonzi (chúpate esa Abertxale) es un jugador francés de origen congoleño, que pasará a la historia por ser protagonista de una de las mayores cagadas del sevillismo: fallar un penalti con el que los palanganas se han quedado fuera de los octavos de la Champions League. Hasta aquí, todo normal. Lo que ya no me lo parece tanto es que el Suerto llegara a la sede con una foto del susodicho, enmarcada y todo, para escarnio de el Pijo del Magreb, como seguidor del Sevilla F.C.


Por último, destacaré la tarta con chocolate que aportó mi amo, a pesar de la mofa sufrida. Sería un dato anecdótico, si no fuera por el adorno que cubría tal manjar culinario. Aunque el Pijo del Magreb insistiera en que era un catavino.... aquello era un nabo como una catedral... hecho sin intención y con todo el cariño del mundo, pero nabo a fin de cuentas.....
Me voy y además de vacaciones. Si estos cabrones se ponen a ver procesiones la semana que viene, yo me voy con my darling a darle al piquito y a lo que haga falta... Que cabrones somos todos !!!!


Los Márquez asaltan Brácana

La semana pasada acabé con prisas y, para que voy a engañaros, esta vez voy más o menos igual. La garcilla de la que os hablé me trae por la calle de la amargura. Es un bellezón, blanca como la nieve. Y no os creáis, aunque en tamaño me supera, llevo días a base de pico y pala currándome el tema. Pero bueno, a lo que vamos, que aunque tenga prisa no voy a eludir mi responsabilidad de narrar la historia bracanera, que hago semana a semana desde hace años.


El caso es que había oído que el clan de los Márquez, compuesto por el Rafalín, el Moisés, el Rubén y el Jacobo, eran los invitados para la Tertulia, de ahí mi sorpresa cuando sólo vi entrar a los dos últimos. Según parece el patriarca del grupo alegó motivos horarios, mientras que el Rubén excusó su ausencia por obligaciones al día siguiente. Según los otros dos, que sí respondieron a la invitación cursada por el Maestro, no hay excusa que valga, mientras haya por medio un vaso de vino. De eso entiende mucho el Fernando Giménez, otro boina verde que parece el Guadiana. Lo mismo se tira un temporada sin aparecer por la sede, que encadena rachas triunfales junto a mis colegas. Digo esto porque el jueves tocó la de cal y, después de semanas de ausencia, volvió al redil para compartir viandas, vino y charla. Obviamente se habló de vino con su presencia y, ya de paso, del fino Trepaquintos con el que el Moisés, veterano ya de guerra en estas lides, acudió a la sede.


De todos los temas de conversación me quedo con la serie Willy Fog de el Jacobo. Su trabajo en una empresa de carpintería de PVC de la vecina localidad de Montilla, le ha llevado a corretear algunos países, cuanto menos peculiares. Así que, aprovechando su experiencia en todos estos sitios, bracaneros y embajadores aprovecharon para dar un rulo de experiencias turísticas, salpicado de anécdotas.
Mientras tanto, hubo tiempo para afinar los colmillos, con los entrantes habituales, y también con unas croquetas de roquefort para hacer boca, antes de entrar a matar directamente con una gulas con huevos que se marcó el Ministro de Alimentación.


También hubo un buen rato de charla sobre temas laborales, un campo muy recurrente en Brácana, seguramente porque al no existir un ministerio de trabajo, es un asunto poco conocido en la República. De todos los comentarios, que fueron mucho y no todos fácilmente reproducibles, me quedo con la conclusión de que la cosa está jodida fuera de nuestras cuatro paredes. Ya no lo digo sólo por la charla del pasado jueves. Semana a semana, cada vez que un embajador saca el tema se lía la traca. Digo yo, que no soy precisamente un currante desde que me dieron papela, que el que se pone a trabajar será porque no sabe hacer otra cosa ¿no? Aunque también he de reconocer que trabajar debe ser tan malo, que te tienen que pagar para que lo hagas.
Con estas reflexiones os dejo, que ya me está silbando mi garcilla.... la próxima semana más, no sé si mejor. Ya os contaré.


2 de julio de 2017

2 de julio de 2017 - Sin comentarios

La 'charpa' de el Suerto

Después de vivir el mes de el Silencioso, el Premio Gastronómico y otros cuentos eventos, el nuevo bracanero comienza a ejercer como miembro de pleno derecho. Bueno, en realidad ya venía haciéndolo desde que comenzó el año pero, desde la semana pasada sus influencias más allá de las fronteras de la República, comienzan a ser evidentes. Aunque allá por el mes de febrero ya se estrenó como cicerone, con la visita de el Salva Loriguillo, el Pitu, el Sergio Pino y el Raúl Gómez, la pasada semana ejerció de nuevo como guía, durante la visita de dos embajadores de nuevo cuño. El José Salido, alias el Abogao, y el Juan Carlos Pérez, son colegas de el Suerto desde la infancia, así que era cuestión de tiempo que se dejará caer por la sede.


Son dos tipos que yo he calificado como carne de barra: aguantan el tipo, participan con aplomo en las tertulias y, llegado el caso, toman la iniciativa del sarao, aportando bueno rollo. En el caso de el Abogao, es miembros de una de las dinastía de tronío en la vecina localidad de Montilla como los Salido. El análisis de su familia, con detalles que lógicamente tengo que obviar, por encontrarse bajo secreto de sumario, ocupó parte de la Tertulia un jueves que dio mucho de sí. Entre dimes y diretes, tengo que apuntar que el vino que anduvo rulando de copa en copa, fue aportado por el Pedraza, regando la plaza mientras se zampaban una empanadilla casera, especialidad made in abogao, cerrando la tanda gastronómica de la noche con unas papas con choco, made in Pijo de los Balcanes.


No he hablado de el Juan Carlos Pérez porque aquí viene un capítulo aparte, que quiero destacar especialmente. Vale que el pueblo bracanero es hospitalario, que ofrece lo que tiene sin pedir nada a cambio y que el objetivo último de la República es compartir buenos momentos con los nuevos y viejos embajadores. Pero claro, una cosa es esto que cuento y otra bien distinta no aprovechar las cualidades y profesionales de la gente que visita la sede cada semana. No es interés, simplemente una cosa práctica. Digo esto porque, según pude escuchar, el Juan Carlos trabaja en un establecimiento en el que se venden pinturas, entre otras cosas. Creo que ya he comentado en semanas anteriores, que uno de los proyectos pendientes en Brácana es darle unas bajeritas a la sede, así que id atando cabos. Me pareció muy sospechoso que a las primeras de cambio el Silencioso ya se interesara por el tipo de pintura más adecuada para aquellas paredes. No quiero pensar mal, aunque bueno... quid pro quo.


Podría contar muchas cosas más pero hoy tengo un poquito de prisa. He conocido una garcilla bueyera, que me ha invitado a unos golpes de alpiste en un garito que ha abierto Mustafá en los Montes Bracaneros: el Guacamayo feliz, se llama. Así que lo siento, la semana que viene me explayo más queridos, que la jodienda no tiene enmienda.

20 de marzo de 2017

20 de marzo de 2017 - Sin comentarios

Gente de taberna

Hay varios factores que son sinónimo de éxito, cuando confluyen en un mismo espacio. Me refiero a la acumulación de buena gente, buen vino y buena comida. Mal se tiene que dar la cosa para que la noche no acabe con esa sensación de satisfacción, que sólo conocen los parroquianos asiduos de las tabernas. Llevaba días dándole vueltas a cómo hilar la crónica del pasado jueves y, al final, el resumen es tan simple como recordar mis múltiples con el personal de Brácana. Porque, a fin de cuentas la sede se transforma cada jueves en taberna, barra incluida, y cada semana acaban arreglando el mundo. Por supuesto, a ello contribuyen los invitados que juran fidelidad a la República semana a semana, no todo va a ser mérito de mis colegas. El caso es que todos estos elementos a los que estoy haciendo referencia, se concentraron el pasado jueves, con almas de taberna por invitados. Tres de ellos ya los conoceréis, si sois asiduos de esta bitácora: el Pepe el Sastre y el Pepe Márquez (conocidos en Brácana como los Puretas), y el Chechu, otro boina verde en el noble arte de trasegar vino de la jarra a la copa. El único de los cuatro invitados que no había pisado aún Tierra Santa fue el Paquito Michel, hijo de el Saste. Llevaba tiempo metido en listas, pero por coincidencias astrales de la vida, aún no había tenido su estreno. Ya puede presumir, espero que así lo haga, de formar parte de la extensa familia bracanera, cuyos vínculos no son sanguíneos, sino vinateros.


Con semejante plantilla, era imposible que se escapara el partido. Digo esto, porque el nuevo embajador es un consumado futbolero que ponía la pelota donde ponía el ojo, según comentaron por allí, en sus tiempos mozos. Y doy fe de que así fue. Detalles hubo muchos, pero el que más me llamó la atención, es que los embajadores veteranos deambulan por la sede como si figuraran en el censo bracanero. Vamos, como Pedro por su casa, que dice el refranero. Además, con más tablas que el Ikea, acudieron surtidos de comestibles y bebestibles, para hacer frente a un invierno nuclear. De hecho hacía tiempo que el Ministro de alimentación no tenía un jueves tan plácido. Salvo unas croquetas que se marcó para justificar el sueldo, el resto de la jatería fue aportada por los embajadores. Además, no se quedaron cortos: alcachofas al Montilla y costillas. Todo ello fue pertinentemente regado con Fino El Sastre, del cual ya hubo una cata a finales del año 2015, durante la primera visita a Brácana de los Puretas. El que sí se quejó de lo lindo a lo largo de toda la noche fue mi amo, al que le tocó el turno de pinche semanal. Además coincidió que en la anterior visita de los dos cuñados -los pepes- también tuvo que limpiar las perolas y los platos. Fue el primer motivo de lamentos, el segundo que había pringue en los cacharros pa rabiar, y el último, no por ello menos importante, que no le dejaron hilar más de dos rimas seguidas durante la presentación del nuevo embajador.


Podría contar muchas cosas pero ya sabéis que me ampara el secreto de sumario. No obstante, sí que diré que se retomó la sana costumbre de enganchar un par de rondas al estilo Pasapalabra, de porteros míticos de fútbol y de chisnacles y tugurios de Montilla. Eso sí, como cada respuesta fue acompañada de las explicaciones oportunas, aquello se desmadró más de la cuenta. Mientras tanto, tuvieron que echar mano del Fino C.B., que siempre está cuando se le necesita. Como el personal iba ya en quinta a la hora de los digestivos, aprecié un detalle que me llamó la atención. El Silencioso suele aguantar, pero casi nunca echa la llave. No obstante, esta vez se hizo fuerte en la barra, acompañado de el Paquito Michel, el Paticorto y el Ministro de Alimentación, que doblaron ronda de digestivos...
Si es que no tienen jartura...


14 de marzo de 2017

14 de marzo de 2017 - 1 comentario

VII Premio al Mérito Gastronómico


.... Antonio Polonio Jiménez. Se desveló el misterio con el que cerraba el blog la pasada semana porque Brácana ya tiene nuevo galardonado con el Premio al Mérito Gastronómico. Es el séptimo año desde que mis colegas pusieron en marcha esta historia con la que cumplen dos objetivos. El primero es rendir tributo a todas las personas anónimas que, atrincherados entre los fogones, alimentan los estómagos y las almas de aquellos, como mis amigos bracaneros, que disfrutan dándole a la mandíbula, lo mismo que remojando el gaznate. El segundo y no menos importante es pegarse un homenaje a costa del homenajado, al que ponen a prueba cocinando. Desde luego ¡hay que tener la cara como el cemento armado!


Pero bueno, como lo importante es el fondo, que no las formas, tengo que reconocer que es una iniciativa que les honra. Ya he dicho en anteriores ediciones del Premio, que todo el mundo recuerda el nombre del restaurante donde flipó con las alcachofas, la carne, el pescado o el postre, pero poco los que saben cómo se llama la persona que cocinó tales manjares. Pues no. Como en Brácana todo es diferente, allí se pone nombre y apellido a todos estos héroes anónimos, sin los que el vino a palo seco hubiera sido no un tormento, pero sí menos placentero.
El caso es que el Antonio polonio es un boina verde. El curriculum tira para atrás: Casa Juanito Márquez, Don Gonzalo, Las Camachas, Casino de Nueva Carteya, Hotel-Restaurante Atalaya y Complejo Casas Rurales de Iznájar, donde actualmente ejerce su profesión. Espero no haberme equivocado porque con el jaleo que había por allí, no era fácil quedarse con toda esta retahila. Cuando digo jaleo me refiero a bulla de la buena... de taberna. Porque allí el personal arranca a cuarto de vuelta y desde que entraron por la puerta ya iban en tercera, así que podéis haceros una idea. Además, para la ocasión, fueron invitados de excepción los hermanos Giménez, Fernando y Luis, de la vecina monarquía de Alvear.


Por supuesto no faltó el Premio Gastronómico anterior, el Antonio Herrador 'El Chivo', ni tampoco el fénix de los ingenios gastronómicos, el único hombre capaz de mezclar en un mismo plato ingredientes inverosímiles, un profesional que lo mismo habla de fútbol que de política, mientras prepara unas alcachofas al Montilla.... hablo por supuesto de el América. La mezcla de personajes asustaría a cualquier profano en la materia. Pero en Brácana hay de todo menos miedo. De hecho, desde que se abrió la veda de bebida y jatería, todos entraron a matar, saltándose los tercios anteriores. Para refrescar el ambiente, porque calor hacía tela el jueves, apuraron hasta la última gota del Fino Capataz Solera de la Casa Viejísimo, que el Fernando y el Luis aportaron para la ocasión. Mientras ya templaban los nervios con una platicos de jamón y queso, a los que siguió el primero de los tres platos preparados por el premio gastronómico: paté de salmón.


Entre jamón, queso y tostas de paté iban trasegando el Fino Capataz a un ritmo vertiginoso, que iba dando paso a todo tipo de conversaciones. Casi sin darse cuenta, el flamante Premio Gastronómico ya estaba repartiendo el segundo plato de la noche, croquetas al roquefort, con el que prácticamente dieron con el Fino Capataz, entre lágrimas de algunos, teniendo que echar mano del Fino C.B., al que tampoco le hicieron feos.
Ya con el estómago y los ánimos más calmados, se procedió al solemne acto de relevo del Premio al Mérito Gastronómico, con la protocolaria entrega del cucharón de palo que simboliza el saber hacer entre fogones. El Antonio Herrador, después de un año como protector de tan emblemática herramienta del nombre arte de la cocina, cedió el testigo a el Antonio polonio, que prometió guardarla con esmero hasta dentro de doce meses cuando deberá hacer lo propio durante la entrega del octavo galardón.


La cosa iba calentita y más que se puso cuando salió el plato estrella de la noche, ternera a la jardinera. Fue pertinentemente regada con un tinto Palacio Quemado La Zarcita, aportado por la familia Alvear. Hubo quien dijo que a los dos hermanos Alvear hay que llevarlos a Brácana cada quince días para mantener el nivel enológico de las Tertulias.
Faltaba la guinda, que llegó en forma de digestivos. Como buen antro que es Brácana, en ese momento salieron las anécdotas, sobre todo de la vida de los cocineros, protagonizadas por el Antonio Polonio, el Antonio Herrador y el América, cuyos detalles quedan cubiertos por el secreto de sumario. Sí puedo decir que noté cierto compadreo sobre experiencias vividas de manera conjunta. De lo difícil que es aportar jatería al personal mientras se disfruta fuera de la cocina de cualquier restaurante, pero también de lo gratificante que es compartir entre colegas la pasión por la cocina. No podía faltar el repaso al affaire alcantarilla de el América en las Casas Nuevas, que ya es un hito en la historia de Brácana y, por supuesto, no faltó.


Entre chanzas, vítores y las últimas risas, el sonido fue apagándose en Brácana, con las pertinentes despedidas. Ya van siete cocineros y se barrunta por los mentideros de la sede, que sería bueno ir planificando un encuentro conjunto para años venideros. Por lo que se ve, esto no ha hecho más que comenzar.
Me despido por hoy, reconociendo el mérito de el Antonio Polonio que, sin conocer a mis colegas de nada, ya es uno más de la extensa familia. Bueno, ahora que caigo, ya juró hace algunas semanas ¡Ya decía yo entonces que algo se estaba tramando!

13 de marzo de 2017

13 de marzo de 2017 - Sin comentarios

Semana de planificación



Hoy no tengo mucho que contar. No, porque parece que esta gente han echado el freno de mano, con la intención de coger carrendeta de cara al recién estrenado mes de marzo. Es la conclusión a la que llego después de ver cómo transcurrió la última Tertulia, dedicada sobre todo a temas organizativos: ya se sabe, primer jueves del mes es sinónimo de planificación y de retratarse ante el departamento de tesorería (léase ante el Silencioso y el Maestro). Bueno en realidad, sí que tengo que reflejar, que en esta tertulia el Ligre volvió a redil. Son tan buenos, que la primera del mes pasa al jueves para que este bracanero en el exilio pueda redimir sus pecados dándose unos tientos con sus colegas.


Ya digo que el objetivo de que no haya embajadores el primer jueves del mes es poner orden al desorden y esperar que al menos todo vaya según lo planificado. Por ello, ya hay lista de invitados para las tres próximas semanas. Sin ir más lejos, la tranquilidad de la pasada semana, me da a mi que será el preludio de la tormenta. El próximo jueves tendrá lugar una nueva entrega del premio al mérito gastronómico, cuyo galardonado aún no puedo desvelar.


Poco más que contar, que hoy no tengo el pico pa alpiste del malo. Eso sí, prometo explayarme la semana que vino con plumas y señales de cuanto ocurra durante la entrega del premio gastronómico, cuyo ganador este año 2017 es....

24 de febrero de 2017

24 de febrero de 2017 - Sin comentarios

La Merina, La Cabella y La Rafalita



La historia está llena de mujeres luchadoras. Personas que se dejaron la vida en la lucha por sus derechos y que han sido maltratadas sistemáticamente. Es por ello, que hoy me propongo romper una lanza en su favor, reconociendo un antes y un después en la historia bracanera. Porque, aunque cueste trabajo creerlo, la lucha femenina también ha llegado a la República con nombre propio: La Merina, La Cabella y La Rafalita. Dicho así parece el nombre de un relato de brujería de la Edad Media, pero nada más lejos de la realidad. Las tres se han convertido en pioneras del femeninismo bracanero, pasando a ser las primeras embajadoras que juran lealtad a la República. Es difícil de explicar porque Brácana, como ya sabéis, sólo cuenta con diez habitantes censados, y todos son hombres. Es por ello, que la manifestación vivida el pasado jueves en la República, coincidiendo además con la fecha del 23F, todavía tiene más valor. Pedían voz, voto y presencia en la República, en igualdad de condiciones que el resto de habitantes. Consignas del estilo Somos sufragistas y bracaneras, 100 años luchando por la igualdad o derecho de admisión para la mujer, se oían en las puertas de la sede, mientras mis compinches se pegaban los primeros golpes de la noche. Ante tal tumulto, fue el Silencioso el que acudió movido por la curiosidad, encontrándose con una horda descontrolada de mujeres, que atropellaban a los cuerpos de seguridad, mientras trataban de poner orden.


No hubo manera, las cabecillas de la revuelta -La Merina, La Cabella y La Rafalita-  entraron como un ciclón y antes de que nadie pudiera impedirlo habían tomado el estrado, dirigiéndose de la siguiente manera al personal:

Buenas noches a todos.
Menudo día el 23 de febrero, con hechos como el Golpe de Estado, la expropiación de Rumasa y hoy, lo que venga. Qué mejor momento para este teatrillo que las fechas de carnaval que ahora llegan.
En primer lugar, os pedimos que controléis vuestros impulsos masculinos. Entendemos la dificultad que entraña ante esos exuberantes cuerpos femeninos, pero, una vez terminado este acto, nos entregaremos en cuerpo y alma a todos vosotros.
La historia comienza con 100 años de lucha de la mujer, por conseguir la igualdad con el hombre. 100 años de lucha y su primer fruto fue el derecho de la mujer al sufragio. Por ello quedaron para la historia con el sobrenombre de sufragistas. Tal y como iban en aquella época, hoy nos veis a nosotras vestidas y ataviadas con estos trajes, atuendos y abalorios. Ese derecho al voto femenino, ya conseguido casi en todos los países civilizados, con algunas llamativas excepciones, llámese República de Brácana, entre otros, fue el principio, pero queda aún un largo camino por recorrer y por el que luchar.
Dicha esta introducción, no hay que olvidar lo necesario de lo femenino para con lo masculino. Valga hoy este ilustrativo ejemplo: la viña, la vid, la uva, la vendimia, la bota, la botella, la copa... todas femeninas y con un único fin: el vino. Ese gran masculino que tanto nos hace disfrutar.
Aunque sea tirar piedras a nuestro tejado, reconocemos el maldito acierto de no incorporar a las mujeres a esta República bracanera, porque quizás, o más bien seguro, no tendría la solera que existe en este rincón vinatero donde, jueves tras jueves, desde hace años y años, se viven momentos inolvidables.
Y para concluir os decimos:
La Chaparrona, la Lirio, La Pirula, la Víbora, la Bella Rosa... grandes conocedoras del vino y sus beneficios, quedaron en el camino sin reconocimiento de la República de Brácana. Seguro que, en compañía de Punselito, estarán pendientes de este acto.
Ahora sí, nosotras lo hemos conseguido. Somos las primeras mujeres que esta República va a nombras embajadoras.
Para la posteridad seremos La Merina, La Cabella y La Rafalita.
Vivan las mujeres, viva el carnaval y viva Brácana.

Qué ¿cómo se os ha quedado el cuerpo? Porque a mi todavía me tiemblan las patitas de emoción cuando recuerdo el mensaje cargado de sentimiento, rabia e impotencia. Estaba yo ensimismado en mis pensamientos, cuando de pronto las tres protagonistas de esta historia empezaron a quitarse la ropa. Me temí lo peor, porque allí el personal arranca a cuarto de vuelta. Mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí que debajo de aquellos ropajes de mujer se encontraban el Paco Jiménez, el Cabello y el Rafa Villar. Aprovechando las fiestas de carnaval, habían liado a sus respectivas para pegarse una fiestecilla a costa de Brácana, y de paso ponerle los cataplines de corbata al personal ¡La madre que los parió! No tienen vergüenza ni para pegar un sello. Eso sí, como señores, arrimaron vino de la bodega de el Paco y sendas bandejas con costillas y patatas fritas, para rematar los entrantes del día -jamón, queso y mejillones-.



Por cierto, que el policía en cuestión que sujetaba el empuje femenino desde la puerta era el Luis Bujalance, uniéndose a la larga lista de embajadores que juran fidelidad a la República. Bueno, él y La Merina, La Cabella y La Rafalita, que también juraron como las primeras mujeres que pasan por el atril -excepción hecha de la Reina Madre-. Un capítulo más para la historia de Brácana, la semana pasada, reivindicativa como habéis leido, y también carnavalera.